miércoles, 20 de octubre de 2010

Los pergaminos del Mar Muerto se colgarán en internet.




Más de tres mil fragmentos manuscritos de dos mil años de antigüedad estarán disponibles en Internet gracias a un proyecto de digitalización que permitirá su acceso completamente gratuito para todo el mundo. Los textos serán imágenes de alta calidad y estarán disponibles en los idiomas originales, hebreo, arameo, griego y también en inglés.

Los pergaminos del Mar Muerto fueron descubiertos en 1947 ocultos en unas cuevas en el desierto de Judea por unos pastores beduinos. Fue uno de los descubrimientos arqueológicos más importantes del siglo XX.

Los responsables del proyecto están utilizando unas técnicas que revelan letras, inscripciones o palabras que pueden haber desaparecido con el tiempo para seguir estudiando los orígenes del judaísmo y del cristianismo.

La cueva de los cristales. Méjico









martes, 19 de octubre de 2010

Alérgicos al arrepentimiento. Javier Marías


Aquí donde me leen, con mis artículos anuales en deploración de la abusiva Semana Santa española y mis ocasionales escaramuzas con la igualmente abusiva jerarquía católica, de vez en cuando me carteo con un religioso, Dom Hilari Raguer, octogenario monje de Montserrat con muchos conocimientos y no poco sentido del humor, autor de notables libros de Historia como La pólvora y el incienso, sobre la Iglesia y la Guerra Civil, y de un ameno Informe confidencial sobre los monjes de Montserrat, en el que cuenta cómo viven y reparten la jornada. Hace un mes le envié un volumen editado por mí, La expedición de Ursúa y los crímenes de Aguirre, crónica de las fechorías del famoso Lope de Aguirre (el título no se refiere a Esperanza, válgame Dios), escrita en 1821 por Robert Southey, contemporáneo y enemigo de Lord Byron. Me contestó diciéndome que no había podido dejar de leerlo, robándole horas al escaso sueño que se permiten los monjes: “Esta mañana me dormía en el rezo de maitines. Menos mal que ya casi lo he terminado. Ahora me toca ir a confesar, pero como por suerte o por desgracia en estos tiempos hay poca gente arrepentida, terminaré la lectura en el confesonario. ¿Y si se me presentara, arrepentido, Aguirre?”

Sin duda Dom Hilari no se atrevería a jurar que la gente se arrepienta poco hoy en día; lo que sí sabe es que se confiesa rara vez. Pero su comentario coincide absolutamente con algo que vengo observando y que ya he señalado aquí, de pasada. Huelga decir que, al no ser yo creyente, ni me confieso ni me parece extraño que no lo haga la gente en general. Sí me lo parece más que se abstengan quienes se declaran católicos, y en todo caso me llama la atención desde hace tiempo el enorme desprestigio de que goza el arrepentimiento, más allá de su dimensión religiosa, a la que en modo alguno se limita el concepto. Si ustedes hacen memoria, habrán leído u oído numerosas entrevistas con personajes públicos en las que, antes o después –la pregunta debe de ser recurrente por parte de los periodistas–, manifiestan con invariable brutalidad (ya se trate de políticos, actores, escritores, cantantes o banqueros): “No me arrepiento de nada. Cuanto he hecho lo volvería a hacer. No tengo nada que lamentar”. Siempre me quedo perplejo, pese a la reiteración. ¿Nadie se arrepiente de nada, cuando esa es una de nuestras más frecuentes reacciones, al menos en nuestro fuero interno? No sé, son tantas las veces en que uno lamenta haber hecho o no hecho una cosa, haber dicho unas palabras que han herido o que sólo han traído resquemor, haber o no tomado tal o cual decisión, haber descartado esto o aquello, no haberse atrevido a dar un paso, haberse o no casado con tal persona, haber perdido una amistad, no haber estado más atento a quien ya murió o no haber hablado más con él … Yo suelo encontrar casi a diario algún motivo de arrepentimiento, aunque la mayoría sean, por suerte, de carácter menor.

Supongo que no pertenezco a mi época, una vez más. Parece como si la gente actual –sobre todo la española– considerase arrepentirse una bajeza o una blandenguería, un signo de debilidad, un menoscabo de su figura, una humillación. Hasta quienes tendrían más razones para hacerlo: raro es hoy el asesino que expresa arrepentimiento, y desde luego no lo verán en ningún terrorista; raro es el negligente que ha causado una o varias muertes que lamente su descuido y aparezca abrumado por las consecuencias de su error o su distracción: estará demasiado ocupado en buscarse descargos o en intentar echar la culpa a otros, a menudo de manera cínica y rocambolesca. Quizá no es tan extraño el fenómeno si pensamos que la nuestra es una sociedad educada desde la infancia en la evitación de las responsabilidades. Ni siquiera suelen reconocerse las equivocaciones, los juicios temerarios, las sospechas injustas, las acusaciones infundadas que se vierten sin cesar, sobre todo en el mundo de la política, que incomprensiblemente se ha erigido en modelo (pésimo) para el resto de la ciudadanía.

El caso reciente más flagrante es el de Bush, Blair y Aznar, que además son tres individuos profundamente religiosos, o eso aseguran. Ninguno ha mostrado aún el menor arrepentimiento –todo lo contrario: soberbia y satisfacción– por su injustificada, ilegal, taimada y catastrófica decisión de invadir Irak hace ya casi ocho años, tiempo suficiente para calibrar las consecuencias y reflexionar. Había allí un dictador (vaya novedad, llevaba decenios en el poder; y como si fuera el único en el mundo), pero era un país laico y no había en él terrorismo. A las decenas de millares de muertos causados por esa guerra basada en mentiras, inútil y delictiva, habrá que añadir los que se produzcan en los previsibles enfrentamientos civiles que seguirán a la retirada de las tropas extranjeras. Esos tres individuos han de saberse responsables de todas esas muertes innecesarias y del caos violento en que se ha sumido ese país. También Rajoy, que formaba parte del Gobierno de Aznar y a quien tampoco se ha oído una palabra de arrepentimiento, mientras aspira a ser Presidente como si no llevara ninguna carga sobre los hombros. Nadie que guarde memoria de aquella felonía lo votará, no sé a qué esperan en su partido para relevarlo. Si individuos como estos no deploran lo que hicieron, siendo ellos religiosos y sus culpas innegables y públicas, más fácil es que vaya al confesonario el fantasma de Lope de Aguirre que cualquiera de nuestros contemporáneos.

JAVIER MARÍAS

El País Semanal, 10 de octubre de 2010

Otoño











lunes, 18 de octubre de 2010

Arte americano de la Phillips Collection



La Phillips Collection es uno de esos proyectos que prosperó gracias al pragmatismo entusiasta de una persona, en este caso el crítico y fundador Duncan Phillips, que creó en Washington, poco después de la Primera Guerra Mundial, el primer museo norteamericano de arte moderno. Y no contento con adquirir raras obras europeas, se atrevió a apostar por modernos autóctonos. Algo más meritorio de lo que parece, dada la extraña situación que vivía Estados Unidos. Por aquel entonces, el arte no estaba bien visto, porque no era una actividad que proporcionara utilidad alguna.

Tal vez por eso, los paisajistas románticos americanos del XIX, o los artistas de la Escuela del Hudson (como Durand, ahora en la Juan March) inventaron esa mística de la naturaleza cuya contemplación, incluso pintada, proporcionaba aprendizaje moral y salud mental. A este carro se arrimaron impresionistas como Chase, Hassam (tienen un aire a nuestro Rusiñol), el más conocido Whistler (que se parece al más simbolista Ramón Casas), el posimpresionista Prendergast o el Zuloaga de allá, Homer.
El centro espiritual de la muestra descansa en los Dove, O’Keefe, Hartley, Marin... que, buscando un simbolismo cada vez más fuerte en esa naturaleza "a la americana", encuentran el surco, el sol, la flor simplificados. O lo que es lo mismo, un caminito que conduce a la abstracción. Parecido rumbo siguen los alter egos de Palencia o de nuestras Mallo y Varo: Hopper, Lee, Kuniyoshi, Peppino, Pippin, Averi... que hablan de la vida moderna simplificando la figura humana. Por no hablar de los cantores de la ciudad (Sheeler, Bruce), cada vez más cercanos al ligero cubismo americano (Davis, Graham, Brolotwsky). Hasta que, casi sin darnos cuenta, caemos en Calder, Still, Pollock o Rothko, los superabstractos que desplazan el centro del arte moderno de París a Nueva York.

Un viaje a través de 62 autores y más de 90 cuadros, tan seductor que ni Hopper destaca. Y es que el conjunto expresa de maravilla el nacimiento de la modernidad americana tal y como debió soñarla el gran Phillips: sincera y desemejante.
Retrato de una época
John Gutmann (1905-1998), un solitario y culto fotógrafo europeo de origen alemán, es testigo fascinado del nacimiento de la modernidad en Estados Unidos. Su mirada, como la nuestra, se sorprende por esa energía de un país nuevo que está creando una vanguardia extremadamente sólida y que en los años 50 será reconocida como la avanzada del arte occidental. La planta baja de la Fundación Mapfre muestra su legado

Fundación Mapfre (Paseo de Recoletos, 23)
Madrid
http://www.mapfre.es/
Hasta el 16 de enero

domingo, 17 de octubre de 2010

Working on a dream




Aquí fuera las noches son largas y los días solitarios
Pienso en ti y trabajo por un sueño
Trabajo por un sueño

La mano que me ha tocado es mala, cariño
Me enderezo y trabajo por un sueño
Trabajo por un sueño

¡Vamos!
Trabajo por un sueño
Aunque a veces parezca tan lejano
Trabajo por un sueño
Y sé que algún día será mío

Cae fina la lluvia, golpeo con mi martillo
Mis manos están ásperas por trabajar por un sueño
Trabajo por un sueño

¡Vamos!
Trabajo por un sueño
Aunque parece que los problemas hayan venido para quedarse
Trabajo por un sueño
Pero nuestro amor ahuyentará los problemas

¡Perfecto!
Trabajo por un sueño
Aunque pueda sentirlo tan lejano
Trabajo por un sueño
Nuestro amor lo hará real algún día

El sol se levanta, subo por la escalera
El nuevo día comienza y trabajo por un sueño
Trabajo por un sueño
Trabajo por un sueño
Trabajo por un sueño


¡Hey!
Trabajo por un sueño
Aunque pueda sentirlo tan lejano
Trabajo por un sueño
Nuestro amor lo hará real algún día
Trabajo por un sueño
Aunque pueda sentirlo tan lejano
Trabajo por un sueño
Nuestro amor lo hará real algún día

sábado, 16 de octubre de 2010

Arquitectura






















































De arriba abajo y de izquierda a derecha
Copenhague, Egipto
Estocolmo y kibutz en Israel
favelas en Río de Janeiro y Suecia
Dubrovnik y París
Lagos y Denver
Dubai y Egipto

viernes, 15 de octubre de 2010

Empire State Building, New York


Joe McNally

Asertividad


La asertividad es la habilidad de expresar nuestros pensamientos, sentimientos y creencias asumiendo las consecuencias y a la vez respetar la opinión de los otros.

Entonces, ¿por qué nos cuesta decir que no? Son varias la razones: la búsqueda de aprobación, la preocupación por ayudar a los demás a la espera de que éstos hagan lo propio con nosotros en el futuro,evitar una situación de confrontación, el miedo al rechazo, comodidad...


No saber decir que no supone entrar en un círculo vicioso del que resulta difícil escapar. Cada vez nos comprometemos a hacer más cosas: en el trabajo, en casa, en nuestro círculo de amistades...
No debemos olvidar que tenemos derechos para expresar, sentir y actuar según nuestros principios sin agredir al resto de personas.

Es imprescindible tener confianza en uno mismo y hacer el ejercicio de ponerse en la piel del otro, porque de este modo entenderemos el punto de vista de la otra persona aunque no lo compartamos. Si a la hora de actuar nos viniera a la mente esta frase "no hagas al otro aquello que no quieres que te hagan a ti", probablemente la convivencia sería más sana.

Dar respuestas negativas supone un esfuerzo, empeñados como estamos en caer bien, en resultar tolerantes, comprensivos, amables y diligentes. La timidez y la falta de autoestima son problemas añadidos a la hora de decir que no.


Comienzan a adquirir relevancia planteamientos como los de evitar problemas innecesarios y propiciar un buen ambiente con el entorno, caer bien a los demás, soslayar las discusiones... El problema surge cuando esta tendencia se consolida en exceso y, por timidez, comodidad o pragmatismo se convierte en hábito.

Hay que diferenciar entre no contrariar a nuestros interlocutores porque coincidimos con sus propuestas, opiniones o planteamientos y entre hacerlo por sistema, siempre y en cualquier circunstancia. Si no manifestamos nuestro desacuerdo cuando discrepamos en cuestiones importantes, o si hacemos lo que consideramos inapropiado o lo que resulta perjudicial para nuestros intereses, anteponemos las necesidades, opiniones o deseos de los demás a los nuestros.

Algunas personas sufren cada vez que se han de negar a algo, bien sea por miedo a defraudar las expectativas de otros, bien por temor a no dar "la talla" o a no saber argumentar su negativa, o por simple pereza y comodidad. Se trata, en definitiva, del miedo a no ser valorados y queridos. Nuestra necesidad de ser valorados, atendidos y tenidos en cuenta, puede llevarnos a mostrar una constante disponibilidad a todo, lo que nos sume en una dependencia no sólo de los demás, sino de esa imagen desde la que actuamos, y que queremos transmitir a los demás, pero que no es cierta.

Hemos de buscar un equilibrio que nos permita ser tolerantes y comprensivos, pero siempre habilitando un espacio para expresar nuestros matices o discrepancias.

El problema de no saber decir “no” es que después tenemos que afrontar las consecuencias. Nos obligamos a vivir situaciones que no deseábamos y lleva unido el miedo a no ser aceptado por la otra persona si nos negamos.

Es muy importante para aprender a decir “no” saber reconocer cual es nuestra necesidad, deseo o interés. Una vez que identificado, solamente nosotros podremos decidir si en ese momento es un necesidad o no lo es. Nadie puede definir esto por ti.


Hay demasiadas relaciones vacías, formales, vestidas de cordialidad y buenos modeales. Una cosa es la sociabilidad y otra muy distinta la hipocresía del "quedar bien" a toda costa.

jueves, 14 de octubre de 2010

Mi primer premio Nobel. Félix de Azúa


Antes hubo otros (García Márquez, Paz, Aleixandre) con quienes mantuve amistad o conocimiento, pero lo de Mario Vargas Llosa es como si le hubieran dado el premio a un compañero de clase. No uno cualquiera, claro, sino el más sobresaliente del colegio.
Siempre ha sido así. Es una condena que arrastra Vargas Llosa, la de ser el más listo, el más educado, el que mejor habla, el que mejor escribe... Lo asombroso es que no se haya cansado de ese papel, uno de los más duros que te pueda caer en esta vida.

La literatura americana está plagada de triunfadores que no soportan la carga de ser el mejor y se abaten como débiles junquillos, pero para nuestro regocijo a Vargas no sólo no le aplasta el peso de sus virtudes sino que lo vigorizan. Y eso incluso cuando fracasa, porque sabe que triunfar en todo sin conocer el fracaso es una frivolidad. Por eso su único fracaso, no resultar elegido presidente del Perú, incluso como fracaso es un triunfo admirable.

El otro aspecto destacable ha sido la unanimidad en el reconocimiento. A todos y cada uno de los anteriores nóbeles en español les salió un ejército de ángeles hostiarios dispuestos a amargarles la fiesta. Contra Cela, medio país (yo mismo, por ejemplo) indignado por el patinazo del jurado sueco. Contra García Márquez los que le reprochaban su sumisión a la dictadura cubana. Contra Paz los idiotas que le acusaban de ser de la CIA. Al pobre Aleixandre no le atacó nadie, pero porque era un abuelo adorable. En cambio, ¡no ha dado ocasiones ni nada Mario Vargas para que se revuelvan a morderle varias docenas de rencorosos! Encomiasta de la Thatcher, censor del nacionalismo catalán, látigo de sátrapas tipo Castro, conmilitón de Rosa Díez... Pues ni así. De momento, por lo menos, no le ha salido ni un solo reventador. ¿No es muy sorprendente?

(Nota del día siguiente: Le ha salido uno, pero es un honor. El cómico Willy dice que Mario Vargas es un criminal peligroso)
Félix de Azúa. Publicado el 11/10/2010 a las 09:00


(Nota de Chur: le añadiría su comprensión hacia los que opositan)

Campaña contra el cáncer de mama

Amor y amistad son inmunes al cáncerde mama
La mujer crea más vida de la que el cáncer de mama puede destruir

La lucha contra el cáncer de mama me hace más fuerte


No es una señal de que me estoy muriendo.Es un signo de que he sbrevivido.

miércoles, 13 de octubre de 2010

Mujeres en el mundo

Plantación de té en el Parque Nacional de Kaziranga, India.

Pasión por Renoir. La colección del Sterling and Francine Clark Art Institute


19 de octubre - 6 de febrero de 2011

Pierre-Auguste Renoir (1841-1919), uno de los artistas más destacados del Impresionismo, trabajó durante su vida con una absorbente pasión por la pintura que le llevó a alcanzar un gran prestigio y popularidad entre sus contemporáneos. El excelente conjunto de 31 obras del artista, las mejores entre las reunidas por el coleccionista norteamericano Robert Sterling Clark (1877-1956), fundador del Sterling & Francine Clark Art Institute (Williamstown), se mostrará en el Prado, con el patrocinio de la Fundación BBVA, en la que será la primera exposición monográfica dedicada a Renoir en España.
El núcleo de la colección de pinturas del Clark Institute corresponde a un gran conjunto de obras impresionistas adquiridas por Sterling y Francine Clark a lo largo de un período de cuatro décadas. Para los Clark, Pierre-Auguste Renoir representaba la quintaesencia del impresionismo y de ahí que adquirieran más de 35 de sus pinturas, incluidas varias de sus creaciones más importantes. Gracias al excepcional préstamo de la práctica totalidad de esta colección, que se exhibirá conjuntamente por vez primera fuera del Clark Institute, la exposición permitirá mostrar en España la amplitud y el interés de las propuestas de Renoir a través de las etapas más destacadas de su trayectoria, entre 1874 y 1900, en los principales géneros que cultivó: el retrato, la figura femenina, el desnudo, el paisaje, la naturaleza muerta y las flores. En ellos pueden percibirse no sólo las aportaciones de su obra a la pintura de su tiempo sino también la profundidad de su vinculación con las grandes tradiciones pictóricas anteriores.

Como casi todos los impresionistas, Renoir es un artista escasamente representado en las colecciones españolas, sin presencia en ninguna colección pública excepto en la del Museo Thyssen-Bornemisza, con origen en el coleccionismo privado al igual que la del Clark Art Institute.

El Clark Institute se fundó en la ciudad de Williamstown (Massachusetts) gracias al generoso patrocinio de los Clark. Su Museo se inauguró en 1955. Comprende colecciones muy ricas y diversas, entre las que destaca la de pintura impresionista. Dentro de ésta es sobresaliente el conjunto de obras de Renoir, núcleo de esta exposición.
Comisarios: Javier Barón, Jefe de Departamento de Pintura del Siglo XIX y Richard Rand, Jefe de Conservación del Sterling and Francine Clark Art Institute..

Exposición coorganizada entre el Museo Nacional del Prado y el Sterling and Francine Clark Art Institute (Williamstown, Massachusetts)

martes, 12 de octubre de 2010

Entrevista a Carmen Posadas


Dice que no es rencorosa, pero disfruta «asesinando» en sus libros a quienes le han hecho daño en la vida real. Cometido el crimen, da el caso por zanjado y «tan amigos». Carmen Posadas publica nueva novela y nos recibe en su casa. Le retamos a que adivine quién es el asesino y, de paso, a quién se despacha -literariamente- la escritora.



El punto de partida promete.
Para figurar en la lista de invitados, es necesario ser capaz de matar. Así elige Olivia Uriarte entre su círculo de «amigos» a quienes la acompañarán a navegar en el lujoso yate de su ex marido. Los ocho elegidos tienen poderosas razones para odiarla y, quizá también, para desear su muerte; pero sólo uno dará el paso. La autora de esta misteriosa e inquietante trama, Invitación a un asesinato (Editorial Planeta), no es otra que la escritora Carmen Posadas, quien ya arrasa en las librerías desde que en 1995 publicó Cinco moscas azules y dos años después ganó el premio Planeta con Pequeñas infamias. Estupenda a sus 57 años confesos «prefiero que digan que qué bien estoy para mi edad que quitarme años y que piensen que estoy hecha polvo para 48», nos adentramos con ella en un complejo mundo de odios, amores, despechos y glamour, mucho glamour.


XL Semanal. Se habrá quedado a gusto, ¡menuda forma de jugar con el lector a descubrir al asesino! Carmen Posadas. Sí, me he divertido mucho. Yo quería hacer una novela de amor, lujo y asesinatos, y me apetecía partir de una idea un poco estrambótica: que alguien convoque a sus propios asesinos.


XL. Y, a la vez, aprovecha para darnos una lección magistral de filosofía de la seducción, eso que usted maneja tan bien.
C.P. Yo siempre hago novelas que tengan dos niveles de lectura: si alguien quiere simplemente pasar un buen rato y averiguar quién es el asesino, la puede leer así; y, a la vez, si alguien quiere reflexionar un poco más, porque se trate de un lector más cómplice, más avezado, le meto algo más de profundidad, pero sin dar la lata demasiado, ¡eh!


XL. Insisto: la tengo por una experta seductora.
C.P. La seducción es muy divertida, ¿no? Pero, ¡uy!, la teoría me la sé toda, pero la práctica... [risas]. Al final, no te creas que me sale tan bien, pero yo lo intento.


XL. He de decirle que una vez me dio un consejo para seducir al contrario, lo probé y funcionó. Lo uso casi siempre que necesito bajar la guardia de mis entrevistados.
C.P. ¡Ya sé cuál es! ¡El del halago! Con los hombres funciona siempre; con las mujeres, casi nunca, ¿verdad? Se trata de destacar la virtud menos apreciada de tu interlocutor y de poner cara de que todo lo que te dice es absolutamente fantástico y fascinante, aunque se trate de una obviedad como la copa de un pino [risas]. Los hombres son muy vanidosos y no falla.


XL. La protagonista de la novela, rubia y estupenda, recurre a las lágrimas cuando quiere salirse con la suya. ¿Esto sigue funcionando?
C.P. Sí, eso sé que funciona divinamente, pero nunca he conseguido usarlo, porque yo, para mi desgracia, soy una leo extraordinariamente orgullosa. Tengo un orgullo demoniaco que, además, no controlo. Así que, cuando me hacen una faena, en vez de llorar, que es mucho más útil, me pongo como una pantera.


XL. ¿Ha probado con otro orgulloso al lado?
C.P. Noooo, nunca he tenido un orgulloso al lado. Saltarían chispas.


XL. Está claro que no se ha andado con chiquitas: esta novela,que es muy británica, empieza recordando a Los diez negritos, de Agatha Christie, y termina con una buena dosis de Rebecca, de Hitchcock.
C.P. ¡Te has dado cuenta! Me alegro porque quería hacer un homenaje a los clásicos del género policiaco, frente a toda esta novela nórdica que se ha puesto hoy un poco de moda. Como yo soy muy lectora de las de toda la vida, me divertía probar. Es verdad que la novela es muy británica, pero yo no quería que fuese exactamente Agatha Christie porque me apetecía mucho meter también a Hitchcock a la hora de resolver la trama.


XL. Es curioso cómo mezcla el suspense con el sentido del humor, hace una caricatura de todo cuanto describe.
C.P. Yo siempre pongo sentido del humor en todo lo que escribo porque, como decía Evelyn Waugh, el autor de Retorno a Brideshead, «la única manera de hablar de las cosas serias es hablar en broma». Si te fijas, en mi novela pasan cosas muy tremendas: se está hablando de adopciones, de devolución de niños, me quedé espeluznada de la cantidad de gente que devuelve niños adoptados, de inmigración...


XL. Siempre que una escritora publica su última novela, el lector juega a descubrir cuánto ha puesto esta vez de ella misma. Olivia, la hermana guapa, glamurosa y famosa, ¿tiene mucho que ver con Carmen Posadas?
C.P. Es verdad lo que dices, pero yo soy más bien Ágata y te lo voy a contar porque éste es el trauma de mi vida. Yo, de pequeña, era la hermana fea entre dos hermanas rubias, de ojos verdes y monísimas, que, además, cantaban canciones y contaban unos chistes graciosísimos y yo no sabía contar nada.


XL. ¡Menudo topicazo! El de la señora imponente que trata de convencernos de que, de pequeña, era un manojo de complejos. Esperaba algo más imaginativo.
C.P. [Se ríe] ¡Pues en mi caso es verdad! Para que te hagas una idea, te contaré que, cuando yo nací, cuentan que era una bola negra con ojos y, literalmente, con pelos hasta en las orejas... Era tan gorda y tan renegrida que, en el nido, me llamaban, la madre abadesa.


XL. Pues está claro que la naturaleza, después, hizo milagros.
C.P. Yo estoy muy agradecida a que haya sido así, porque si de pequeña llego a ser rubia, monísima y de ojos verdes, a lo mejor no hubiera hecho ningún esfuerzo en la vida y me hubiera dedicado a jugar al golf o algo así.


XL. Tampoco estoy ante una perfecta manipuladora, como lo es su protagonista, ¿no?
C.P. No, lo de manipular se me da muy mal. Pero he descubierto que se puede mentir mucho sin decir una sola mentira; es decir, engañar con la verdad.


XL. Cuando alguien escribe una novela, es frecuente que, aprovechando la ficción, se despache a gusto contra alguien que le hizo mucho daño...
C.P. Así es, y ahí queda la crítica hecha y nadie se ofende. ¡Está muy bien!


XL. Por eso ahora me viene a la memoria Cinco moscas azules, que fue su particular ajuste de cuentas con un director de periódico que a su marido...
C.P. [Me interrumpe] ¡Exacto! Así fue totalmente [ríe].


XL. Y, luego, con el tiempo, las cosas cambian y...
C.P. Sí, claro; yo no soy nada rencorosa. Hacer un ajuste de cuentas de la mano de la literatura es muy liberador. Así, la próxima vez que me encuentro con esa persona a la que he « asesinado», ya me he desahogado y lo doy todo por pasado. Me despaché a gusto, dije lo que quería y... ¡ya pasó! Ahora, tan amigos... [risas].


XL. Contra la jet set, en cambio, sigue arremetiendo.
C.P. Pero no porque me caigan mal. Los encuentro muy divertidos y tienen unas actitudes muy pintorescas que dan mucho juego.


XL. Cierta prensa del corazón es otra cosa, ¿no?
C.P. Por suerte conseguí salirme de ese famoseo horripilante que ahora ha llegado al esperpento. A mí ya no me persiguen, cosa que agradezco mucho.


XL. ¿Será porque no cambia mucho de novio?
C.P. Claro, claro, seguro que es porque no le doy muchos cuartos al pregonero.


XL. Por cierto, ¿de dónde se ha sacado esa teoría que cuenta en el libro sobre «el vértigo al gatillazo»?
C.P. Después de un gatillazo caben dos reacciones: o tienen incontinencia verbal o no dicen ni mu [risas].


XL. ¿Esto se lo han contado o lo sabe por experiencia...?
C.P. ¡Buenoooo!, tampoco voy a personalizar, pero yo creo que funciona así, sí.


XL. ¿El crimen une mucho?
C.P. Sí, claro, pero sólo cuando las dos personas están igualmente involucradas. Compartir la parte oscura o un pecado inconfesable es un lazo muy fuerte.


XL. ¿Nunca se ha planteado escribir una novela de políticos? Porque supongo que, en la etapa en la que estuvo casada con Mariano Rubio, conocería a muchos.
C.P. No me atraen. El mundo de los políticos no me interesa nada. Ni siquiera tienen un componente fundamental para un personaje: la vena maquiavélica.


XL. Pues a Zapatero lo llaman «el Maquiavelo de León».
C.P. ¡Eso es un chiste! Para mí no tiene ningún atractivo por ningún lado. El único que tiene un poco esa vena maquiavélica es Rubalcaba. Para un novio no es lo ideal, claro; pero un político debe tener cierto componente maquiavélico y, entre los actuales, no me parece que haya nadie que tenga una gran talla. Quizá porque no me interesa mucho la política.


XL. Pero estuvo casada con el gobernador del Banco de España...
C.P. Sí, pero era un técnico más que un político. De todas formas, la gente tiene la impresión de que hay un conciliábulo de genios que se reúnen a decidir la estrategia económica y política del mundo. Y no es así. No hay conspiraciones importantes, lo que hay es mucha chapuza y mucho chapucero.


XL. ¡Hombre!, pero hay perfiles que darían mucho juego en una novela: el de Sarkozy, el de Berlusconi...
C.P. Sarkozy es muy exótico y pintoresco, sí; y Berlusconi, también..., pero yo los veo más bien para hacer una farsa, ¿no?


XL. Tampoco en sus artículos de esta revista suele hablar de política.
C.P. ¿Y sabes por qué no me gusta mucho hacerlo? Porque yo tengo un grave problema: que soy «sudaca».


XL. Con la cantidad de tiempo que lleva en España y con el estatus que tiene, ¿sufre la acepción peyorativa?
C.P. Sí, en cuanto escribo cualquier cosita metiéndome con algo de aquí, recibo unas cartas furibundas en las que me dicen: «Si no le gusta, váyase a su país». Tengo mucho cuidado con ciertas cosas porque me duelen. Yo me considero española y creo que puedo hablar de esos temas, pero ocurre así, es automático.

Virginia Drake
El Semanal, 10 de octubre de 2010.

Gnarls Barkley. Crazy.

domingo, 10 de octubre de 2010

Parejas que se alejan en el metro. Ramón Lobo


El Metro es un gran puesto de observación. La gente lee, dormita o bobea; yo me atolondro y me entretengo a imaginarme las vidas ajenas. Ayer entró una pareja, parecían andinos. Él, alto, atractivo pero con acné, camiseta blanca y pantalón vaquero; ella, guapa, ojos rasgados, piel tersa y tostada, menuda y cazadora azul claro. Él se lanzó sobre el único asiento libre de un grupo de cuatro. Después le invitó a sentarse enfrente, algo ladeada en otro que había quedado libre. Ella encontró dos plazas al fondo. Se acomodó en una y le llamó con los ojos. El chico optó por enrocarse y no abandonar su conquista más reciente. ¡Idiota! Debió de pensar que una concesión en asunto tan grave y transcendente era una muestra de debilidad que no se podía permitir. Ella lo miró con dureza, decepcionada, y cerró los ojos, para no discutir sin palabras. En la cabeza del chico había bullicio. Un debate. La buscó varias veces con la mirada pero sin ceder en su pose pese a que el asiento seguía libre. Ella, abismada debía de estar buscando en su memoria alguna pareja ideal que fuese capaz de comportarse como un hombre. No sé nada de ellos. Ni sus nombres ni su historia pero sí que a ella no le conviene un tipo que descarrila en matices tan nimios. Si uno hace un mundo de una simple concesión bajotierra, qué será capaz a plena luz o, peor, entre cuatro paredes con la autoridad intacta del machoman y una vaga idea de que la impunidad sigue entre nosotros.

Un país que hace semihuelga cuando le pisan las pelotas, y más que le pisarán, es una sociedad que está preparada para cualquier cobardía, para mirar al otro lado ante todo atropello. Ya lo hicieron otros en Alemania, Italia, Chile, Argentina y esta misma España desmemoriada repleta de nuevos ricos.

Cada vez me tienta más la idea de ser extranjero, como proponía Italo Calvino; un estado perfecto: extranjero de mente. Ya he dado algunos pasos. Ahora solo espero ofertas, una buena nacionalidad que me cautive.

Ramón Lobo, 1 de octubre de 2010

jueves, 7 de octubre de 2010

La familia de Carlos IV. Francisco de Goya


Retrato de la familia del rey Carlos IV (1748-1819) realizado entre Aranjuez y Madrid en la primavera y verano de 1800, poco tiempo después de ser nombrado Goya primer pintor de cámara, en el que resalta la maestría del pintor para individualizar caracteres. Los precedentes de esta compleja composición son el Retrato de Felipe V con su familia de Louis-Michel van Loo (P2283) y Las Meninas de Velázquez (P1174), ambas obras en las colecciones del Museo del Prado. Los personajes retratados están presididos por los reyes en el centro, María Luisa de Parma (1751-1818) y Carlos IV, junto a sus hijos el infante don Francisco de Paula (1794-1865) y la infanta doña María Isabel (1789-1848). En el grupo de la izquierda, el príncipe de Asturias y futuro Fernando VII (1784-1833), vestido de azul, el infante don Carlos María de Isidro (1788-1855), segundo en la sucesión al trono, la infanta doña María Josefa (1744-1801), hermana del Rey, y una joven no identificada. En el grupo de la derecha, el infante don Antonio Pascual (1755-1817), hermano del Monarca, doña Carlota Joaquina de perfil (1775-1830), reina de Portugal e hija mayor de los Reyes, y los príncipes de Parma, la infanta doña María Luisa (1782-1824), que sostiene en brazos a su hijo el infante don Carlos Luis, y su marido don Luis de Borbón (1799-1883), futuro rey de Etruria. Destaca el cuidado en el diseño de los trajes, a la última moda, de las joyas, posiblemente creaciones del joyero de la corte Chopinot y de las condecoraciones, como la banda de la Orden de Carlos III, de la recién creada Orden de María Luisa, el Toisón de Oro y las cruces de la Inmaculada y de San Jenaro. La armoniosa, clara y a un tiempo compleja composición, revela la maestría del artista. La sutil definición de los caracteres atestigua la capacidad del pintor para analizar al ser humano. Esta obra figura en 1814 en el Palacio Real de Madrid y en 1824 en las colecciones del Museo del Prado.

domingo, 3 de octubre de 2010

VW Bluemotion

VW ::BLUEMOTION:: from Jp Frenay on Vimeo.



El anuncio fue creado con la idea de emitir la menor cantidad posible de CO2.
El conjunto fue construido con material reciclado, y toda la animación o movimiento se realizó con mano de obra solamente. Todo lo que se puede ver en el video fue creado con materiales previamente utilizados y objetos como botellas de leche, tetrapack, papel reciclado, revistas, maderas, etc.

viernes, 1 de octubre de 2010

Podemos olvidar, internet no



A todos nos gusta creer que tenemos un público interesado en lo que hacemos.
Podemos olvidar, internet no.
C.