martes, 21 de junio de 2011

Reseña "Los enamoramientos"




Todo comienza a través de un personaje testigo de la felicidad imaginada de una pareja. Se trata de una mujer, la narradora, María Doltz. Ella desayuna antes de entrar a su trabajo siempre en un mismo lugar para ver a una pareja que ríe, que habla, que para ella es perfecta. Hasta que un día se entera de que el hombre muere asesinado a navajazos en manos de un desconocido. Ve su foto en un periódico. Ella ya no podrá sustraerse de una historia que la involucra en su fibra más íntima: “Pero lo había visto muchas mañanas y lo había oído hablar y reírse, casi todas a lo largo de unos años, temprano, no demasiado, de hecho yo solía llegar al trabajo con un poco de retraso para tener la oportunidad de coincidir con aquella pareja un ratito, no con él –no se me malentienda– sino con los dos, eran los dos los que me tranquilizaban y me daban contento, antes de empezar la jornada”.

Algunos tejen los hilos, otros ignoran... territorio de amores que se entrecruzan. Javier Marías construye una ficción en la que se evidencia la imposibilidad de saber acerca de la verdad. No conocemos al sujeto de quien nos enamoramos, o ignoramos, olvidamos, intentamos desconocer... La protagonista se vuelve una investigadora en un emprendimiento perdido por anticipado, porque ella misma se enamora: “Un día más, una hora más a su lado, aunque esa hora tarde siglos en presentarse; la vaga promesa de volver a verlo aunque pasen muchas fechas en medio, muchas fechas de vacío”.

Todos los personajes están guiados por sus propias pasiones y todas las argumentaciones acudirán para explicar lo inexplicable y querrán justificar acciones irremediables. La frontera entre la vida y la muerte es frágil, y aunque los muertos quieran volver, el devenir de los hechos, el tiempo y el olvido harán lo suyo. ¿Es todo posible? “Vamos aprendiendo que lo que nos pareció gravísimo llegará un día en que nos resulte neutro, sólo un hecho, sólo un dato”. La protagonista presencia una conversación que hubiese sido mejor que no escuchase, hubiese sido mejor que no supiese... Pero ya sabe... y está enamorada. Saber y estar enamorada no pueden ir juntos. Parecería que uno no puede ir con lo otro, aunque la novela revele que algunos pueden desplegar un cálculo en el terreno mismo del amor.

Las reflexiones de los personajes y las referencias literarias le permiten a Javier Marías recorrer todo tipo de variables respecto del comportamiento humano y las pasiones. Si en su excelente novela Corazón tan blanco , el autor había tomado el título prestado de Macbeth como alusión a la decisión frente a determinados actos, en Los enamoramientos también se encuentra, entre otras, la misma referencia literaria.

El autor logra, a través de una conversación sobre una novela de Balzac entre dos personajes, transformar la lectura en una pista acerca de las posiciones y acciones que detentan los personajes en la trama. La protagonista escucha de la boca de su amado el relato de la breve novela: historia de una viuda de un coronel dado por muerto en la batalla, que permanece con vida y que desea volver cuando la viuda ya ha vuelto a rehacer su vida junto a otro hombre. Aunque la viuda lo hubiese querido de veras, ya no admitiría que retorne. El personaje masculino sostiene esta argumentación, y la protagonista, María, va en la búsqueda de la novela para ubicar ahí donde el hombre del cual se enamoró, interpretó de modo tendencioso el relato. Esas, sin más, son búsquedas de los enamorados: “Pero no era eso lo que decía el original (...) Hay una diferencia entre educar a alguien para su perdición y su muerte y matarlo sin más, y normalmente creemos que lo segundo es más grave y más condenable, la violencia nos horroriza, la acción directa nos escandaliza más, o acaso es que en ella no hay lugar para la duda ni para la excusa, quien la ejecuta o comete no puede parapetarse en nada, ni en el equívoco ni en el accidente ni en un mal cálculo ni en ningún error”.

Unos sustituyen a otros, todo se va olvidando, la mayoría de los crímenes permanecen impunes y ninguna versión es verdadera, sin embargo la protagonista no evita padecer. Tampoco desaparecen todos los registros y aunque María Dolz llamada por la pareja que desayunaba todas las mañanas cerca de ella “la joven prudente”, demuestra ser prudente y no interferir en el devenir de los acontecimientos, ella sabe que nada desaparece: “Sí, todo se atenúa, pero también es cierto que nada desaparece ni se va nunca del todo, permanecen débiles ecos y huidizas reminiscencias que surgen en cualquier instante como fragmentos de lápidas en la sala de un museo que nadie visita”.

Restos, hechos inciertos, pasiones perimidas y una configuración nueva que evita dejar en evidencia sus fisuras. “La verdad es una maraña” dirá la protagonista en su vano intento de dar por cierta alguna interpretación de los hechos. La verdadera maraña son sus sentimientos, aquello que buscará olvidar pero perdurará. La verdadera maraña es que la impunidad no es tal y que los crímenes no se olvidan, ni los muertos tampoco.

Es sumamente interesante que la novela queriendo decir lo contrario nos convenza de la imposibilidad del olvido.



Sara Cohen.

3 de junio de 2011.

Ñ, Revista de cultura.

domingo, 19 de junio de 2011

Itaca, Constantin Cavafis

Itaca

" Si vas a emprender el viaje hacia Itaca,
pide que tu camino sea largo,
rico en experiencias, en conocimiento.
A Lestrigones y a Cíclopes,
al airado Poseidón nunca temas,
no hallarás tales seres en tu ruta
si alto es tu pensamiento y limpia
la emoción de tu espíritu y tu cuerpo.
A Lestrigones ni a Cíclopes,
ni a fiero Poseidón hallarás nunca,
si no los llevas dentro de tu alma,
si no es tu alma quien ante ti los pone.

Pide que tu camino sea largo.
Que numerosas sean las mañanas de verano
en que con placer, felizmente
arribes a bahías nunca vistas;
detente en los emporios de Fenicia
y adquiere hermosas mercancías,
madreperla y coral, y ámbar y ébano,
perfumes deliciosos y diversos,
cuanto puedas invierte en voluptuosos y delicados perfumes;
visita muchas ciudades de Egipto
y con avidez aprende de sus sabios.

Ten siempre a Itaca en la memoria.
Llegar allí es tu meta.
Mas no apresures el viaje.
Mejor que se extienda largos años;
y en tu vejez arribes a la isla
con cuanto hayas ganado en el camino,
sin esperar que Itaca te enriquezca.
Itaca te regaló un hermoso viaje.
Sin ella el camino no hubieras emprendido.
Mas ninguna otra cosa puede darte.

Aunque pobre la encuentres, no te engañará Itaca.
Rico en saber y en vida, como has vuelto,
comprendes ya qué significan las Itacas. "

viernes, 17 de junio de 2011

El cielo de Canarias

El Cielo de Canarias / Canary sky - Tenerife from Daniel López on Vimeo.



Realizado y producido por Daniel López
Escenas tomadas desde Tenerife, a más de 2.000 metros sobre el nivel del mar y a lo largo de un año, para poder captar todos los posibles matices, nubes, estrellas, colores desde un paisaje único y desde uno de los mejores cielos del planeta.
Primero de una serie de vídeos Time Lapse nocturnos y crepusculares tomados en las Islas Canarias tratando de captar la belleza de cada isla.
Música:
Angel´s Tear (Aeon 2). Matti Paalanen

miércoles, 15 de junio de 2011

Caminos de Hierro.

Berlin Krefeld Hbf.Antonio Manzano



Ave.Lola Guerrera



Reposo en el tren de Tokio. Cristina Bezanilla Echeverría.



Lisboa. Isabel Munuera Bassols.



Oficios 3. Xavier Sivecas Sáiz



Pasajeros en el metro de Berlín. José Carmona Monje



Próxima parada. Íñigo Montoya Alzola.



Sin título I.Jorge Alonso Molina




Fotografías ganadoras del 25º concurso fotográfico "Caminos de hierro" creado en el año 1986 por la Fundación de los Ferrocarriles Españoles para fomentar y promocionar la fotografía en el entorno del ferrocarril a través de sus viajeros, estaciones, trenes, vías, túneles, metros…






EXPOSICIÓN ITINERANTE







Madrid, 24 de febrero al 16 de marzo
Barcelona, 23 al 27 de marzo
Málaga, 31 de marzo al 11 de abril
Córdoba, 14 de abril al 2 de mayo
Cáceres, 5 al 16 de mayo
Palencia, 19 de mayo al 6 de junio
Pontevedra, 9 al 27 de junio
Oviedo 30 de junio al 11 de julio
Bilbao, 15 al 25 de julio
Santander, 27 julio al 29 de agosto
Burgos, 1 al 12 de septiembre
Zaragoza, 15 septiembre al 3 octubre


Valencia, 6 al 17 de octubre
Cartagena, 20 octubre - 14 noviembre
Albacete, 17 noviembre - 12 diciembre
Madrid, 15 de diciembre al 9 de enero

lunes, 13 de junio de 2011

Los mejores libros del siglo XXI

En la celebración de su veinte aniversario, ABC Cultural le ha preguntado a veinticinco de los más destacados escritores actuales cuáles son, como lectores, los títulos fundamentales del siglo XXI. Estas son sus apuestas.

Javier Marías
1. Austerlitz de W. G. Sebald
2. The Master. Retrato del novelista adulto de Colm Tóibin
3. El mar de John Banville
4. Demasiada felicidad de Alice Munro
5. Ocho noches blancas de André Aciman

Fernando Aramburu
1. Verdes valles, colinas rojas, de Ramiro Pinilla
2. Los reinos de la casualidad, de Carlos Marzal
3. La carretera, de Cormac McCarthy
4. Crematorio, de Rafael Chirbes
5. Verano, de J. M. Coetzee

J.J. Armas Marcelo
1. La edad de hierro, de J. M. Coetzee

Andrés Barba
1. Las horas, de Michael Cunningham
2. Las correcciones, de Jonathan Franzen
3. Middlesex, de Jeffrey Eugenides
4. The Master, de Colm Tóibín
5. Tenemos que hablar de Kevin, de Lionel Shriver

Lola Beccaria
1. La mancha humana, de Philip Roth
2. Juntos, nada más, de Anna Gavalda
3. Intrusos y huéspedes, de Luis Magrinyà
4. Nunca me abandones, de Kazuo Ishiguro
5. El mundo después del cumpleaños, de Lionel Shriver

Espido Freire
1. Purga, de Sofi Oksanen
2. Verano, de J. M. Coetzee
3. Los monstruos de Templeton, de Lauren Groff
4. De los niños nada se sabe, de Simona Vinci
5. Chesil Beach, de Ian McEwan

Rodrigo Fresán
1. Los infinitos, de John Banville
2. 2666, de Roberto Bolaño
3. Árbol de humo, de Denis Johnson
4. Contraluz, de Thomas Pynchon
5. La mancha humana, de Philip Roth

José Antonio Garriga Vela
1. Desgracia, de J. M. Coetzee
2. La carretera, de Cormac McCarthy
3. El mar, de John Banville

José Carlos Llop
1. El Orientalista, de Tom Riess
2. Estambul, de Orhan Pamuk
3. Escritos fantasmas, de David Mitchell
4. Tu rostro mañana, de Javier Marías
5. Las aventuras de un hombre cualquiera, de William Boyd

Manuel Longares
1. La fiesta del chivo, de Mario Vargas Llosa
2. Ruido de fondo, de Don de Lillo
3. Vida y destino, de Vasili Grossman
4. Vidas y muertes de Luis Martín Santos, de José Lázaro
5. Barcelona y sus vidas, de Carlos Pujol

Luisgé Martín
1. El olvido que seremos, de Héctor Abad Faciolince
2. El abrecartas, de Vicente Molina Foix
3. Sale el espectro, de Philip Roth
4. La carretera, de Corman McCarthy
5. Chesil Beach, de Ian McEwan

Ignacio Martínez de Pisón
1. Novela familiar, de John Lanchester
2. El matrimonio amateur, de Anne Tyler
3. La vista desde Castle Rock, de Alice Munro
4. Bartleby y compañía, de Enrique Vila-Matas
5. La fiesta del chivo, de Mario Vargas LLosa

Jorge Martínez Reverte
1. Elizabeth Costello, de J. M. Coetzee
2. La humillación, de Philip Roth
3. La fiesta del chivo, de Mario Vargas Llosa

Carlos Marzal
1. Hasta que te encuentre, de John Irving
2. La última noche en Twisted River, de John Irving
3. 2666, de Roberto Bolaño
4. Vieja escuela, de Tobias Wolff
5. Expiación, de Ian McEwan

Ricardo Menéndez Salmón
1. Desgracia, de J. M. Coetzee
2. Sarinagara, de Philippe Forest
3. La carretera, de Cormac McCarthy
4. Nadan dos chicos, de Jamie O’Neill
5. Europa central, de William T. Vollmann

César Antonio Molina
1. El libro de las ilusiones, de Paul Auster
2. El mar, de John Banville
3. A ciegas, de Claudio Magris
4. Diario de un mal año, de J. M. Coetzee
5. El viaje del elefante, de José Saramago

Félix J. Palma
1. El dictador y la hamaca, de Daniel Pennac
2. La noche del oráculo, de Paul Auster
3. Jonathan Strange y el señor Norrell, de Susanna Clarke
4. El nombre del viento, de Patrick Rothfuss
5. La mujer del viajero en el tiempo, de Audrey Niffenegger

Juan Manuel de Prada
1. Europa central, de William T. Vollmann
2. El libro de las ilusiones, de Paul Auster
3. Vieja escuela, de Tobias Wolff
4. Tan fuerte, tan cerca, de Jonathan Safran Foer
5. El hombre del salto, de Don DeLillo

Soledad Puértolas
1. Verano, de J. M. Coetzee
2. Los infinitos, de John Banville
3. Castorp, de Pawel Huelle
4. La pista de hielo, de Roberto Bolaño
5. Escapada, de Alice Munro

Javier Reverte
1. Esperando a Robert Capa, de Susana Fortes
2. Rabos de lagartija, de Juan Marsé
3. La fiesta del chivo, de Mario Vargas Llosa
4. La Carretera, de Cormac McCarthy
5. Desgracia, de J. M. Coetzee

Lorenzo Silva
1. No Country for Old Men, de Cormac McCarthy
2. Any Human Heart, de William Boyd
3. Desgracia, de J.M. Coetzee
4. El poder del perro, de Don Winslow
5. La fiesta del chivo, de Mario Vargas Llosa

Antonio Soler
1. Salvar la vida con Shakespeare, de Bob Smith
2. El oscurecer, de Luis Mateo Díez
3. El mar, de John Banville
4. Una mujer, una casa, una novela, de Wilhelm Genazino
5. Indignación, de Philip Roth

Juan Gabriel Vásquez
1. La mancha humana, de Philip Roth
2. La fiesta del chivo, de Mario Vargas Llosa
3. Austerlitz, de W. G. Sebald
4. Nieve, de Orhan Pamuk
5. Tu rostro mañana, de Javier Marías

Enrique Vila-Matas
1. 2666, de Roberto Bolaño

Juan Eduardo Zúñiga
1. La ofensa, de Ricardo Menéndez Salmón
2. Fantasmas de invierno, de Luis Mateo Díez
3. La noche de los tiempos, de Antonio Muñoz Molina
4. Pan negro, de Emili Teixidor
5. El mal de Montano, de Enrique Vila-Matas

Resultado final
1. La fiesta del chivo, de M. Vargas Llosa (6 votos)
2. La carretera, de Cormac McCarthy (5 votos)
3. El mar, de John Banville (4 votos)
4. Desgracia, de J.M. Coetzee (4 votos)
5. 2666, de Roberto Bolaño (3 votos)

5. Verano, de J.M. Coetzee (3 votos)

5. La mancha humana, de Philip Roth (3 votos)

Por Autores
J. M. Coetzee (11 votos)
John Banville (6 votos)
C. McCarthy (6 votos)
Philip Roth (6 votos)
M. Vargas Llosa (6 votos)

domingo, 12 de junio de 2011

Puerta del Sol





















"Hoy debo decir que lo de la puerta del Sol de Madrid se ha convertido en un grotesco número de circo. " Arturo Pérez Reverte. 5 de junio de 2011 a través de Twitter

viernes, 10 de junio de 2011

Confidencias

"Voy a contarte una pequeña historia. Ayer había quedado con una amiga para comer; antigua compañera de estudios. Me avisó que se le habían complicado las cosas y llegaría unos veinte minutos tarde. Así que pude reflexionar durante un rato, yo solito, y en un ambiente alejado de la rutina de todos los días, lo que a veces funciona mucho mejor para ver las cosas con perspectiva.


Habíamos quedado en un restaurante vegetariano que estaba hasta la bandera. Imagínate la situación: la mayoría mujeres jóvenes o no tan jóvenes, con sus amigas y algún que otro amiguete modernillo, de esos que tienen poca chicha (y poca sangre... será por la dieta).


Ellas, muy naturistas y tal, forma de vestir desenfadada pero modernas, con algún toque de sofisticación y elegancia. En principio, más atractivas que guapas, de las que a mí normalmente me gustan... pero... Pero no, a pesar de los continuos barridos entre la concurrencia, mientras daba cuenta de un par de cervezas, en ayunas , no encontré ni una sola que me llamara realmente la atención. Hasta que me di cuenta de que estaba intentando encontrar a alguien que no se encontraba allí. Alguien que, en caso contrario, habría significado que estaría ilusionado, contento y emocionado como un chiquillo. Alguien que me daría luz y vida y calor y que sacaría del ralentí a este pedazo de muermo.



Y, evidentemente,no era mi amiga"

sábado, 4 de junio de 2011

El diccionario indefinido

La palabra "diccionario" suele venir en los diccionarios, pero no todos están conformes en lo que signifique la palabra "diccionario". Conscientes de que un consultor de diccionario será el último en buscar el sentido de la entrada que le da fundamento, los diccionarios suelen ser muy desmayados en lo que concierne a su propia definición.

Así, por ejemplo, María Moliner comienza diciendo: "Libro en que se da una serie más o menos completa de las palabras de un idioma, etcétera". Definición perfectamente insuficiente e incluso errónea. Ni tiene por qué ser un libro, ni son "palabras" lo que lo componen. Casi calcada es la entrada de Manuel Seco en su utilísimo diccionario del español actual. ¡Qué diferencia, ¿verdad?, con el Petit Robert, que nos traslada al universo de la exactitud!: "Conjunto de palabras dispuestas según un orden convencional que da definiciones o informaciones sobre los signos". Aquí se hace conspicua la diferencia: los diccionarios no ordenan palabras sino signos. ¿Quizás conceptos? No siempre: hay diccionarios de imágenes, como los del sistema Duden. El Oxford, por su parte, es pragmático a la manera británica y sólo describe el uso de un diccionario, aquello para lo que sirve, su utilidad, pero no su naturaleza o esencia. El de la Real insiste en lo anterior sobre el "libro" y las "palabras".

¿Por qué nuestros diccionarios redactan de modo tan tosco el concepto que los define y sustenta? ¿Cómo puede ser que un diccionario no se ocupe como tarea primera de su propia definición? ¡Ah, es tan nuestra esta exigencia! Podemos opinar sobre absolutamente todo hasta llenar un diccionario completo, pero que nadie nos pida responsabilidades. Nosotros estamos libres de toda culpabilidad. Podemos decir de un modo apodíctico lo que los otros son, pero que no se nos exija saber quiénes somos nosotros, desde dónde hablamos, con qué autoridad. Nuestra obsesión es poner una etiqueta a los demás, especialmente a quienes consideramos que no son como nosotros, pero que nadie ose definirnos o clasificarnos porque entonces le morderemos la yugular.

Así que hace unos años pensé en escribir un diccionario donde no cupiera la entrada "Diccionario". Soy tan irresponsable como cualquier colega, me dije, de modo que voy a definir apodícticamente todo lo relacionado con las artes, pero no me voy a justificar, ni voy a explicar quién soy, desde qué tarima hablo, ni qué intereses me mueven. En este país nadie se justifica, ¿por qué iba a ser yo el primero en hacerlo? Y me lancé a escribir un Diccionario de las artes no sin preocupación, pero con cierta nonchalance.

Lo hice persuadido de que escribía en la más completa libertad, como el niño que subido en su caballo de madera y esgrimiendo la espada de cartón va decapitando campeones y derrotando regimientos sin esfuerzo; con la graciosa ayuda de un gesto, de una leve fatiga al cabo del ejercicio, así me lancé a la tarea. "Hoy he derrotado a los blindados del general Rommel", le dice el entusiasmado infante a su padre que bastante tiene con rellenar las hojas de Hacienda, y así me sentía yo escribiendo el Diccionario de las artes que hoy se reedita con notables cambios, aconsejados por quince años en los que las artes han sufrido su último y definitivo infarto. Hoy ni las artes son lo que siempre habían sido (no lo eran desde hacía decenios), ni hay ya la menor esperanza de que vuelvan a serlo. Y añado: ¡por fortuna! No es cierto que todo tiempo pasado sea mejor, es la memoria la potencia que mejora y adorna lo que sin duda fue tan efímero y tan pocovale como el presente. La memoria es la orquesta que pone música a los muertos y a los humanos nos encantan los entierros.

Estaba entonces, cuando la primera redacción, viviendo en París gracias a la generosidad de Sánchez Albornoz, en aquella época en la que aún era posible ser socialista en España sin tener que disculparte, e incluso en la que uno podía sentirse orgulloso de serlo. Mi diccionario tenía que ser socialista en el viejo y noble sentido de la palabra: racional, crítico, enemigo de toda connivencia con el poder, con la corrupción, con la codicia de los ricos, con la vanidad de los jerarcas, con las pequeñeces nacionales, cercano a los débiles, sí, pero sin sentimentalismo, honesto y benéfico. Quería escribir un diccionario republicano, vaya.

Todos estos ideales, comprensibles en un estudiante, eran muy difíciles de defender cuando uno quería opinar con toda seriedad sobre el estado de las artes en su momento de agonía (¡tan extraordinariamente interesante!), sin por eso renunciar a ser honrado y verosímil. Las artes, fagocitadas durante el periodo romántico por el Arte y convertidas en otra excusa del dominio político bajo la forma de las Vanguardias, habían sido destruidas. ¿Cómo explicar que esa destrucción tenía un aspecto comprensible? ¿Cómo comprimir en un solo y mismo libro la necesidad de desaparición del arte convencional del siglo XIX, la entrada en batalla de las agresivas y heroicas vanguardias, su triunfo absoluto a partir de la Primera Guerra Mundial, y su conformismo y decadencia a partir de la Segunda hasta constituir una Nueva Academia para banqueros y políticos?

Era una tarea que superaba mis posibilidades. Desde que era un crío, yo me había tomado muy en serio la entrega de los humanos a esa actividad que llamamos "arte". Tenía para mí que en la España que yo había conocido no se me parecía gente más viva y valiosa que Ferlosio, Claudio Rodríguez, Benet, Saura, en fin, no tiene sentido dar nombres porque los había a cedazos, gente que dedicaba su vida a buscar la forma de su experiencia, la de vivir bajo unas circunstancias, con unos congéneres, en un tiempo, unas condiciones y unas tragedias o comedias irrepetibles. Yo entendía la augusta tarea de los científicos, de los técnicos, de los cosmólogos y de la masa inmensa que trabajaba para que fuera posible esa espuma sobreabundante que es el pensamiento en su forma sensible, nuestro significado en forma material, pero no pudiendo dar cuenta de la totalidad del océano, decidí por lo menos comentar mi experiencia de la espuma.

Comencé, por lo tanto, a escribir un diccionario con la frescura de no haber definido previamente sobre qué sistema, método o principio me iba a apoyar. Como mejor excusa tenía la de que las artes actuales no permiten una visión unitaria y por lo tanto todo ensayo o teoría es un escaso fragmento. Esto es así porque la dispersión y capricho de las artes son el exacto reflejo de la distracción y la chifladura de nuestro tiempo y de nuestras sociedades. En ese sentido las artes que nos están dando figura y representación, tan estúpidas, enloquecidas, baratas, sublimes, sarcásticas, sobrecogedoras y disparatadas, son el reflejo de nuestro tiempo como los templos dóricos de Paestum lo son de la Magna Grecia. Y por eso mismo, el actual es el arte de una sociedad sin destino, sin proyecto y obsesionada con su pasado. Un arte casi siempre satírico y la mayor parte de las veces ridículo.

Inesperadamente, cuando se publicó, el diccionario llegó a mucha gente, más de la recomendable: tuvo tres reimpresiones y ahora se presenta en una nueva edición reconstruida. Yo no había sido el culpable. ¡Quién me habría dicho a mí que la agonía de las artes iba a durar tanto tiempo! He incluido ahora alguno de sus últimos jadeos. Fascinantes, obsesivos, horripilantes.

Dije al principio que un diccionario ni tiene por qué ser un libro ni tiene por qué estar constituido por "palabras". El mejor ejemplo, en efecto, son los diccionarios On Line que suprimen categóricamente la noción de "libro" de la definición, pero debo añadir un comentario sobre los diccionarios inmateriales. El más solicitado por la generación pixelada es la Wikipedia, ejemplo supremo de diccionario enciclopédico sin consistencia en papel. Debo añadir que los diccionarios hasta ahora ofrecían una garantía que sin ser absoluta era por lo menos institucional. Uno compraba el Oxford Dictionary porque le suponía más puesto en lo que atañe al idioma inglés que el Valderrábanos Dictionary. Quizás esto es injusto y cainita, pero también es incontrovertible. El caso es que Wikipedia carece de la menor garantía, pero los estudiantes la toman como La Palabra del Señor ya que no tienen otro Señor que la pantalla. Lo cual conduce a situaciones estupendas.

Me permito concluir con una anécdota rigurosamente real y verdadera. Un muy notable novelista mexicano asistía a su presentación madrileña en un establecimiento de augustas e históricas pretensiones. La presentadora desgranaba las virtudes del novelista con verdadera unción, hasta llegar a la lista de sus publicaciones, momento en que consultó una chuleta. Y entonces dijo: "Sus dos últimos libros son Chúpame la interminable y Mis historias homosexuales, ambas con amplia aceptación de público y crítica".

Imperturbable, el novelista mexicano tomó entonces la palabra, agradeció a la presentadora sus amables y sin embargo sinceras palabras, y añadió que también agradecía a Wikipedia la inclusión en su currículo de esas dos últimas y exitosas novelas que de inmediato se iba poner a escribir.

Ya me gustaría que mi diccionario diera pie para una historia tan hermosa.


Félix de Azúa

20 de mayo de 2011.

jueves, 2 de junio de 2011

Ex libris






Los ex libris son marcas de propiedad, ya sean estampas, etiquetas o sellos, que se colocan generalmente en el reverso de la cubierta de nuestros libros. Lo normal es que contengan la locución latina “Ex libris” (son menos frecuentes los “Soy de” o “Ex biblioteca”) seguida del nombre del dueño, a menudo con una ilustración personalizada y, más raramente, con una leyenda o lema que recoge un pensamiento o frase célebre de su gusto y que le definen (Delgado Casado, J.). Una variante peculiar es el superlibris o supralibros, constituido por un escudo nobiliario o un monograma, que se estampaba ricamente dorado sobre las encuadernaciones de los libros antiguos.
Existen distintas formas de clasificación de los ex libris, ya sea por sus técnicas de reproducción, por la evolución histórico-estilística o por su diversidad temática. Las técnicas de ejecución varían desde la xilografía, el grabado a buril, el aguafuerte, calcografía, litografía, serigrafía, fotograbado o diseño infográfico, por lo que podemos afirmar que, a día de hoy, Photoshop y buril conviven y se complementan a la perfección para grabar sellos de caucho o goma.
Todos los estudiosos parecen coincidir en que el ex libris más antiguo conocido es un ejemplar de cerámica esmaltada del faraón Amenofis III (XVIII dinastía, XIV a.C.) y que sería empleado para marcar los estuches de rollos de papiro de su biblioteca. Ya en Mesopotamia, en las tablillas cuneiformes de la Biblioteca de Asurbanipal era usual encontrar a modo de colofón maldiciones e invectivas para combatir el robo y el vandalismo: “que la ira de Asur y Ninlil borren para siempre su nombre y su simiente de la tierra”, “que quien la robe (la tablilla) quede ciego/sordo” En bibliotecas monacales medievales italianas habremos de encontrar inscripciones manuscritas que exigen la devolución del libro con soflamas parecidas. Los libros de los monarcas del Medievo también tenían sus inscripciones de propiedad, siendo la inscripción ibérica más antigua una del rey Fruela I de Asturias (757-768), documentada en un santoral ovetense con el texto “Froyliani principis liber”.
La Alemania de la 2ª mitad del XV es la cuna de la imprenta, y por lo tanto también del ex libris impreso. El más antiguo (1470) es el ejemplar “parlante” del capellán bávaro Hans Igler. Su grabado xilográfico representa a un erizo (“Igel” en alemán significa erizo) coronado por una filacteria gótica con el juego de palabras: “Hanns Igler das dich ein igel kuss” (Hans Igler te da un beso de erizo.
Le sigue a la zaga el del monje Hildebrand Branderburg de Biberach (1480) quien donase al monasterio cartujo de Buxheim cierto número de libros. Cada libro donado por él presenta grabado un ángel tenante con su escudo de armas coloreado a mano. Al lado de cada uno de sus ex libris el monje anotó además de qué libro se trataba.
La relevante escuela de grabadores alemanes de fines del siglo XV e inicios del XVI cuenta entre sus filas con artistas de la calidad de Alberto Durero (autor del primer ex libris con data en plancha), Lucas Cranach, Hans Burgkmair, Hans Holbein, Jost Amman, etc.




Del siglo XV al XVIII el blasón heráldico es el protagonista indiscutible, ya que las bibliotecas particulares eran escasas y pertenecían generalmente a nobles y eclesiásticos. Su hegemonía temática irá siendo sustituida de forma muy paulatina por los motivos alegórico-simbólicos.

Desde 1700 hacen aparición los paisajes y escenas de naturaleza idealizada. A partir de 1800 asistimos además a la afirmación de una pujante burguesía culta, poseedora de surtidas bibliotecas personales, y con unos gustos más variados y modernos. Tal es así, que el verdadero florecimiento artístico y coleccionista del ex libris tiene lugar con la irrupción del movimiento modernista y de sus distintas corrientes europeas (Art noveau, Liberty, Jugendstil) con artistas de la talla de los británicos del Art and Crafts, como Edward Burne-Jones y Walter Crane (interesados en la vuelta a las primitivas técnicas de la imprenta artesanal xilográfica) y los marcados contrastes del blanco y negro con estética Secession de los vieneses Kolo Moser, Gustav-Klimt. El gusto modernista dejará pronto paso a los Expresionismos, Futurismos y Surrealismos, todos los “ismos”, en fin, que nos llevan al “todo vale” contemporáneo.
En la exlibriística existen tantos temas iconográficos como podamos imaginar, pero casi nunca son exclusivos, ya que a menudo distintos aspectos aparecen mezclados entre sí. Podemos encontramos pues con ex libris heráldicos, parlantes, animalísticos (la fortaleza del león, la lechuza sabia, la astucia de la serpiente, etc.), mitológicos, paisajísticos, arquitectónicos, de profesiones (paletas de pintor, balanzas judiciales, copas y serpientes de medicina y farmacopea), cervantinos, librarios, tipográficos, musicales, eróticos, macabros (la vanitas, las jóvenes acechadas por esqueletos con clepsidras evocan la caducidad de la belleza y de la vida) y un largo etc.
Los coleccionistas de fines del XIX y 1ª mitad del XX tienen el mérito de llamar la atención sobre los ex libris como parte integrante del patrimonio cultural, pero son también responsables de que los libros puedan llegar a ser sistemáticamente mutilados cuando estampas y sellos se retiran sin ninguna consideración, privándonos así de un pedazo de la historia del libro (quiénes fueron sus propietarios o usuarios, sus posibles periplos, etc.)
En España el pionero del estudio de los ex libris (1875) es Mariano Pardo de Figueroa , conocido también por el sobrenombre de “Doctor Thebussem”, pero el impulso definitivo a la puesta en valor de los ex libris llega de la mano de la escuela catalana de artistas representada por Alexandre de Riquer, Joaquim Renart, Ramón Casals i Vernis y Josep Triado y del bibliófilo Ramón Miquel i Planas, fundador de la Revista Ibérica de Ex libris (1903-1906) Sobre estos autores y el exlibrismo en general, la Biblioteca de Cataluña ha puesto en línea una selecta exposición virtual.
Tras la Guerra Civil, la revista Saitabi de la Facultad de Filosofía y Letras de Valencia, dará origen a la “Asociación de Exlibristas Ibéricos” que, bajo la dirección de José María Gutiérrez Ballesteros, Conde de Colombí, comienza publicar la revista Ex libris (1952).

Biblioteca Nacional de España.