miércoles, 10 de agosto de 2011

La ciudad de los prodigios. Eduardo Mendoza

El año en que Onofre Bouvila llegó a Barcelona la ciudad estaba en plena fiebre de renovación. Esta ciudad está situada en el valle que dejan las montañas de la cadena costera al retirarse un poco hacia el interior, entre Malgrat y Garraf, que de este modo forman una especie de anfiteatro. Allí el clima es templado y sin altibajos: los cielos suelen ser claros y luminosos; las nubes, pocas, y aun éstas blancas; la presión atmosférica es estable; la lluvia, escasa, pero traicionera y torrencial a veces. Aunque es discutida por unos y otros, la opinión dominante atribuye la fundación primera y segunda de Barcelona a los fenicios. Al menos sabemos que entra en la Historia como colonia de Cartago, a su vez aliada de Sidón y Tiro. Está probado que los elefantes de Aníbal se detuvieron a beber y triscar en las riberas del Besós o del Llobregat camino de los Alpes, donde el frío y el terreno accidentado los diezmarían. Los primeros barceloneses quedaron maravillados a la vista de aquellos animales. Hay que ver qué colmillos, qué orejas, qué trompa o proboscis, se decían. Este asombro compartido y los comentarios ulteriores, que duraron muchos años, hicieron germinar la identidad de Barcelona como núcleo urbano; extraviada luego, los barceloneses del siglo XIX se afanarían por recobrar esa identidad. A los fenicios siguieron los griegos y los layetanos. Los primeros dejaron de su paso residuos artesanales; a los segundos debemos dos rasgos distintivos de la raza, según los etnólogos: la tendencia de los catalanes a ladear la cabeza hacia la izquierda cuando hacen como que escuchan y la propensión de los hombres a criar pelos largos en los orificios nasales. Los layetanos, de los que sabemos poco, se alimentaban principalmente de un derivado lácteo que unas veces aparece mencionado como suero y otras como limonada y que no difería mucho del yogur actual. Con todo, son los romanos quienes imprimen a Barcelona su carácter de ciudad, los que la estructuran de modo definitivo; este modo, que sería ocioso pormenorizar, marcará su evolución posterior. Todo indica, sin embargo, que los romanos sentían un desdén altivo por Barcelona. No parecía interesarles ni por razones estratégicas ni por afinidades de otro tipo. En el año 63 a. de J.C. un tal Mucio Alejandrino, pretor, escribe a su suegro y valedor en Roma lamentándose de haber sido destinado a Barcelona: él había solicitado plaza en la fastuosa Bilbilis Augusta, la actual Calatayud. Ataúlfo es el reyezuelo godo que la conquista y permanece goda hasta que los sarracenos la toman sin lucha el año 717 de nuestra era. De acuerdo con sus hábitos, los moros se limitan a convertir la catedral (no la que admiramos hoy, sino otra más antigua, levantada en otro sitio, escenario de muchas conversiones y martirios) en mezquita y no hacen más. Los franceses la recuperan para la fe el 785 y dos siglos justos más tarde, el 985, de nuevo para el islam Almanzor o Al-Mansur, el Piadoso, el Despiadado, el Que Sólo Tiene Tres Dientes. Conquistas y reconquistas influyen en el grosor y complejidad de sus murallas. Encorsetada entre baluartes y fortificaciones concéntricas, sus calles se vuelven cada vez más sinuosas; esto atrae a los hebreos cabalistas de Gerona, que fundan sucursales de su secta allí y cavan pasadizos que conducen a sanedrines secretos y a piscinas probáticas descubiertas en el siglo XX al hacer el metro. En los dinteles de piedra del barrio viejo se pueden leer aún garabatos que son contraseñas para los iniciados, fórmulas para lograr lo impensable, etcétera. Luego la ciudad conoce años de esplendor y siglos opacos"











Publicada en 1986 pero esbozada y proyectada desde 1975 cuando se publicó su primera novela La verdad sobre el caso Savolta, La ciudad de los prodigios nos presenta una Barcelona entre las dos exposiciones internacionales celebradas en 1888 y 1929 con un aire entre fantástico y real, sin pretender ser en absoluto una novela con rigor histórico ni mucho menos.







El hilo conductor de la novela es Onofre Bouvila, un emigrado rural a una Barcelona de finales del siglo XIX, humilde y sencillo, pero con una inteligencia, crueldad y ganas de escalar puestos, lo que, lógicamente, con los años le convierte en uno de los hombres más ricos de España.

martes, 9 de agosto de 2011

Presi guay. Manuel Hernández.



Si algo he aprendido en mi ya dilatada experiencia como discente y como docente (entre ambas abarcan toda mi vida consciente) es que el más dañino de los personajes del mundo educativo es el profe guay. El profe guay no destaca ni por su formación, ni por su dedicación, ni por sus aptitudes didácticas, ni por su compañerismo ni por sus dotes organizativas o comunicativas. En ausencia de esas aptitudes, intenta satisfacer su infinito narcisismo a base de desacreditar el trabajo de los demás y, como alternativa a todo lo que desacredita, propone… a sí mismo. Su diagnósitico de cualquier problema es siempre el mismo: todos derivan del hecho lamentable de que los demás no son como él. Y, ¿cómo es él? Pues alguien que se desvive por romper el hielo, dialogar, crear confianza, convertir la comunidad educativa en una peña de amiguetes. En resumen, un profe que, más que un profe, es un colega. Y Dios te libre de negarte a apuntarte a la peña, porque lo único en lo que el profe guay es realmente experto es en anatemizar a quien no le siga la corriente y lo único sagrado para él es la peana moral a la que se ha encaramado.

De vez en cuando un profe guay consigue que una mayoría de alumnos, colegas y padres bailen al son que les toca. Pero la fiesta dura poco porque la tozudez de los hechos no tarda en dejar claro que es la solución de los problemas lo que crea buen rollito, y no al revés. Hasta que el profe guay descubre que la única manera de alcanzar su fantasía de dar gusto a todo el mundo es pasar a un discreto segundo plano.

Es un trago amargo porque el profe guay es constitutivamente exhibicionista. Pero no le queda otra. A los que le siguieron la corriente por puro cinismo es inútil que se arrime porque para ellos se ha vuelto invisible. Y de los que sinceramente sucumbieron a sus halagos, más le vale guardar una distancia prudencial. Un poco airoso desenlace que quienes nunca quisieron bailar el agua al profe guay (y padecieron por tanto las consecuencias de no hacerlo) no pueden evitar contemplar con una cierta fruición.

Es cierto lo que dice el cartel de la ilustración. Lo malo es que también vale para Anakin Skywalker/Darth Vader. Es el peligro de los profes que se empecinan en ignorar las limitaciones de su oficio, así que la primera lección que deben aprender lo profesores, especialmente los que tienen veleidades de emular a Obi-Wan Kenobi es una cura de humildad.

Mi experiencia en política activa es escasa y la docente, como he dicho, bastante dilatada. Pero la verdad es que da un poco igual, porque para descubrir los estragos que causan los profes guay no hace falta mucha experiencia; es de las primeras cosas que se aprenden (de hecho la mayoría de los profesores lo aprenden ya de alumnos). Y descubrir que las miserias de la política y las del mundillo educativo son similares tampoco requiere mucho rodaje. La prueba es que ya lo sé hasta yo. Claro que me he estrenado bajo la presidencia del presi guay más guay de la historia del mundo mundial.



Manuel Hernández, Catedrático de Lógica y Filosofía de la Ciencia en la Universidad de Murcia.

Podéis encontrar más información sobre su carrera profesional en la página webs.um.es/mhi. y en http://manuelhernandez.upyd.es/


lunes, 8 de agosto de 2011

Metropol Parasol de la Encarnación

El 27 de marzo de 2011 se inauguró en la ciudad de Sevilla una estructura de madera ciertamente singular. Se trata de el Metropol Parasol de la Encarnación, conocido popularmente como Setas de la Encarnación, unos parasoles de madera de formas fúngicas, seis en total, diseñadas por el arquitecto alemán Jürgen Mayer.











Todas las fotografías son de David Franck













sábado, 6 de agosto de 2011

Escribir con edificios











http://www.geogreeting.com/main.html
Página web donde puedes escribir el texto que quieras y lo convierte en edificios, además te muestra en google maps dónde está cada edificio.


viernes, 5 de agosto de 2011




Agradecimiento




Francisco de Quevedo:



"El agradecimiento es la parte principal de un hombre de bien."

El poeta irlandés Thomas Moore :


“Los hombres suelen, si reciben un mal, escribirlo sobre el mármol; si un bien, en el polvo”.



Séneca:


"Para obrar, el que da debe olvidar pronto, y el que recibe, nunca”.



Johann Wolfgang Goethe:



"Es muy común recordar que alguien nos debe agradecimiento, pero es más común no pensar en quienes le debemos nuestra propia gratitud"




Eduardo Mendoza. Tres vidas de santos.

»Todo esto se lo debo a usted. El que este asunto disparatado no entrara en sus propósitos y ni siquiera pasara nunca por su cabeza no disminuye la cuantía de la deuda. No sé cómo pagársela; ahora, si a usted se le ocurre una manera, hágamelo saber. Soy desagradecido por naturaleza, pero una cosa no quita la otra; la gratitud es un movimiento del alma que experimentan las personas buenas y sentimentales. Una deuda es algo objetivo. La gratitud se expresa; las deudas se pagan. Yo estoy en deuda con usted.


jueves, 4 de agosto de 2011

Grafitis











Grafitis del estudio llamado EstudioAlavista formado por los españoles Miguel Ruiz Díaz (Sekone) y Leo López García (Neoleo)


miércoles, 3 de agosto de 2011

Niños del mundo



Eslovaquia


India


India

India


Kabul

Monasterio de Shin Ohtama


Pakistán

Pakistán


Pakistán


Perú


Yemen