domingo, 20 de mayo de 2012

Venus. Pere Gimferrer

VENUS
Yo, que vivía como el arrayán
vive de ser él mismo, en la penumbra
de alfilerazos de la soledad,
en el jardín de las alegorías,
de las esfinges ciegas que enmudecen
cuando el silencio es más que el existir,
tan sólo el tornasol del viento herido,
tan sólo herida en lo tornasolado;
yo, que vivía como vive el álamo
por la noche en la cueva submarina
donde mis ojos son una escafandra
y a tientas saben descubrir tu cuerpo,
y a tientas saben describir tu cuerpo,
el tacto que los días tornasolan;
yo, que vivía como quien se afina
por ser hoja de álamo en el aire,
vivo ahora del aire de tu cuerpo,
y tu cuerpo me vuelve llamarada,
y empiezo a ser, y voy a ser, y soy
un arrayán cegado por la luz.

Pere Gimferrer

Poeta, traductor y crítico literario nacido en Barcelona en 1945.
Estudió Derecho y Filosofía y Letras en la Universidad de Barcelona.
A la edad de dieciocho años publicó su primer libro «El mensaje del tetrarca». Su maestría precoz fue reconocida en 1966 con el Premio Nacional de Poesía, por su libro «Arde el mar», constituyéndose en uno de los poetas más importantes de su generación.
En 1985 ocupó la vacante dejada por Vicente Aleixandre en la Real Academia Española.
Obtuvo de nuevo el  Premio Nacional de Literatura en 1989, el Premio de Literatura Catalana, el
Premio Ciudad de Barcelona, el Premio Cavall Verb de la Asociación de Críticos Españoles y el Premio de la revista Serra d'Or.
En 1997 recibió el Premio  Nacional de Literatura de la Generalitat de Catalunya, en 1998 el
Premio Nacional de las Letras Españolas y en el año 2000 el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana.

sábado, 19 de mayo de 2012

Antonio Machado


Pertenece a una carta que le escribe  al escritor ruso David Vigodsky (publicada en Hora de España, n.º IV, abril 1937):
En efecto, soy viejo y enfermo, aunque usted por su mucha bondad no quiera creerlo: viejo, porque paso de los sesenta, que son muchos años para un español; enfermo, porque las vísceras más importantes de mi organismo se han puesto de acuerdo para no cumplir exactamente su función. Pienso, sin embargo, que hay algo en mí todavía poco solidario de mi ruina fisiológica, y que parece implicar salud y juventud de espíritu, si no es ello también otro signo de senilidad, de regreso a la feliz creencia en la dualidad de sustancias.
De todos modos, mi querido Vigodsky, me tiene usted del lado de la España joven y sana, de todo corazón al lado del pueblo, de todo corazón también enfrente de esas fuerzas negras –¡y tan negras!– a que usted alude en su carta.
En España lo mejor es el pueblo. Por eso la heroica y abnegada defensa de Madrid, que ha asombrado al mundo, a mí me conmueve, pero no me sorprende. Siempre ha sido lo mismo. En los trances duros, los señoritos –nuestros barinas– invocan la patria y la venden; el pueblo no la nombra siquiera, pero la compra con su sangre y la salva. En España, no hay modo de ser persona bien nacida sin amar al pueblo. La demofilia es entre nosotros un deber elementalísimo de gratitud.


Antonio Machado pintado por Ramón Gaya

miércoles, 16 de mayo de 2012

Venga, nada es tan importante...


En esto creo (fragmento)

" Paul Morand, con quien compartí varias veces la piscina del Automobile Club de France en la Place de la Concorde, me decía que en su testamento había dejado dispuesto que su piel fuese utilizada como maleta a fin de seguir viajando eternamente. Venecia –o las Venecias, en plural- era una de las ciudades preferidas de este autonombrado “viudo de Europa”. Venecia, más que una ciudad, era para Morand la confidente de su alma silenciosa, el retrato de un hombre en mil Venecias diferentes. Yo, que viví medio año frente a la Chiesa de San Bastian decorada por Veronese en esa mitad de las Venecias que es el Dorsoduro, siento a la Venecia como una ciudad que requiere ausencias para conservar su gloria, que es la del asombro. Tenemos los humanos una capacidad constante para convertir la maravilla en la rutina. Cuando me di cuenta de que atravesaba San Marco sin mirar nada más que la punta de mis zapatos, me fui de la costumbre para recuperar el asombro y recordar y escribir a Venecia como la ciudad donde ninguna huella de pisadas queda sobre la piedra o el agua. En ese lugar de espejismos, no hay cabida para otro fantasma que el tiempo, y sus huellas son insensibles. La laguna desaparecería sin piedra que reflejar y la piedra sin aguas donde reflejarse. Poco pueden, he pensado, los cuerpos pasajeros de los hombres contra este encantamiento. Poco importa que seamos sólidos o espectrales. Igual da. Venecia toda es un fantasma. No expide visas de entrada a favor de otros fantasmas. Nadie los reconocería por tales aquí. Y así, dejarían de serlo. Ningún fantasma se expone a tanto. "

Carlos Fuentes

 

lunes, 14 de mayo de 2012

El enredo de la bolsa y la vida.


Llamaron. Abrí. Nunca lo hiciera. En el rellano, con la mirada fiera y el gesto intrépido adquiridos tras largos años de férreo adiestramiento bajo la férula de inhumanos sargentos, un funcionario de correos blandía una carta certificada dirigida a mi nombre y domicilio. Antes de coger el sobre, acreditar mi identidad y firmar el volante, traté de zafarme alegando que allí no vivía tal persona, que si hubiera vivido allí, ahora estaría muerta y que, por si esto fuera poco, el difunto se había ido de vacaciones la semana anterior. Ni por ésas.
De modo que firmé, fuese el cartero, abriose el sobre (con mi ayuda) y pasmome hallar en su interior una lustrosa cartulina mediante la cual el Rector Magnífico de la Universidad de Barcelona me invitaba a la solemne investiruda del doctor Sugrañes como doctor Honoris causa, acto que tendría lugar el día 4 de febrero del año en curso, en el paraninfo de tan prestigiosa institución docente. Bajo la letra impresa una nota manuscrita aclaraba que la invitación me era cursada por deseo expreso del doctorando.

Eduardo Mendoza

Planet Earth

domingo, 13 de mayo de 2012

sábado, 12 de mayo de 2012

El vals de las máquinas


   
Filmado en los talleres de Paramount Textiles. La música ha sido compuesta especialmente para el vídeo por Lucas Lima.

jueves, 10 de mayo de 2012

La culpa es nuestra. David Jiménez

La culpa es nuestra, también. Porque votamos una y otra vez a los dos principales partidos sin importar lo que hicieran, simplemente porque eran de nuestro bando. Porque fuimos al banco y pedimos un crédito que no podíamos pagar, para que nos envidiaran por lo que teníamos, no por lo que hacíamos. Porque en tiempos de bonanza asistimos impasibles al derroche del dinero que pusimos en manos de los gobiernos, sin preguntarnos si cuadraban las cuentas. Porque premiamos con las mejores audiencias a los programas de televisión más zafios y convertimos en iconos nacionales a los más mediocres, marginando a quienes buscaban la excelencia.
Culpa nuestra porque enviamos a los políticos la señal de que nos importaba más un partido de fútbol que la aprobación de una ley, aunque sólo lo segundo pudiera afectarnos. Porque nos dejamos engañar y pagamos viviendas al triple de su valor real, seguros de que algún día podríamos engañar nosotros y venderlas aún más caras. Porque nos encerramos en el provincianismo y nos repetimos que como en España no se vivía en ningún sitio, a menudo sin haber vivido en ningún otro sitio. Porque decidimos creer a presidentes que nos aseguraban que estábamos a la cabeza del mundo desarrollado, cuando apenas liderábamos su cola. Porque nos negamos a escuchar a quienes advertían que lo nuestro no podía durar y seguimos a ciegas a los que repetían que duraría siempre. Porque sólo nos hemos indignado por la crisis cuando ha llamado a nuestra puerta, ignorándola mientras empobrecía a otros. La culpa es nuestra, también.
 
David Jiménez, periodista.

miércoles, 9 de mayo de 2012

Whatsapp


Neur-Al caminando pendiente del móvil.
Con la proliferación de los contratos de tarifa plana de datos de las operadoras de telefonía móvil, se ha extendido también el uso de aplicaciones tipo chat para dispositivos móviles como Whatsapp. Para el que no lo conozca se trata de…bueno, es como Skype, donde los contactos son todos aquellos que tienes en la agenda y usan esta aplicación. Los mensajes son gratis si tienes una tarifa plana o conexión WiFi. Pero tiene dos características (o pegas, según se mire) que han hecho que veamos comportamientos que pensábamos que se habían extinguido después del boom de los sms. La primera pega es que los mensajes parece que salen gratis. Son gratis si estás conectado a una red WiFi (si estás pagando la tarifa plana ya no están tan gratis, eh). La segunda es que puedes saber si la otra persona está conectada y si ha recibido el mensaje. Como es gratis, una conversación por Whatsapp se puede alargar mucho. Te puedes tirar 3 horas escribiendo mensajitos para un tema que podría cerrarse en una llamada de 5 minutos. Lo peor es cuando haces vida social en real (fuera de Internet, que también se puede) ves que uno está enganchadísimo,  escribiendo mensajes sin parar, abstraído totalmente, mirando al móvil esperando la ansiada respuesta, pasando de los demás. Incluso, ha habido casos de gente que ha ido a un bar con los colegas y después de dos horas se ha ido sin haber cenado y ¡sin  haber leído la carta siquiera! por estar dándole al pulgar. Bueno, tal vez exagere un poco, pero está claro que atrapa a la gente. Y es que claro, la segunda característica tiene como consecuencia que te sepa mal no contestar: como el otro sabe que has recibido el mensaje, si no le contestas, pensará que pasas de él.
Total, que nos tiene atrapados. He de confesar que soy usuario de Whatsapp y alguna vez me he visto andando por la calle con el móvil escribiendo mensajitos, que alguna vez no me he dado con una farola de milagro.
Es un hecho que las nuevas tecnologías nos ofrecen nuevas formas de comunicarnos con los demás, con gente que está muy lejos o muy cerca también. Van muy bien para no perder el contacto con la gente que no puedes ver. Pero también nos hace peores personas cuando abusamos. La necesidad de relacionarse puede convertirse paradójicamente en no saber convivir, en estar más pendiente de la gente que no está contigo que de la que tienes a tu lado, en falta de respeto y mala educación en algunas ocasiones.

De la Red.

martes, 8 de mayo de 2012

El halcón maltés. Dashiell Hammett


Samuel Spade tenía larga y huesuda la quijada inferior, y la barbilla era una V protuberante bajo la V más flexible de la boca. Las aletas de la nariz retrocedían en curva para formar una V más pequeña. Los ojos, horizontales, eran de un gris amarillento. El tema de la V lo recogía la abultada sobreceja que destacaba en media de un doble pliegue por encima de la nariz ganchuda, y el pelo, castaño claro, arrancaba de sienes altas y aplastadas para terminar en un pico sobre la frente. Spade tenía el simpático aspecto de un Satanás rubio.
—¿Sí, cariño? —le dijo a Effie Perine.
Era una muchacha larguirucha y tostada por el sol. El vestido de fina lana se le ceñía dando la impresión de estar mojado. Los ojos, castaños y traviesos, brillaban en una cara luminosa de muchacho. Acabó de cerrar la puerta tras de sí, se apoyó en ella y dijo:
—Ahí fuera hay una chica que te quiere ver. Se llama Wonderly.
—¿Cliente?
—Supongo. En cualquier caso, querrás verla. Es un bombón.
—Adentro con ella, amor mío —dijo Spade—, ¡adentro!
Effie volvió a abrir la puerta y salió al primer despacho, conservando una mano sobre la bola de la puerta, en tanto que decía:
—¿Quiere usted pasar, miss Wonderly?
Una voz dijo «gracias» tan quedamente que sólo una perfecta articulación hizo inteligible la palabra, y una mujer joven pasó por la puerta. Avanzó despacio, como tanteando el piso, mirando a Spade con ojos del color del cobalto, a la vez tímidos y penetrantes.
Era alta, cimbreña, sin un solo ángulo. Se mantenía derecha y era alta de pecho. Iba vestida en dos tonos de azul, elegidos pensando en los ojos. El pelo que asomaba por debajo del sombrero azul era de color rojo oscuro, y los llenos labios, de un rojo más encendido. A través de su sonrisa brillaba la blancura de los dientes.
Spade se levantó, saludó inclinándose y señaló con la mano de gruesos dedos el sillón de roble junto a la mesa. Era alto, al menos de seis pies de estatura. El fuerte declive redondeado de los hombros hacía que su cuerpo pareciera casi cónico -no más ancho que gordo e impedía que la americana recién planchada le sentara bien.
—Gracias —dijo la muchacha en un murmullo, antes de sentarse en el borde de madera del sillón.
Spade se dejó caer en su sillón giratorio y le hizo dar un cuarto de vuelta para quedar de frente a la muchacha, sonriendo cortésmente. Sonreía sin separar los labios. Todas las uves de su rostro se hicieron más largas.
El ruidillo del tecleo, el débil retinglar del timbre y el apagado rumor del carro de la máquina de escribir de Effie llegaban a través de la puerta cerrada. En alguna oficina cercana vibraba sordamente el motor de una máquina. Sobre la mesa de Spade humeaba un cigarrillo en un cenicero colmado de fláccidas colillas. El tablero amarillo de la mesa, el secante verde y los papeles que sobre él había estaban espolvoreados de copos grises de ceniza. Una ventana con cortinas color garbanzo, entreabierta unas ocho o diez pulgadas, dejaba entrar del patio un aire que olía a amoníaco. Los copos de ceniza temblaban y se arrastraban lentamente sobre la mesa en la corriente.
Miss Wonderly contempló a los copos grises estremecerse y reptar. Sus ojos estaban intranquilos. Permanecía sentada sobre el borde del sillón. Los pies, apoyados de plano sobre el suelo, daban la sensación de que estaba a punto de levantarse. Las manos, calzadas de guantes oscuros, se apretaban sobre un bolso oscuro plano que tenía en el regazo.
Spade se meció en su sillón y preguntó:
—Bien, ¿en qué puedo servirle, miss Wonderly?
Ella contuvo la respiración, le miró, tragó saliva y dijo apresuradamente:
—¿Podría usted...? He pensado... Yo..., es decir...
Se mordisqueó el labio interior con dientes brillantes y calló. Sólo los ojos oscuros hablaban ahora, suplicando.
Spade sonrió y asintió con la cabeza como si la comprendiera, pero placenteramente, cual si de nada grave se tratara, y dijo:
—¿Por qué no me lo cuenta todo, desde el principio, y entonces sabremos qué hay que hacer? Remóntese todo lo que pueda.
—Fue en Nueva York.
—Sí.
—No sé en dónde le conoció ella. Bueno, quiero decir en qué parte de Nueva York. Tiene cinco años menos que yo, sólo diecisiete, y no tenemos los mismos amigos. Nunca hemos tenido la intimidad que sería lógica entre dos hermanas. Mamá y papá están en Europa. Lo que ha ocurrido los mataría. Tengo que llevarla a casa antes que vuelvan.
—Sí —dijo él.
—Volverán el primero de mes.
—Bueno, entonces tenemos dos semanas —dijo Spade, y se le alegraron los ojos.
—Yo no sabía lo que había hecho hasta que llegó su carta. Me dejó destrozada.
Le temblaban los labios. Manoseaba el oscuro bolso que tenía sobre las piernas.
—Tuve demasiado miedo de que hubiese hecho algo así como para acudir a la policía, y al mismo tiempo, el temor de que le hubiera ocurrido algo me empujaba a hacerlo. No tenía a nadie a quien pedir consejo. No sabía qué hacer. ¿Qué podía hacer?
—Nada, evidentemente —dijo Spade—. ¿Y entonces llegó la carta?
—Sí, y le mandé un telegrama diciéndole que volviera a casa. Lo dirigí a la lista de Correos. Era la única dirección que me dio. Esperé una semana entera, pero no recibí respuesta; no supe ni una palabra más de ella. Y el regreso de mamá y papá se acercaba. Le escribí que vendría aquí. Tal vez no debí hacerlo. ¿Qué cree?
—Puede que no. No siempre es fácil saber qué hacer. ¿No la ha encontrado?
—No. Le escribí que iría al hotel St. Mark, y le supliqué que viniese a hablar conmigo, aunque no pensara regresar a casa conmigo. Pero no ha venido a verme. He esperado tres días y no ha aparecido, y ni siquiera me ha enviado un recado.
Spade movió su satánica cabeza rubia, frunció el ceño comprensivamente y apretó los labios.
—Ha sido horrible —dijo la muchacha, tratando de sonreír—. No podía quedarme sentada, esperando, sin saber qué le había ocurrido y qué le podía estar pasando. —Cesó en sus esfuerzos para sonreír. Se estremeció—. La única dirección que tenía de ella era la lista de Correos. Le escribí otra carta, y ayer por la tarde fui a Correos. Estuve allí hasta que oscureció, pero no la vi. Esta mañana he vuelto, pero tampoco vi a Corinne. A quien vi fue a Floyd Thursby.
Spade volvió a asentir con la cabeza. Desapareció el ceño fruncido, Ahora pareció prestar gran atención.
—No me quiso decir en dónde estaba Corinne —siguió diciendo, desesperanzadamente—. No quiso decirme nada, excepto que estaba bien y contenta. Pero ¿cómo lo voy a creer? Eso es lo que me diría en cualquier caso, ¿no?
—Claro —asintió Spade—. Pero pudiera ser verdad.
—Así lo espero. ¡Así lo espero! —exclamó—. Pero no puedo volverme a casa así, sin haberla visto, sin siquiera haber hablado con ella por teléfono. Floyd no me quiso llevar a verla. Me dijo que no me quería ver. Eso no lo puedo creer. Me prometió que le diría a Corinne que me había visto y que la traería para que hablara conmigo, si ella quería, esta noche en el hotel. Pero me dijo que sabía que no querría venir. En ese caso, me prometió que vendría él. Él...
Se interrumpió y se llevó la mano a la boca con ademán de temor, cuando se abrió la puerta.
El hombre que había abierto la puerta dio un paso y dijo:
—¡Ah, perdón! —y quitándose cl sombrero de color castaño comenzó a salir de espaldas.
—Está bien, Miles —le dijo Spade—. Pasa. Miss Wonderly, es mi socio, mister Archer.
Miles Archer volvió a entrar en el despacho. Cerró la puerta, inclinó la cabeza y sonrió a la muchacha, en tanto que hacía unas vagas florituras de cortesía con el sombrero. Era de estatura mediana, recio, ancho de hombros, grueso de cuello y de rostro colorado, jovial y pragmático, con el pelo muy corto y ligeramente gris. Representaba más de cuarenta años, en igual medida que Spade parecía haber rebasado los treinta.
—La hermana de miss Wonderly —dijo Spade— se ha escapado de casa, en Nueva York, con un sujeto llamado Floyd Thursby. Están aquí. Miss Wonderly ha visto a Thursby y tiene una cita con él esta noche en el hotel. Tai vez lleve consigo a su hermana, pero probablemente no lo hará. Miss Wonderly quiere que encontremos a su hermana, que la separemos de él y que la hagamos volver a casa. ¿No es así? —dijo mirando a la muchacha.
—Sí —dijo ella, con voz poco clara.
El sonrojo que, poco a poco, las amables sonrisas, los movimientos de cabeza y las consoladoras afirmaciones de Spade habían hecho desaparecer, comenzó de nuevo a colorear su rostro. Miró el bolso y lo punzó nerviosamente con un dedo.
Spade le hizo un guiño a su socio.
Archer avanzó unos pasos y se quedó de pie junto a una esquina de la mesa. Mientras la muchacha contemplaba el bolso, Miles la miraba a ella. Sus ojillos castaños fueron examinándola apreciativamente, desde la cara inclinada hasta los pies, y de vuelta hasta la cara. Miró entonces a Spade y le hizo un gesto de silbar con manifiesta aprobación.
Spade alzó dos dedos del brazo del sillón para hacer un fugaz ademán de advertencia y dijo:
—No va a sernos difícil. Se trata, sencillamente, de mandar a un hombre esta noche al hotel para que siga a Thursby cuando se vaya, y que lo haga hasta que nos lleve adonde esté su hermana. Si ella va con él y usted la puede convencer de que vuelva a casa, tanto mejor. Si no, si ella no quiere dejarle después que la hayamos encontrado, bueno, ya encontraremos la manera de arreglarlo.
—Sí —dijo Archer. Tenía la voz bronca y ordinaria. Miss Wonderly miró a Spade, rápidamente, frunciendo la frente entre las cejas:
—¡Oh, pero habrán de tener cuidado! —la voz le tembló ligeramente y los labios formaron las palabras con estremecimientos nerviosos—. Le tengo un miedo mortal, miedo de lo que pueda hacer. ¡Corinne es tan joven, y traerla hasta aquí, desde Nueva York, es tan terrible! ¿No creen que podría...? ¿No irá a... hacerle algo?
Spade sonrió y dio unas palmaditas sobre los brazos del sillón:
—Déjenoslo a nosotros —dijo—. Sabemos cómo entendérnoslas con él.
—Pero ¿no podría...? —insistió.
—Siempre es posible —dijo Spade, moviendo la cabeza con aire judicial—. Pero puede usted confiar en que nos encargaremos de eso.
—Sí, sí, confío en ustedes —dijo sinceramente—, pero quiero que sepan que se trata de un hombre peligroso. Creo muy de veras que no se detendría ante nada. Creo que no dudaría en... matar a Corinne si creyera que con eso podía salvarse. ¿No podría hacerlo?
—Usted no le amenazó, ¿verdad?
—Le dije que lo único que quería es que Corinne volviera a casa antes del regreso de mamá y papá, para que nunca se enteraran de lo que había hecho. Le prometí no decirles una palabra si él me ayudaba; pero que si no lo hacía, papá se encargaría de que recibiera su merecido. Me parece que no me creyó del todo.
—¿Puede él arreglar las cosas casándose con ella? —preguntó Archer.
La muchacha se sonrojó y repuso, con voz avergonzada:
—Tiene mujer y tres hijos en Inglaterra. Corinne me lo escribió para explicarme que por eso se había escapado con él.
—Sí, suelen tenerlos —dijo Spade—, aunque no siempre en Inglaterra. —E inclinándose hacia adelante para alcanzar un lápiz y un papel, añadió—: ¿Qué aspecto tiene él?
—Bueno, tiene quizá treinta y cinco años y es tan alto como usted. Es moreno naturalmente o está muy quemado por el sol. El pelo también lo tiene oscuro y tiene grandes las cejas. Habla bastante alto, como un fanfarrón, y sus movimientos son de hombre nervioso e irritable. Da impresión de ser... de violencia.
Spade estaba garrapateando sobre el bloque de notas y ahora preguntó, sin alzar la vista:
—¿De qué color tiene los ojos?
—Entre grises y azules y lagrimosos, pero no de hombre débil. Y... ¡ah!, tiene un hoyo muy pronunciado en la barbilla.
—¿Delgado, regular o gordo?
—Parece un atleta. Tiene hombros anchos y camina muy derecho. Tiene un porte que pudiera decirse que es marcadamente militar. Cuando le vi esta mañana llevaba un traje gris claro y un sombrero también gris.
—¿Cómo se gana la vida? —preguntó Spade, soltando el lápiz.
—No lo sé. No tengo la más remota idea
—¿A qué hora tienen la cita?
—Después de las ocho.
—Perfectamente, señorita, tendremos a un hombre allí a esa hora. Sería bueno que...
—Mister Spade, ¿podría usted o mister Archer...? —preguntó, haciendo un ademán de súplica con las manos—. ¿No podría uno de ustedes dos encargarse de ello personalmente? No es que crea que otro hombre que ustedes pudieran mandar fuera incompetente, pero ¡tengo tanto miedo de lo que pueda ocurrir a Corinne! Le tengo miedo a él. ¿No podrían ustedes? Claro, comprendo que tendría que pagar más. —Abrió el bolso con dedos nerviosos y puso dos billetes de cien dólares sobre la mesa—. ¿Bastará con eso?
—Sí —dijo Archer—. Yo mismo me encargaré del asunto.
La muchacha se puso de pie impulsivamente y le ofreció la mano:
—¡Gracias, gracias! —exclamó, y luego le dio la mano a Spade, repitiendo—: ¡Muchas gracias!
—De nada —dijo Spade, inclinándose sobre la mano—. Es un placer. Nos facilitaría el trabajo que usted se encontrara con Thursby abajo, o que se dejara ver con él en el vestíbulo un momento.
—Así lo haré —prometió, y les dio las gracias a los dos socios una vez más.
—Y no trate de buscarme —le advirtió Archer—. Descuide, que ya la veré yo a usted.
Spade acompañó a la muchacha hasta la puerta del pasillo. Cuando volvió junto a su mesa. Archer indicó con un gesto los billetes de cien dólares y dejó oír un ruido de satisfacción.
—Son buenos —dijo. Cogió uno de ellos, lo dobló y se lo guardó en el bolsillo del chaleco, añadiendo—: Y había hermanos gemelos en el bolso.
Spade se guardó el otro billete antes de sentarse, y entonces dijo:
—Bueno, no la vayas a apretar demasiado. ¿Qué te parece?
—¡Preciosa! ¡Que no la apriete! —dijo con una risotada repentina carente de alegría—. Puede que tú la vieras antes que yo, Sam; pero fui yo quien habló primero.
Archer se metió las manos en los bolsillos del pantalón y comenzó a columpiarse sobre los talones.
—Lo pasarás muy rebién con ella, seguro —contestó Spade, sonriendo rijosamente y dejando ver la punta de los colmillos—. Tienes talento. Seguro que lo tienes.
Y comenzó a liar un cigarrillo.

Dashiell Hammett

jueves, 3 de mayo de 2012

Las crónicas árabes permiten reconstruir el clima del pasado

Corales, árboles y sedimentos marinos, entre otros, son evidencias directas del clima del pasado, pero no las únicas. Un equipo liderado por españoles ha interpretado por primera vez las crónicas escritas en Iraq por historiadores árabes y ha recogido una cronología de eventos climáticos del año 816 al 1009, cuando las olas de frío y las nevadas estaban a la orden del día.
Bagdad (Iraq) se convirtió en la ciudad más próspera de su tiempo y en el centro del comercio internacional y el desarrollo agrícola en el siglo VIII. Imagen: Domínguez-Castro et al.
Las crónicas de los historiadores árabes narran cronológicamente cuestiones sociales, políticas y religiosas; y algunas hacen referencias al clima. Un estudio, liderado por investigadores de la Universidad de Extremadura (UNEX), se ha centrado en antiguos apuntes meteorológicos de la ciudad iraquí de Bagdad.
“Hemos recuperado una interesante cronología de eventos climáticos como sequías, inundaciones, lluvias, heladas, olas de frío o calor, y fuertes vientos para el periodo 816-1009 en los actuales Iraq y Siria”, informa a SINC Fernando Domínguez-Castro, autor principal e investigador en el departamento de Física de la UNEX.
El estudio, que se ha publicado en la revista Weather, destaca un alto número de olas de frío. “El periodo de 902 a 944 concentra una frecuencia muy alta, si la comparamos con los datos meteorológicos actuales. Ejemplo de ellos son las seis nevadas que se vivieron en esa época, mientras que en la actualidad solo se tiene conocimiento de una nevada en Bagdad el 11 de enero de 2008”, señala Domínguez-Castro.
Más días fríos por erupciones volcánicas
El equipo de investigación se sorprendió en especial con el “inesperado” descenso de las temperaturas de julio de 920. Según los documentos analizados, los habitantes de Bagdad tuvieron que bajar de sus tejados (donde solían dormir en verano), meterse en casa e incluso abrigarse con mantas. Las temperaturas pudieron entonces descender 9 ºC respecto a la media actual en un mes de julio.
“Es difícil saber a qué se debe este descenso de la temperatura, pero una posibilidad es la de una erupción volcánica el año anterior, ya que es frecuente que las temperaturas desciendan en verano en estos casos”, destaca el experto quien señala que durante alguna de estas noches de julio de 920, las temperaturas no superaron los 18 ºC.
Existen dos erupciones volcánicas importantes durante esta época que podrían ser la causa de las olas de frío, “aunque están datadas con una importante incertidumbre”, afirma el investigador. Una de ellas es la del volcán Ceboruco (México), hacia 930, y la otra la del Guagua Pichincha (Ecuador), hacia 910. Sin embargo, “son necesarias más evidencias para confirmar esta hipótesis”, advierte el experto.
La investigación demuestra que durante la primera mitad del siglo X, los eventos climáticos fríos en Bagdad tuvieron mayor frecuencia e intensidad que en la actualidad. Mientras que la ciudad iraquí registró solo dos días con temperaturas por debajo de 0 ºC entre 1954 y 2008, al menos hubo seis días muy fríos en un periodo de 42 años en el siglo X.
Según los investigadores, “las crónicas árabes son muy útiles para la reconstrucción del clima en épocas y lugares de los que sabemos muy poco”. Gracias a la sinergia de humanidades y ciencia se puede extraer “información climática robusta”, concluyen.
Bagdad, el centro del imperio
En 762, Abu Ja`far al-Mansur, el segundo califa de Abbasid (la segunda dinastía del Islam) fundó la ciudad de Bagdad y la estableció como la capital del imperio. Pronto la urbe se convirtió en la más próspera de su tiempo y en el centro del comercio internacional y el desarrollo agrícola, lo que atrajo a una población creciente.
Los historiadores de la época discutieron las razones por las que el califa le dio tal importancia a Bagdad. Además de su estratégica situación, entre los ríos Tigris y Éufrates, la ciudad contaba con buenas condiciones climáticas. “El agua era abundante, el clima era muy cálido en verano, muy frío en invierno y moderado en primavera y otoño”, detalló Al-Ya`qubi, autor de un tratado geográfico de 891.
Referencia bibliográfica:
Domínguez-Castro, Fernando; Vaquero, José Manuel; Marín, Manuela; Gallego, María Cruz; García-Herrera, Ricardo. “How useful could Arabic documentary sources be for reconstructing past climate?” Weather 67(3): 76-82   DOI: 10.1002/wea.835 marzo de 2012
Artículo publicado en Servicio de Información y Noticias Científicas (SINC)

miércoles, 2 de mayo de 2012

Tasa de criminalidad en España

  • Ceuta tiene el índice más alto (76%) y Asturias el más bajo (27%)
  • El número de infracciones penales conocidas por cada mil habitantes, lo que se denomina tasa de criminalidad de España bajó medio punto en 2011, lo que equivale a un 0,6%. En cuanto a la evolución, caen los delitos contra el patrimonio y repuntan los delitos contra la vida y la libertad.
    Así lo ha asegurado, el ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, en su comparecencia ante la Comisión de Interior del Congreso en la que ha dado cuenta del balance de criminalidad correspondiente al año 2011.
    Por encima de esa media se sitúa Ceuta y Melilla (76,4 y 63, respectivamente), así como las comunidades de Baleares (66,9), Madrid (60,6), Cataluña (60,3), Comunidad Valenciana (55,6). En el otro extremo figuran y Cantabria (30,8). Extremadura (28,6) y  Asturias (27).

    Datos del último gobierno socialista. El ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, ha reconocido este miércoles que el nuevo método de cálculo de la criminalidad que pondrá en marcha su departamento en los próximos años tendrá como consecuencia un incremento de la tasa de delincuencia hasta ahora conocido.
    Fernández Díaz ha subrayado que la forma en la que recopilan los datos es "determinante" y ha puesto como ejemplo que se haya estado registrando como un único delito la comisión de diez faltas de hurto o que se hayan catalogado como faltas hechos "claramente constitutivos de delito" como el intento de robo en vivienda.
    "El anterior sistema no incluía la totalidad de la infracciones penales conocidas", ha asegurado el ministro, que ha destacado que la información que recibía el ciudadano era "insuficiente".
    Por primera vez, el Gobierno ha ofrecido datos de criminalidad en el conjunto del país, incluyendo la información del País Vasco y de Cataluña, donde las competencias de seguridad ciudadana están transferidas.

    Venecia



    Muy bonito este time lapse fotografiado por Joerg Niggli de la ciudad de Venecia, desde el amanecer hasta el atardecer.
    La música que suena es el tema Heart of Champions de Chris Haigh

    martes, 1 de mayo de 2012

    Basta de juegos, Antonio Muñoz Molina

    
    
    Suffrage universel dédié à Ledru-Rollin ( Frédéric Sorrieu, 1850)
    
    Estamos en el filo del abismo y parece que no pasa nada. Nos encontramos ante la peor crisis desde el final de la dictadura y seguimos entretenidos con los sectarismos, con los narcisismos identitarios, con las politiquerías de siempre, con las bromitas gamberras de creernos rebeldes porque silbamos un himno, de creernos radicales porque obedecemos una ortodoxia beata. Yo me acuerdo muy bien de como era 1977, 1978. También me acuerdo de 1973 y 1974. Todo lo que tenemos ahora y despreciamos y quizás solo valoraremos cuando lo hayamos perdido era entonces en gran medida una quimera. Todo lo que hemos disfrutado sin ninguna gratitud durante más de treinta años parecía inalcanzable. Hay dos maneras de juzgar lo que se tiene: una, comparándolo con un ideal de perfección, con un paraíso futuro o un paraíso pasado cuyo principal mérito común es que nunca han existido; otra, comparar con lo que teníamos antes, o con lo que tienen otros, en casi todo el mundo. España, claro, no es la sociedad más justa ni más igualitaria: pero es más justa, por ejemplo, que Estados Unidos, y más igualitaria y habitable que la mayor parte de los países del mundo. La imensa mayoría de nosotros nos hemos beneficiado de este sistema democrático hacia el que casi nadie siente ninguna obligación ni ninguna lealtad. Los que quieren autogobierno han tenido más del que tuvieron nunca, salvo en sus reinos de fantasía medievales o neolíticas; los que queremos igualdad ante la ley, libertad de expresión y servicios públicos fundamentales los hemos tenido y los tenemos más que en la mayor parte de los países del mundo real. Cómo es pasar una enfermedad grave en Estados Unidos y no tener un seguro suficiente para cubrirla; o querer darle una educación decente a los hijos.
    Hay muchas cosas que a mí no me gustan en mi país, claro que sí. Lo digo alto y claro siempre que puedo. Pero he vivido en un país mucho más pobre y en un país sometido a una dictadura y sé cuál es la diferencia. Y sé que en estos momentos o buscamos por una vez defender entre todos lo mejor o vamos a hundirnos todos juntos. Llevamos treinta y tantos años cultivando diferencias, haciéndolas irreconciliables, inventándolas cuando no existían, echando sal en las heridas, prefiriendo la discordia, poniendo la tribu por encima de la ciudadanía. Y al mismo tiempo disfrutando de las libertades y los servicios de una sociedad avanzada. Tenemos casi seis millones de parados y una depresión atroz y seguimos negándonos a abrir los ojos, a encontrar cosas en común, a distinguir lo necesario de lo superfluo, a decidir razonablemente a qué cosas habrá que renunciar para salvar las imprescindibles. La energía necesaria para encontrar soluciones prácticas la seguimos dedicando, alentados por la chusma política, a buscar chivos expiatorios, a repetir eslóganes antes que a elaborar argumentos, a afirmarnos ferozmente mediante la negación de lo que creemos que no somos, que casi siempre es una parte de lo que somos.
    Sucedió algo parecido en otra de las crisis pasadas, la más grave de todas, la del principio de la guerra civil. Los militares, los terratenientes y la iglesia católica se levantaron contra la República y cada una de las fuerzas que hubiera debido defenderla consideró que había llegado la ocasión de aprovechar el desastre para cumplir sus fines particulares: los anarquistas el paraíso anarquista, los socialistas de Largo Caballero el gobierno de Largo Caballero, los catalanistas la independencia de Cataluña, los nacionalistas vascos la independencia de Euskadi, etc. Esa República por la que ahora parece existir tanta nostalgia no tuvo a nadie o a casi nadie que la defendiera. Manuel Azaña, Juan Negrín, Indalecio Prieto, que creían en ella, se encontraron trágicamente solos. El resultado fue una guerra espantosa y casi cuarenta años de tiranía.
    Demasiada gente está sufriendo ya para que sigamos sin tomarnos en serio la posibilidad de la ruina, la necesidad angustiosa de poner los cinco sentidos en lograr que las cosas puedan ser algo mejores para todos. Lo que suele venir cuando se hunde una democracia imperfecta no es una democracia perfecta ni un paraíso sino una calamidad seguida de una dictadura. Así que habrá formas más fértiles de heroísmo o de rebeldía que abuchear un himno en un partido de fútbol.

    Jeffrey T. Larson. Pinturas







    lunes, 30 de abril de 2012

    Si me necesitas, llámame. Raymond Carver.

    
    
    Jack Vettriano
    
    Los dos habíamos estado involucrados con otras personas esa primavera, pero cuando llegó junio y terminaron las clases decidimos poner en alquiler nuestra casa en Palo Alto y trasladarnos a la costa más al norte de California. Nuestro hijo, Richard, pasaría el verano en casa de la madre de Nancy, en Pasco, Washington, donde podría trabajar y ahorrar algo de dinero para la universidad. Ella estaba al tanto de la situación en casa y ya estaba buscándole un empleo por la temporada. Había hablado con un granjero que aceptó tomar a Richard para que juntara heno y arreglara alambrados. Un trabajo duro, pero Richard estaba conforme. Lo llevé a la terminal el día después de su graduación y me senté con él hasta que anunciaron su ómnibus. Su madre ya lo había despedido llorando y le había dado una larga carta que él debía entregar a la abuela en cuanto llegara. Prefirió quedarse terminando las valijas y esperando a la pareja que alquilaría nuestra casa. Yo compré el pasaje de Richard, se lo di y me senté a su lado en uno de los bancos de la terminal. En el viaje hasta allá habíamos hablado un poco de la situación.
    –¿Van a divorciarse? –había preguntado él.
    –No, si podemos evitarlo –le contesté. Era un sábado por la mañana y había poco tránsito–. Ninguno de los dos quiere llegar a eso. Por eso nos vamos; por eso no queremos ver a nadie durante el verano. Y por eso te enviamos con la abuela. Para no mencionar el hecho de que volverás con los bolsillos llenos de dinero. No queremos divorciarnos. Queremos estar solos y tratar de solucionar las cosas.
    –¿Aún amas a mamá? Ella dice que te sigue queriendo.
    –Por supuesto que la amo. Deberías saberlo a esta altura. Sólo que hemos tenido nuestra cuota de problemas, y necesitamos un poco de tiempo juntos, a solas. No te preocupes. Disfruta el verano y trabaja y ahorra un poco de dinero. Considéralo unas vacaciones de nosotros. Y trata de pescar. Hay muy buena pesca por allá.
    –Y esquí acuático. Quiero aprender.
    –Nunca hice esquí acuático. Haz un poco de eso también. Hazlo por mí.
    Cuando anunciaron su ómnibus lo abracé y volví a decirle:
    –No te preocupes. ¿Dónde está tu pasaje?
    Él se palmeó el bolsillo de su campera. Lo acompañé hasta la fila frente al ómnibus, volví a abrazarlo y le di un beso en la mejilla. Adiós, papá, dijo él y me dio la espalda para que no viera sus lágrimas.
    Al volver a casa, nuestras valijas y cajas estaban junto a la puerta. Nancy estaba en la cocina tomando café con los inquilinos, una joven pareja de estudiantes de posgrado de matemática, a quienes había visto por primera vez en mi vida pocos días antes, pero igual les di la mano a ambos y acepté una taza de café de Nancy mientras ella terminaba con la lista de indicaciones de lo que ellos debían hacer en la casa en nuestra ausencia y adónde debían enviarnos el correo. Su cara estaba tensa. La luz del sol avanzaba sobre la mesa a medida que pasaban los minutos. Finalmente todo pareció quedar en orden, y los dejé en la cocina para dedicarme a cargar nuestro equipaje en el coche. La casa a la que íbamos estaba completamente amueblada, hasta los utensilios de cocina, así que no necesitábamos llevar más que lo esencial.

    Había hecho los quinientos kilómetros desde Palo Alto hasta Eureka tres semanas antes, y alquilado entonces la casa amueblada. Fui con Susan, la mujer con la que estaba saliendo. Nos quedamos en un motel a las puertas del pueblo durante tres noches, mientras recorría inmobiliarias y revisaba los clasificados. Ella me vio firmar el cheque por los tres meses de alquiler. Más tarde, en el motel, tirada en la cama con la mano en la frente, me dijo: "Envidio a tu esposa. Cuando hablan de la otra mujer, siempre dicen que es la esposa quien tiene los privilegios y el poder real, pero nunca me lo creí ni me importó. Ahora, en cambio, entiendo qué quieren decir. Y envidio a Nancy. Envidio la vida que tendrá a tu lado. Ojalá fuera yo la que va a estar contigo en esa casa todo el verano. Cómo me gustaría. Me siento tan gastada". Yo me limité a acariciarle el pelo.
    
    Raymond Carver

    viernes, 27 de abril de 2012

    Decálogo para ser feliz.A. Jodorowsky


    ¿Como podría definir en términos positivos la felicidad?

    Ese concepto, abstracto hasta la médula, es imposible de ser descrito directamente. Para hacerlo tengo que dar un rodeo por su sombra. Vaya entonces la definición: "Felicidad es estar cada día menos angustiado". Para lo cual puedo intentar dar algunos consejos sin ser tachado de iluso.

    1. Cuando dudes de actuar, siempre entre "hacer" y "no hacer", escoge hacer. Si te equivocas tendrás al menos la experiencia.

    2. Escucha más a tu intuición que a tu razón. Las palabras forjan la realidad, pero no la son.

    3. Realiza algún sueño infantil. Por ejemplo: si querías jugar y te hicieron adulto antes de tiempo, ahorra unos 500 euros y ve a jugarlos a un casino hasta que los pierdas. Si ganas, sigue jugando. Si sigues ganando, aunque sean millones, sigue hasta que los pierdas. No se trata de ganar sino de jugar sin finalidad.

    4. No hay alivio más grande que comenzar a ser lo que se es. Desde la infancia nos endilgan destinos ajenos. No estamos en el mundo para realizar los sueños de nuestros padres, sino los propios. Si eres cantante y no abogado como tu padre, abandona la carrera de leyes y graba tu disco.

    5. Hoy mismo deja de criticar tu cuerpo. Acéptalo tal cual es sin preocuparte de la mirada ajena. No te aman porque eres bella. Eres bella porque te aman.

    6. Una vez por semana, enseña gratis a los otros lo poco o mucho que sabes. Lo que les das, te lo das. Lo que no les das, te lo quitas.

    7. Busca todos los días en el diario una noticia positiva. Es difícil encontrarla. Pero, en medio de los acontecimientos nefastos, siempre, de manera casi imperceptible, hay una. Que se descubrió una nueva raza de pájaros; que los cometas transportan vida; que un nene cayo desde un quinto piso sin dañarse; que la hija de un presidente intento suicidarse en el océano y fue salvada por un obrero del cual se enamoró y se casaron; que los jóvenes poetas chilenos bombardearon con 300.000 poemas, desde un helicóptero, a La Moneda, donde fue eliminado Allende, etc.

    8. Si tus padres abusaron de ti cuando pequeño/ a, confróntate calmadamente con ellos, en un lugar neutro que no sea su territorio, desarrollando cuatro aspectos: 'Esto es lo que me hicieron. Esto es lo que yo sentí. Esto es lo que por causa de aquello ahora sufro. Y esta es la reparación que pido'. El perdón sin reparación no sirve.

    9. Aunque tengas una familia numerosa, otórgate un territorio personal donde nadie pueda entrar sin tu permiso.

    10. Cesa de definirte: concédete todas las posibilidades de ser, cambia de caminos cuantas veces te sea necesario.
    "Tu destino son las estrellas. No hagas un nido en la cama. Decide quebrar las anclas. Desaloja la escalera. No trasquiles, crea lana. Abre el ojo que no sueña. Pierde la carne y las venas, deja desnuda a tu alma. Haz de tu nombre una hoguera y dile a tu cojo.:¡anda!; y dile a tu avaro: ¡ama! ¡Corónate de una cresta!" A. Jodorowsky

    jueves, 26 de abril de 2012

    Incondicional


    Hay mil y un motivos para explicar por qué somos de un equipo y no de otro.
    Lo que sé es que lo seguiré siendo aunque pierda y cuando gana.
    Lo curioso o extraño o ... es que hace 48 horas media España se alegraba de que ganara un equipo extranjero al FC Barcelona. Anoche la otra media se alegró por lo mismo.