lunes, 23 de septiembre de 2013
domingo, 22 de septiembre de 2013
sábado, 21 de septiembre de 2013
viernes, 20 de septiembre de 2013
miércoles, 18 de septiembre de 2013
¿Para qué sirve el colegio hoy en día? Ricardo Soria Paloma
Vuelta al colegio. Vuelta a ver a mis compañeros de trabajo, a un
buen ambiente laboral y, dentro de nada, vuelta a ver a nuestros
queridos adolescentes, más para ayudarlos a ellos (y a sus familias) que
para combatirlos. No es tan fiero el león como lo pintan, sobre todo si
hay verdadero interés por nuestra parte. Jóvenes: tan llenos de vida
que se me encoge el corazón cuando veo a alguno malgastarla sin provecho
frente a las nuevas tecnologías, sea o no mi alumno; tan llenos de
posibilidades que algunos adultos darían una fortuna por regresar a un
punto donde extraviaron alguna página de su vida. Hoy soy yo el profesor
y, aunque supere por poco la treintena y no haga tanto que era uno de
ellos, siento una punzada en la cabeza cuando explico un tema nuevo y
algún alumno pregunta con seriedad: «¿Esto para qué sirve?». Realmente,
no le faltan motivos para hacerlo: casi seguro que obtendría más
provecho económico si cultivase sus músculos con ciclos incluidos y los
exhibiese por nuestras televisiones; o en el caso de ellas, que se
recauchutasen enteras, salieran con cualquier famosete y se desnudasen
después en revistas; o que medrasen todos en la casta de cualquier
partido político. ¿Para qué sirve esto que estoy dando? Un poco más
lejos: ¿para qué sirve el colegio, además del papel que se entrega al
final? Me hago esta pregunta mientras cruzo una mirada con el profesor
de Historia y pienso «¿cuándo ha habido educación universal en España?».
Sonrío al pensar que sólo a partir de 1986 ha estado vigente el único
instrumento que, aprovechado, garantiza un futuro y una ascensión social
del individuo. Demasiado valioso como para que no lo aprovechemos,
sobre todo si se trata del futuro y de la vida de nuestros hijos. Sin
embargo, despreciado hoy en día. Por cierto, ¿cuánto tiempo hemos
disfrutado de la libertad que ofrece la democracia? Muy poco, por
desgracia, del sistema que garantiza igualdad y ley para todos. ¿No
deberíamos respetarla un poco más y no atropellarla –como se ve a
diario–, por la cuenta que nos trae? Giro la cabeza hacia el profesor de
Filosofía, que me hace recordar la «culpable minoría de edad» de la que
hablaba Kant a finales del siglo XVIII, receta aplicable por desgracia
en la España del siglo XXI. ¿No sería justo que los adultos nos
pidiésemos a nosotros mismos lo que les pedimos a los alumnos? La mejor
educación es la ejemplaridad, así que podríamos aplicarnos lo de culpar
siempre al otro, ya sea el vecino, la mala suerte, el Gobierno... Cuando
en realidad deberíamos mirarnos al espejo muchas veces y asumir
responsabilidades. Así nosotros, los de a pie, como nuestros
representantes en el Congreso, tantas veces ladrando «y tú más, y tú
más», que ya resulta difícil saber si España cabalga o si nos hemos
quedado en esa etapa infantil y victimista.
¿No nos iría mejor como individuos y como sociedad si aprovechásemos
estas y otras enseñanzas para labrarnos un futuro con mayúsculas? No
hablaré de mi asignatura, pero luego dirán que en el colegio no se
aprende nada. Algunos políticos y famosetes podrían visitarnos. Me
ofrezco a darles gratis las clases de Lengua y Literatura que tantas
veces demuestran que necesitan.
Publicado en La Nueva España, 18 de septiembre de 2013
martes, 17 de septiembre de 2013
domingo, 15 de septiembre de 2013
Pausa. Mario Benedetti
martes, 10 de septiembre de 2013
lunes, 9 de septiembre de 2013
La dalia negra. James Ellroy
" Era una promesa sobre la cual podía ir construyendo algo e hizo que siguiera yendo al archivo. En mis días libres y con Kay en su trabajo, no tenía nada que hacer, así que lo leí una y otra vez. Faltaban las carpetas de la R, la S y la T, lo cual suponía una molestia pero, aparte de eso, era la perfección misma. Mi mujer real de ahora había hecho retroceder a Betty Short más allá de una Línea Maginot al terreno de la curiosidad profesional, así yo leía, pensaba y hacía hipótesis con la meta de convertirme en un buen detective..., el camino en el cual me hallaba hasta que hice funcionar esa alarma. Algunas veces, tenía la sensación de que en esos hechos había conexiones que rogaban ser establecidas; otras veces, me maldecía a mí mismo por no tener un diez por ciento más de sustancia gris; en ocasiones los papeles sólo, me hacían pensar en Lee.
Seguí con la mujer a la cual él había salvado de una pesadilla. Kay y yo jugábamos a las casitas tres o cuatro veces a la semana, siempre tarde, dado el turno que yo tenía ahora. Hacíamos el amor a nuestra tierna manera particular y hablábamos esquivando los acontecimientos desagradables de los últimos meses. Aunque me mostrara amable y bondadoso, por dentro seguía hirviendo con el ansia de que se produjera una conclusión exterior a mí..., que Lee volviera, que el asesino de la Dalia estuviera sobre una bandeja, otras sesión de Flecha Roja con Madeleine o Ellis Loew y Fritzie Vogel clavados en una cruz.
Lo que siempre llegaba con eso era ver de nuevo en una fea ampliación mi imagen que golpeaba a Cecil Durkin, seguida por la pregunta: «¿Hasta dónde habrías llegado esa noche?».
Durante mis rondas, esa pregunta me acosaba con más fuerza que nunca. Hacía la Cinco Este, desde Main a Stanford, la peor zona. Bancos de sangre, licorerías que sólo vendían medias pintas y minibocadillos, hoteles de cincuenta centavos la noche y misiones medio en ruinas.
Allí la regla escrita era que los agentes de a pie no se andaban nunca con bromas. Las pesadillas de borrachos eran dispersadas a golpes de porra; los tipos que intentaban ser cogidos en la lista de algún negrero cuando se ponían demasiado pesados y no había trabajo eran echados a empujones.
Recogías borrachos y gente que vivía rebuscando en la basura, para cumplir con la cuota, sin hacer ninguna discriminación, y les dabas una paliza si intentaban escaparse del furgón. Era un trabajo horrible y asqueroso y los únicos agentes buenos en él eran los tipos trasladados de Oklahoma a los que se cogió en el Departamento durante la falta de hombres producida por la guerra. Yo patrullaba pero no me lo tomaba demasiado en serio: rozaba a los tipos con mi porra, sin apretar; les daba calderilla a los borrachos para sacarlos de la calle y meterlos en las tabernas donde no me vería obligado a lidiar con ellos y obtenía cuotas bajas en mis recogidas. Conseguí la reputación de «el blando» de la Central; Johnny Vogel me pilló en dos ocasiones en que le daba calderilla a un borracho y se rió a carcajadas. Después de mi primer mes vestido de uniforme, el teniente Jastrow me puso una D, lo más bajo posible, en su apreciación de mi capacidad: uno de los chupatintas me contó que citaba mi «Renuencia a emplear la fuerza necesaria con los delincuentes recalcitrantes». A Kay le hizo mucha gracia eso pero yo imaginé una montaña de papeles con malos informes tan alta que ni toda la influencia de Russ Millard sería capaz de hacerme volver a mi trabajo.
Así pues, me hallaba en el mismo sitio que antes del combate y la votación sobre los fondos, sólo que un poco más al este y andando a pie. Durante mi ascensión a la Criminal, los rumores hicieron furor; ahora, las especulaciones se centraban en mi caída. "
La dalia negra
domingo, 8 de septiembre de 2013
sábado, 7 de septiembre de 2013
viernes, 6 de septiembre de 2013
jueves, 5 de septiembre de 2013
5 de septiembre
No dejes que termine sin haber
crecido un poco, sin haber sido feliz,
sin haber alimentado tus sueños.
No te dejes vencer por el desaliento.
No permitas que nadie te quite el
derecho de expresarte, que es casi un deber...
Walt Whitman
miércoles, 4 de septiembre de 2013
Déjalos que se maten entre ellos
La población siria se levantó contra la dictadura exigiendo democracia, el régimen respondió masacrándoles y Occidente ignoró su penuria; entonces llegó Al Qaeda.
El retrato de Bashar al Assad había sido colocado en el baño a ras de suelo. Justo frente al agujero que utilizaban los rebeldes para defecar. «Así tendrá unas buenas vistas», aseguró uno los alzados con un sentido del humor ciertamente escatológico.
El calendario marcaba el mes de noviembre del 2011. En mi anterior visita a Siria, en julio del 2010, antes de que comenzara la revuelta, la imagen de Al Assad seguía siendo un referente tan venerado que en el monasterio de Santa Tecla, a 65 kilómetros de Damasco, se prodigaba tanto como la iconografía religiosa. Bashar aparecía fotografiado en solitario, junto a los huérfanos del recinto, con las monjas del convento, comiendo con sus residentes y rodeado de religiosos de todas las confesiones.
El radical giro político que sufrió la nación árabe pocos meses después fue un efecto más de la llamada Primavera Árabe y del hartazgo que despertaba entre la población siria una dictadura —la del Partido Baaz que accedió al poder en 1963— que lleva ya medio siglo rigiendo los designios del país.
«Con el Baaz, todo dependía de la muhabarat (el servicio secreto). Tenías que pedirles permiso para viajar, para casarte, para abrir un negocio… No podías ni respirar», recordaba uno de los activistas instalados en Jabal Zawiya, Fahid Sheij Wali.
El estudiante de Educación Física, de 21 años, era uno de los opositores que todavía defendía en aquel entonces —tras meses de brutal represión— las protestas pacíficas.
En realidad, al principio todos secundaban esa postura. Los sirios salieron a las calles no con ametralladoras sino «con las manos abiertas para demostrar que íbamos desarmados», relataba Fahid.
La revuelta comenzó cuando un grupo de colegiales de Daraa decidió emular las imágenes que veían procedentes de Túnez o Egipto y escribir en los muros de esa ciudad, sita al este de Siria, los mismos mensajes que lanzaban las multitudes que protestaban contra la autocracia en esos países: «¡Vete!» o «El pueblo quiere derrocar al régimen». Eran tan ingenuos que firmaron las pintadas con sus propios nombres. Eso ocurrió el 16 de febrero del 2011.
Los estudiantes fueron arrestados al día siguiente y cuando fueron liberados —un mes más tarde— Daraa ya se había convertido en el detonante de la creciente algarada popular. El regreso de los chicos y su relato sobre las tropelías que habían sufrido en la cárcel, donde les golpearon con cables, les colgaron del techo y les intentaron romper las manos hasta hacerles sangrar, azuzó la insurrección.
Bashar al Assad respondió desde el primer momento al estilo Gadafi. El ejército y la policía comenzaron a disparar sobre las manifestaciones pacíficas. Miles fueron asesinados.
Durante el verano del 2011 enclaves como Hama, Homs o la citada Daraa se convirtieron en bastiones de la protesta popular. Cientos de miles de personas se concentraron en la primera casi a diario, pese a la triste memoria que atesoraba esa ciudad, arrasada en 1982 por el padre de Bashar, Hafez al Assad, cuando también se erigió como reducto de la oposición que pretendía derrocar al régimen en aquellas fechas.
Bashar respondió al desafío con la misma brutalidad que su antecesor. El 31 de julio del 2011 los tanques y los soldados del autócrata mataron a decenas tan solo en Hama. El Ramadán de ese año fue un anticipo sangriento del futuro que se cernía sobre los opositores.
Cuando entré por primera vez a Siria tras el inicio de la insurrección popular, en noviembre de ese año, las protestas eran todavía diarias incluso en las poblaciones controladas por el régimen.
«La población sale todas las noches a protestar. Hace un mes mataron a tres personas. Ahora se contentan con dejarnos gritar», me explicó Mahmud al Jarabsha, un vecino del primer villorrio en el que nos escondimos al cruzar ilegalmente la frontera en la provincia norteña de Idlib.
Desde su vivienda se podían escuchar los gritos de los manifestantes. Mahmud y sus amigos permanecían «enganchados» a las emisiones de uno de los canales que se ha erigido en portavoz de la revuelta: Oriente TV. Las imágenes de las protestas populares se entremezclaban con las que constataban la violencia con la que respondió la autocracia. Civiles apaleados, a los que les pisoteaban la cabeza. Cadáveres amoratados o cribados por las marcas de la tortura. En una de las grabaciones un soldado le arrancaba a un prisionero los pelos del bigote uno a uno.
«Da igual, ya hemos perdido el miedo», declaró Mahmud frente a los estremecedores vídeos.
Era cierto, para esas fechas un amplio sector de la población siria —tan solo Alepo, el centro de Damasco y la región drusa y alauí permanecían mas o menos al margen de la insurrección— había decidido desafiar al régimen en las calles. El 27 de julio, tras cuatro meses de represión disparatada contra manifestantes desarmados, el núcleo inicial del Ejército Libre de Siria, la oposición armada, anunció su creación.
Los primeros dirigentes, Hussein Harmush y Riad al Asaad, procedían ambos de la región montañosa de Jabal al Zawiya, en Idlib. Allí establecieron los alzados lo que llamaron la primera «región liberada» de Siria.
El recorrido por Jabal Zawiya aquel noviembre del 2011 me permitió comprender la determinación pero también la ingenuidad de los opositores. Se decían prestos a enfrentarse a la maquinaria bélica de Bashar —una de las más potentes de Oriente Próximo— con ametralladoras y escopetas de caza. Algunos patrullaban con palos, pistolas y viejos mosquetones con la bayoneta calada. Escenas propias de la Primera Guerra Mundial para intentar frenar a un ejército equipado con misiles Scud y armas químicas.
Su primera pregunta al encontrarse con los extranjeros casi siempre era la misma: «¿ustedes creen que somos unos terroristas?».
En aquellas fechas, ninguno de las decenas y decenas de sirios a los que entrevisté mostró ninguna afinidad con Al Qaeda. De hecho, Jabhat al Nusra, la facción que ahora reconoce su lealtad a esa ideología, ni siquiera se había creado.
Una semana después de que abandonáramos Jabal Zawiya, los tanques y el ejército leal a Damasco arrasó la región. Los mosquetones y las escopetas de caza poco pudieron hacer frente a los blindados.
Las organizaciones de Derechos Humanos dijeron que más de un centenar de personas habían sido masacradas, atrapados en una emboscada en la que fueron ametrallados sin misericordia. Los testimonios recogidos por esas mismas ONG hablaban de cuerpos quemados o decapitados, que fueron dejados en las calles para que se pudrieran al sol.
Meses más tarde me encontré con el coronel Abdul Hamid Zakaria, que había participado en aquella arremetida, desertando después a Turquía.
Zakaria, un oficial médico, confirmó la matanza y recordó que al retirarse del lugar la columna de blindados, ante el temor que sufrir una emboscada, decidió avanzar colocando niños sobre algunos de los tanques.
«Yo iba con la ambulancia al final del convoy. Eran más de 35 vehículos. La estrategia militar dice que el último tanque es el más expuesto porque no tiene a nadie que le cubra la retaguardia. Por eso colocaron cinco niños encima del blindado. En una de las curvas, uno de los pequeños se cayó. Lo aplastamos con las ruedas de la ambulancia. No pude hacer nada. Estaba muerto», relató.
Cuando en junio del 2012 le pregunté a la opositora cristiana Marcell Shahwaro cuánto tiempo podía prevalecer la oposición pacífica —de la que era una de las principales adalides en su ciudad natal, Alepo— frente a la represión de las fuerzas de Bashar, su respuesta fue honesta: «Muy poco, en dos o tres meses todo el mundo portará armas para defenderse».
Sus palabras fueron proféticas. Semanas después asistíamos al inicio de la batalla por el control de Alepo, la segunda ciudad del país, que muy pronto se estancaría en una guerra de atrición, francotiradores y destrucción generalizada que marcaría la pauta para otros frentes como Deir Ez Zor, Homs, Idlib o Daraa.
La represión había azuzado los deseos de venganza de muchos, que comenzaban a eclipsar las demandas de libertad y democracia que alentaron la revuelta en un inicio. La revolución ya no era tal, sino una guerra civil cada vez más sangrienta, aunque los activistas —cada vez menos— seguían reuniéndose sin armas cada viernes en muchas poblaciones para pedir «la caída del régimen».
El verano del 2012 vio como las milicias kurdas se sublevaban e irrumpían en un conflicto que cada vez adquiría una mayor complejidad, con milicias de todas las filiaciones luchando en sectores inconexos, y el odio sectario cada vez más presente.
Los acólitos del régimen nunca ocultaron sus intenciones. Las escribían en los muros de las ciudades que atacaban como Azzaz o Taftanaz: «O Asad o quemaremos el país». Cumplieron su promesa. De los tanques y la artillería pasaron a la aviación, y más tarde a los misiles del tipo Scud. Las armas químicas solo fueron un escalón más en el descenso a la locura.
«¿Cuál es la diferencia entre asesinar a 100.000 con cuchillos o a 1000 con armas químicas? No nos sorprendió que usaran armas químicas. Se habían saltado todas las líneas rojas que uno pudiera imaginar. Si tuviera una bomba atómica también la usaría. La postura de Occidente ha sido de pura hipocresía. Ni siquiera han sido capaces de cubrir las necesidades de los refugiados. Lo que quieren EE. UU. y sus aliados es la destrucción de Siria. Que nos exterminemos entre nosotros», apuntó hace días Abu Eizendil, jefe de la oficina política de la División Al Haq, una de las principales facciones islamistas que actúan en Homs.
El pasado 28 uno de los analistas más leídos de Israel, Nahum Barnea, escribía en el principal diario del país, Yediot Aharonot, un artículo sobre la posible intervención norteamericana y recordaba un poco de historia.
«Cuando le preguntaron a Moshe Dayan (quien fuera ministro de Defensa israelí) sobre un guerra entre dos grupos palestinos en Gaza respondió: déjalos que se maten entre ellos. Esa fue la actitud del presidente Obama hacia la guerra civil en Siria. Había llegado a la conclusión de que el interés norteamericano no se vería favorecido por la victoria de ninguno de los dos lados», escribió.
La tesis del «déjalos que se maten entre ellos», no solo se han convertido durante estos meses en leitmotiv de los neoconservadores más radicales de Washington y del lobby proisraelí, sino que curiosamente ha conseguido el apoyo de facto de muchos adalides del autodenominado frente antimperialista.
Atrapados entre los intereses de la realpolitik internacional, los sirios nunca entendieron por qué Occidente ignoraba su revuelta.
En una de mis visitas a Idlib, a principios del 2012, cuando todavía el islamismo yihadista en el conflicto de Siria no era más que una hipótesis incipiente, un doctor de esa provincia no pudo esconder su indignación hacia Europa y EE. UU. Confesó que siempre había sido laico, que incluso hubo un tiempo en el que no rechazaba la bebida, pero terminó con una declaración devastadora: «ahora no hay Al Qaeda, pero si Occidente sigue sin ayudarnos, en pocos meses todos seremos de Al Qaeda».
[Javier Espinosa es corresponsal de El Mundo en Oriente Próximo]
martes, 3 de septiembre de 2013
lunes, 2 de septiembre de 2013
domingo, 1 de septiembre de 2013
sábado, 31 de agosto de 2013
viernes, 30 de agosto de 2013
jueves, 29 de agosto de 2013
miércoles, 28 de agosto de 2013
martes, 27 de agosto de 2013
lunes, 26 de agosto de 2013
Cartas a Chepita. Jaime Sabines
"Ahora te deseo y te quiero, pero no me aflige ni la distancia, ni el amor. Pasarán estos meses y estarás de nuevo a mi lado; pasarán todas las ausencias que nos esperen en la vida, y siempre estarás a mi lado, no podremos dejar de estar juntos; yo bebiendo de ti todo el amor que necesito, y tú encontrando en mí todas las fuerzas que te faltan. Somos necesarios uno al otro; eso es todo. Ambos nos damos vida; y fuera de los dos toda intención se frustra. Debemos aceptarlo así y alegrarnos de ello. Yo, de veras, me alegro. Me alegro de ti y de quererte.”
Jaime Sabines.
julio 14/49
domingo, 25 de agosto de 2013
viernes, 23 de agosto de 2013
Loquillo
"Como soy catalán me voy a Prenafeta, me voy a Pujol, me voy a Félix Millet. "No nos toquéis a nuestros chorizos". Es muy duro para un barcelonés ver que hay un millón de parados, que hay una educación donde hay chavales que van a barracones porque no hay dinero para hacer colegios y,mientras, ellos se dedican a hacer fastos sobre "el daño que nos ha hecho España". LOquillo. 23 de agosto de 2013.
Loquillo, 23 de agosto de 2013.
miércoles, 21 de agosto de 2013
Seda. Alessandro Baricco
"Permanece así, te quiero mirar, yo te he mirado tanto pero no eras para mí, ahora eres para mí, no te acerques, te lo ruego, quédate como estás, tenemos una noche para nosotros, y quiero mirarte, nunca te había visto así, tu cuerpo para mí, tu piel, cierra los ojos y acaríciate, te lo ruego, no abras los ojos si puedes, y acaríciate, son tan bellas tus manos, las he soñado tanto que ahora las quiero ver, me gusta verlas sobre tu piel, así, sigue, te lo ruego, no abras los ojos, yo estoy aquí, nadie nos puede ver y yo estoy cerca de ti, acaríciate señor amado mío, acaricia tu sexo, te lo ruego despacio, es bella tu mano sobre tu sexo, no te detengas, me gusta mirarla y mirarte, señor amado mío, no abras los ojos, no todavía, no debes tener miedo estoy cerca de ti, ¿me oyes?, estoy aquí, puedo rozarte, y esta seda, ¿la sientes?, es la seda de mi vestido, no abras los ojos y tendrás mi piel, tendrás mis labios, cuando te toque por primera vez será con mis labios, tú no sabrás dónde, en cierto momento sentirás el calor de mis labios, encima, no puedes saber dónde si no abres los ojos, no los abras, sentirás mi boca donde no sabes, de improviso, tal vez sea en tus ojos, apoyaré mi boca sobre los párpados y las cejas, sentirás el calor entrar en tu cabeza, y mis labios en tus ojos, dentro, o tal vez sea sobre tu sexo, apoyaré mis labios allí y los abriré bajando poco a poco, dejaré que tu sexo cierre a medias mi boca, entrando entre mis labios, y empujando mi lengua, mi saliva bajará por tu piel hasta tu mano, mi beso y tu mano, uno dentro de la otra, sobre tu sexo, hasta que al final te bese en el corazón, porque te quiero, morderé la piel que late sobre tu corazón, porque te quiero, y con el corazón entre mis labios tú serás mío, de verdad, con mi boca en tu corazón tú serás mío, para siempre, y si no me crees abre los ojos señor amado mío y mírame, soy yo, quién podrá borrar jamás este instante que pasa, y este mi cuerpo sin más seda, tus manos que lo tocan, tus ojos que lo miran, tus dedos en mi sexo, tu lengua sobre mis labios, tú que resbalas debajo de mí, tomas mis flancos, me levantas, me dejas deslizar sobre tu sexo, despacio, quién podrá borrar esto, tú dentro de mí moviéndote con lentitud, tus manos sobre mi rostro, tus dedos en mi boca, el placer en tus ojos, tu voz, te mueves con lentitud, pero hasta hacerme daño, mi placer, mi voz, mi cuerpo sobre el tuyo, tu espalda que me levanta, tus brazos que no me dejan ir, los golpes dentro de mí, es dulce violencia, veo tus ojos buscar en los míos, quieren saber hasta dónde hacerme daño, hasta donde tú quieras, señor amado mío, no hay fin, no finalizará, ¿lo ves?, nadie podrá cancelar este instante que pasa, para siempre echarás la cabeza hacia atrás, gritando, para siempre cerraré los ojos soltando las lágrimas de mis ojos, mi voz dentro de la tuya, tu violencia teniéndome apretada, ya no hay tiempo para huir ni fuerza para resistir, tenía que ser este instante, y este instante es, créeme, señor amado mío, este instante será, de ahora en adelante, será, hasta el fin."
martes, 20 de agosto de 2013
lunes, 19 de agosto de 2013
martes, 13 de agosto de 2013
domingo, 11 de agosto de 2013
sábado, 10 de agosto de 2013
viernes, 9 de agosto de 2013
jueves, 8 de agosto de 2013
Soy los libros que he leído
"Mis libros están maltratados, sus hojas se desentiendende su encuadernación.
Mis libros tienen manchas de asado, cerveza y vino.
Mis libros duermen en el fondo de cajas de galletitas
invadidas de humedad.
Mis libros de noche, también sueñan: ellos quieren oler a tiza,
involucrarse con una tarea,
formar parte de la educación de un niño.
Mis libros no descansan en una lujosa biblioteca,
sino que pasean de bolso a mochila:
entreverándose entre mis sueños y realidades.
Mis libros (esos pocos o esos muchos) revelan mis secretos,
exponen mis sueños y son el fiel recordatorio de mi realidad.
Por que al fin y al cabo esos libros que tanto amo y que tanto cuentan,
esos libros: soy yo"
Mario Pavón
miércoles, 7 de agosto de 2013
martes, 6 de agosto de 2013
lunes, 5 de agosto de 2013
Fernando Vallejo
sábado, 3 de agosto de 2013
viernes, 2 de agosto de 2013
Hallan en Atapuerca la herramienta de piedra más antigua de Europa occidental

El equipo de investigadores de Atapuerca ha descubierto una roca de sílex por debajo del nivel donde se encontró la mandíbula humana más remota, de 1,2 millones de años, por lo que la nueva pieza podría remontarse a 1,5 millones de años, durante la primera ocupación de Europa occidental. Los científicos también han presentado una escápula infantil de Homo antecessor, la segunda conocida de esta clase.
El grupo de científicos de Atapuerca ha hallado en la Sima del Elefante en Atapuerca (Burgos), un sílex cretácico del denominado ‘modo 1′ –tecnología muy rudimentaria–, en el nivel TE8. Se localiza unos dos metros por debajo del TE9, datado en 1,2 millones de años, donde en 2007 se encontró la mandíbula humana más antigua de Europa occidental.
Por lo tanto, dicha herramienta es todavía más arcaica y se aproxima al límite aceptado para la primera ocupación de Europa occidental, que se sitúa en 1,5 millones de años.
Además se ha dado a conocer una escápula infantil de Homo antecessor, la segunda documentada de un homínido tan antiguo. Este fósil, aunque se descubrió en 2005, ha necesitado siete años de restauración en el Institut Català de Paleoecologia Humana i Evolució Social (IPHES).
Para Eudald Carbonell, codirector del equipo de investigación de Atapuerca (EIA), no hay duda de que uno de los resultados más destacados de la campaña de excavación que finaliza este viernes es el hallazgo en la Sima del Elefante de la herramienta mencionada.
Es más antigua que la mandíbula humana documentada en 2007, y según ha comentado “pensamos que con el nuevo fósil nos acercamos al límite aceptado para la primera ocupación de Europa Occidental que se sitúa en 1,5 millones de años”.
Este hallazgo, junto con los nuevos fósiles de industria lítica aparecidos en otro yacimiento de Atapuerca este verano, “confirma la continuidad del poblamiento humano en Europa desde que este se originó, hace aproximadamente 1,5 millones de años, hasta la aparición de Homo antecessor, hace unos 850.000”, explica Carbonell.
El hallazgo confirma la continuidad del poblamiento humano en Europa desde que se originó
Para el arqueólogo, esto es muy importante porque “contradice las hipótesis planteadas por algunos investigadores que explicaban el primer poblamiento de Europa a partir de la sucesión de pequeñas oleadas de homínidos sin continuidad en el tiempo y condenadas a la extinción ante su incapacidad de adaptarse a los nuevos espacios”.
“Aunque se trata de una industria lítica muy arcaica, ésta ya refleja –prosigue Carbonell– el desarrollo de actividades complejas, como el aprovechamiento de animales caídos en las torcas. Estas actividades implican un cierto control del territorio, al ser necesario leer e interpretar las señales que se producen en el medio cuando un animal cae en una trampa de este estilo, tales como los bramidos de los propios animales o el revoloteo de aves carroñeras en las inmediaciones”.
Más descubrimientos
Pero sin duda, el rey de las cuevas de Atapuerca hace un millón de años fue el Ursus dolinensis, un oso de gran tamaño antepasado directo de los futuros osos de las cavernas (Ursus spelaeus) y muy cercano al ancestro común de los osos pardos actuales. De esta especie se han encontrado varios restos junto al de otros animales como rinocerontes, cérvidos gigantes, gamos, bisontes y asnos silvestres.
Respecto al otro hallazgo, la escápula de Homo antecesor, se encontró en 2005, en el nivel TD6 de Gran Dolina. Perteneció a un niño o niña de entre cuatro y seis años y representa una gran oportunidad de investigar sobre el desarrollo y la locomoción de esta especie.
Este fósil se encontraba literalmente incrustado en un bloque de arcilla calcificada, pero tras siete años de trabajo, el equipo de restauración del IPHES ha conseguido liberarlo. Además ya está en condiciones de ser analizado, tras lo que se expondrá en el Museo de la Evolución Humana de Burgos.
En el registro fósil de los homininos arcaicos, especies que ya se desplazan de forma bípeda, tan sólo se conocen las escápulas de un individuo inmaduro de unos tres años de edad, perteneciente a la especie , localizado en la localidad de Dikika, en Etiopía.
Australopithecus afarensis
Artículo publicado en Servicio de Información y Noticias Científicas (SINC).
jueves, 1 de agosto de 2013
Cien años de soledad. Gabriel García Márquez
" Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo. Macondo era entonces una aldea de veinte casas de barro y cañabrava construida a la orilla de un río de aguas diáfanas que se precipitaban por un lecho de piedras pulidas, blancas y enormes como huevos prehistóricos. El mundo era tan reciente, que muchas cosas carecían de nombre, y para mencionarlas había que señalarlas con el dedo.
(...)
José Arcadio Buendía, que era el hombre más emprendedor que se vería jamás en la aldea, había dispuesto de tal modo la posición de las casas, que desde todas podía llegarse al río y abastecerse de agua con igual esfuerzo, y trazó las calles con tan buen sentido que ninguna casa recibía más sol que otra a la hora del calor. En pocos años, Macondo fue una aldea más ordenada y laboriosa que cualquiera de las conocidas hasta entonces por sus trescientos habitantes. Era en verdad una aldea feliz, donde nadie era mayor de treinta años y donde nadie había muerto.
(...)
Vio una mujer vestida de oro en el cogote de un elefante. Vio un dromedario triste. Vio un oso vestido de holandesa que marcaba el compás de la música con un cucharón y una cacerola. Vio a los payasos haciendo maromas en la cola del desfile, y le vio otra vez la cara a su soledad miserable cuando todo acabó de pasar, y no quedó sino el luminoso espacio en la calle, y el aire lleno de hormigas voladoras, y unos cuantos curiosos asomados al precipicio de la incertidumbre. Entonces fue el castaño, pensando en el circo, y mientras orinaba trató de seguir pensando en el circo, pero ya no encontró el recuerdo. Metió la cabeza entre los hombros, como un pollito, y se quedó inmóvil con la frente apoyada en el tronco del castaño.
(...)
En aquél Macondo olvidado hasta por los pájaros, dónde el polvo y el calor se habían hecho tan tenaces que costaba trabajo respirar, recluidos por la soledad y el amor y por la soledad del amor en una casa dónde era casi imposible dormir por el estruendo de las hormigas coloradas, Aureliano y Amaranta Ursula eran los únicos seres felices, y los más felices sobre la tierra. "
(...)
José Arcadio Buendía, que era el hombre más emprendedor que se vería jamás en la aldea, había dispuesto de tal modo la posición de las casas, que desde todas podía llegarse al río y abastecerse de agua con igual esfuerzo, y trazó las calles con tan buen sentido que ninguna casa recibía más sol que otra a la hora del calor. En pocos años, Macondo fue una aldea más ordenada y laboriosa que cualquiera de las conocidas hasta entonces por sus trescientos habitantes. Era en verdad una aldea feliz, donde nadie era mayor de treinta años y donde nadie había muerto.
(...)
Vio una mujer vestida de oro en el cogote de un elefante. Vio un dromedario triste. Vio un oso vestido de holandesa que marcaba el compás de la música con un cucharón y una cacerola. Vio a los payasos haciendo maromas en la cola del desfile, y le vio otra vez la cara a su soledad miserable cuando todo acabó de pasar, y no quedó sino el luminoso espacio en la calle, y el aire lleno de hormigas voladoras, y unos cuantos curiosos asomados al precipicio de la incertidumbre. Entonces fue el castaño, pensando en el circo, y mientras orinaba trató de seguir pensando en el circo, pero ya no encontró el recuerdo. Metió la cabeza entre los hombros, como un pollito, y se quedó inmóvil con la frente apoyada en el tronco del castaño.
(...)
En aquél Macondo olvidado hasta por los pájaros, dónde el polvo y el calor se habían hecho tan tenaces que costaba trabajo respirar, recluidos por la soledad y el amor y por la soledad del amor en una casa dónde era casi imposible dormir por el estruendo de las hormigas coloradas, Aureliano y Amaranta Ursula eran los únicos seres felices, y los más felices sobre la tierra. "
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