miércoles, 17 de septiembre de 2014

No es trabajo de hombres









El fotógrafo Anthony Kurtz viajó a Senegal en 2011 como voluntario de la organización Walking Tree. Allí dedicó diez días a documentar las vidas de las mujeres que se ganan la vida en los talleres mecánicos de la capital, Dakar. Las mujeres de su serie, titulada No Man's Job (No es trabajo de hombres) destilan coraje. Kurtz se encontró con los propietarias de algunos de estos talleres, mujeres que allanaron el camino en un mundo dominado fundamentalmente por hombres.

lunes, 15 de septiembre de 2014

Sigue

"Sigue, sigue adelante y no regreses,
fiel hasta el fin del camino y tu vida,
no eches de menos un destino más fácil,
tus pies sobre la tierra antes no hollada,
tus ojos frente a lo antes nunca visto"

Luís Cernuda

jueves, 11 de septiembre de 2014

Yo también soy catalán

“Yo también soy catalán”. Este será el lema principal de las manifestaciones que se están organizando ya en diversas capitales de provincia españolas para la víspera de la Diada. Persiguen apoyar a “los catalanes a los que el independentismo quiere convertir en extranjeros en su propia tierra”.


miércoles, 10 de septiembre de 2014

Omidi Asadi

El iraní Omidi Asadi realiza su trabajo sobre hojas caídas de los árboles utilizando un cuchillo y una aguja:








martes, 9 de septiembre de 2014

World Press Photo

Del 12 de septiembre al 12 de octubre el Círculo de Bellas Artes vuelve a acoger los mejores trabajos de los fotógrafos participantes en el certamen "World Press Photo 2014"


 Estudiantes albinos invidentes en la residencia del Vivekananda Mission School, un internado para ciegos, en Bengala Occidental, India. La escuela enseña habilidades vitales a niños ciegos de entornos desfavorecidos; si no fuera así, los pequeños se verían obligados a mendigar para vivir.


 Unas personas desplazadas por el conflicto en Siria se alojan en refugios improvisados en el gimnasio de una escuela abandonada de Sofía, Bulgaria. Este recinto sirvió como un centro de recepción y proporcionaba alojamiento a los refugiados recién llegados. La cifra de solicitudes de asilo en la frontera de Turquía-Bulgaria aumentó durante 2013, hasta llegar a unos 8.000. La mayoría procedía de Siria o Afganistán. Bulgaria, uno de los países más pobres de la Unión Europea, apenas podía enfrentarse a la gran afluencia. El centro de recepción carecía de calefacción y agua caliente, y el gobierno no podía hacer frente al suministro de alimentos o medicamentos. Los países de todo el mundo ofrecieron 18.000 plazas de asilo a los cerca de 2,4 millones de refugiados sirios.


 Hannah (7) y Alena (9) son dos hermanas que viven en Merkenbrechts, una localidad de 170 habitantes en el Waldviertel, una zona rural aislada de Austria, cerca de la frontera checa. Tienen dos hermanos mayores, pero pasan la mayor parte del tiempo juntas disfrutando de una vida sin preocupaciones, nadando, al aire libre, y ocupadas con juegos en casa.


Inmigrantes africanos, a orillas de la ciudad de Yibuti, levantan sus teléfonos móviles en un intento por captar una señal de bajo coste de la vecina Somalia para mantener el contacto con sus familiares en el extranjero. Yibuti es un punto de parada habitual en la ruta de los inmigrantes de Somalia, Etiopía y Eritrea hacia Europa y Oriente Medio, en busca de una vida mejor.


 Los soldados del Ejército Kachin para la Independencia (KIA, por sus siglas en inglés) cantan juntos en el funeral de uno de sus comandantes, en la ciudad de Laiza, en el estado de Kachin, al norte de Birmania (Myanmar). La ciudad estaba sitiada por el ejército birmano. La rebelión de Kachin fue una de una serie de revueltas étnicas que surgió después de que la junta, que había gobernado el país durante más de 40 años, comenzara a mostrarse más flexible y próxima a la democracia. El estado de Kachin había obtenido el estatus de semiautonomía poco después de que Birmania recuperara su independencia en 1948. En la década de 1960, los kachin lanzaron una ofensiva insurgente contra el gobierno central de Myanmar, exigiendo una mayor autonomía. En 1994 se negoció el alto el fuego, pero KIA se negó a renunciar por completo a las armas y, así, conservó algunas de sus bases en la selva. En 2011 estalló de nuevo el conflicto.


El 21 de septiembre, unos hombres armados y enmascarados abrieron fuego en el centro comercial Westgate, en Nairobi, Kenia. Este centro comercial de lujo era un punto de encuentro entre los expatriados y la elite keniana. En un asedio que duró cuatro días, murieron al menos sesenta personas y más de doscientas resultaron heridas. Los cuatro principales asaltantes fueron asesinados; otros hombres fueron, más tarde, acusados de complicidad. Los cuatro hombres armados eran todos de origen somalí. El grupo yihadista somalí al-Shabaab reivindicó la responsabilidad del ataque, afirmando que se trataba de una advertencia a Kenia para que retirara sus tropas de Somalia, donde forman parte de las fuerzas de paz de la Unión Africana en conflicto con los militantes. Una mujer y dos niños se esconden durante el ataque. Consiguieron escapar ilesos. 


Una mujer marcha decepcionada al cierre del tercer y último día de la capilla ardiente del antiguo presidente Nelson Mandela, en Union Buildings, Pretoria, el 13 de diciembre. Mandela murió el 5 de diciembre, a los 95 años de edad, tras una prolongada infección respiratoria. Más de cien mil personas esperaron en fila para mostrarle sus respetos, pero muchos no pudieron acceder a tiempo para desfilar ante el ataúd.


 Culturistas egipcios posan con sus madres. En Egipto, perfeccionar la propia constitución física es una actividad popular, y puede ser una fuente de orgullo para la familia. 
Aid y su madre.

 A menudo la violencia doméstica se concibe como un crimen privado, escondido, disculpado u ocultado, incluso por parte de las víctimas. Maggie (19) vive en Ohio, con sus hijos Kayden (4) y Memphis (2). Su pareja desde hace unos meses, Shane (31), ha tenido problemas de adicción y, además, ha pasado una gran parte de su vida en prisión. Una noche estalló una discusión violenta entre ellos después de volver del bar. Shane le dijo a Maggie que podría escoger entre ser golpeada en la cocina, donde estaba presente un amigo, o bajar al sótano para hablar en privado. Maggie se negó a permanecer a solas con él, por lo que se incrementó la intensidad de su ira. Shane fue arrestado gracias a que un morador de la casa llamó a la policía. Fue condenado a nueve meses de prisión


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Las víctimas yacen entre los escombros un día después del derrumbe del edificio Rana Plaza, que alojaba cinco fábricas textiles, en Savar, Bangladesh. Se desconoce la relación entre las dos personas. Durante los días posteriores al desastre, los familiares consiguieron identificar más de 800 cuerpos, tanto visualmente como mediante la utilización de tarjetas de identificación. Otros familiares se vieron obligados a proporcionar muestras de ADN, pero meses después del incidente muchos todavía no habían conseguido identificar a sus familiares. Este accidente ha sido uno de los peores, a nivel industrial, de la historia.
Los trabajadores confeccionaban ropa para conocidas marcas occidentales. El desastre puso de relieve las peligrosas condiciones en las que viven los trabajadores de esta industria en Bangladesh, que mueve cerca de 16 mil millones de €, y en la que muchos no reciben un salario superior a los 30 € mensuales. Sólo unas cuantas de las marcas clientes de estas fábricas acudieron a una reunión en Ginebra convocada a raíz del accidente del Rana Plaza. Cuatro de ellos contribuyeron con el fondo de compensación para las familias y sus víctimas.




 Pablo MacDonough cae en un partido durante el Campeonato Argentino Abierto de Polo, el 1 de diciembre. Como parte del Grand Slam internacional, esta competición es la más importante del mundo a nivel de clubes, y se celebra cada año desde 1893. A nivel individual, MacDonough quedó en la 5.ª posición. Su equipo, La Dolfina, ganó el campeonato.


Diez días después de que el tifón Haiyan tocara tierra, los supervivientes llevan imágenes religiosas en Tolosa, en la isla de Leyte, Filipinas central. Haiyan, uno de los tifones más fuertes jamás registrados, causó estragos en 47 provincias y provocó una destrucción extraordinaria. Más de un millón de casas resultaron dañadas, la mitad de ellas totalmente destruidas, y más de cuatro millones de personas tuvieron que abandonar sus hogares. Muchos lugares quedaron sin suministro eléctrico ni de agua durante semanas, y toda esta devastación en la infraestructura dificultó en gran medida la distribución de alimentos y recursos médicos. Muchas personas se desplazaron a regiones menos afectadas, tales como Manila, la capital; algunas ciudades llegaron a casi doblar su población.

viernes, 5 de septiembre de 2014

12 zapatos para 12 amantes

12 Zapatos para 12 Amantes", por el diseñador neoyorquino, de origen chileno, Sebastián Errázuriz, refleja el recuerdo de las relaciones personales y sexuales del artista con sus antiguas amantes, cada uno de las cuales se convirtió en inspiración de su serie de esculturas de zapatos. 













martes, 2 de septiembre de 2014

Roque Dalton

Y, sin embargo, amor, a través de las lágrimas...
Y, sin embargo, amor, a través de las lágrimas,
yo sabía que al fin iba a quedarme
desnudo en la ribera de la risa.

Aquí,
hoy,
digo:
siempre recordaré tu desnudez entre mis manos,
tu olor a disfrutada madera de sándalo
clavada junto al sol de la mañana;
tu risa de muchacha,
o de arroyo,
o de pájaro;
tus manos largas y amantes
como un lirio traidor a tus antiguos colores;
tu voz,
tus ojos,
lo de abarcable en ti que entre mis pasos
pensaba sostener con las palabras.
Pero ya no habrá tiempo de llorar.
ha terminado
la hora de la ceniza para mi corazón:

Hace frío sin ti,
pero se vive.

lunes, 1 de septiembre de 2014

ES LA GUERRA SANTA, IDIOTAS. Arturo Pérez-Rerverte

ES LA GUERRA SANTA, IDIOTAS

Pinchos morunos y cerveza. A la sombra de la antigua muralla de Melilla, mi interlocutor -treinta años de cómplice amistad- se recuesta en la silla y sonríe, amargo. «No se dan cuenta, esos idiotas -dice-. Es una guerra, y estamos metidos en ella. Es la tercera guerra mundial, y no se dan cuenta». Mi amigo sabe de qué habla, pues desde hace mucho es soldado en esa guerra. Soldado anónimo, sin uniforme. De los que a menudo tuvieron que dormir con una pistola debajo de la almohada. «Es una guerra -insiste metiendo el bigote en la espuma de la cerveza-. Y la estamos perdiendo por nuestra estupidez. Sonriendo al enemigo».

Mientras escucho, pienso en el enemigo. Y no necesito forzar la imaginación, pues durante parte de mi vida habité ese territorio. Costumbres, métodos, manera de ejercer la violencia. Todo me es familiar. Todo se repite, como se repite la Historia desde los tiempos de los turcos, Constantinopla y las Cruzadas. Incluso desde las Termópilas. Como se repitió en aquel Irán, donde los incautos de allí y los imbéciles de aquí aplaudían la caída del Sha y la llegada del libertador Jomeini y sus ayatollás. Como se repitió en el babeo indiscriminado ante las diversas primaveras árabes, que al final -sorpresa para los idiotas profesionales- resultaron ser preludios de muy negros inviernos. Inviernos que son de esperar, por otra parte, cuando las palabras libertad y democracia, conceptos occidentales que nuestra ignorancia nos hace creer exportables en frío, por las buenas, fiadas a la bondad del corazón humano, acaban siendo administradas por curas, imanes, sacerdotes o como queramos llamarlos, fanáticos con turbante o sin él, que tarde o temprano hacen verdad de nuevo, entre sus también fanáticos feligreses, lo que escribió el barón Holbach en el siglo XVIII: «Cuando los hombres creen no temer más que a su dios, no se detienen en general ante nada».

Porque es la Yihad, idiotas. Es la guerra santa. Lo sabe mi amigo en Melilla, lo sé yo en mi pequeña parcela de experiencia personal, lo sabe el que haya estado allí. Lo sabe quien haya leído Historia, o sea capaz de encarar los periódicos y la tele con lucidez. Lo sabe quien busque en Internet los miles de vídeos y fotografías de ejecuciones, de cabezas cortadas, de críos mostrando sonrientes a los degollados por sus padres, de mujeres y niños violados por infieles al Islam, de adúlteras lapidadas -cómo callan en eso las ultrafeministas, tan sensibles para otras chorradas-, de criminales cortando cuellos en vivo mientras gritan «Alá Ajbar» y docenas de espectadores lo graban con sus putos teléfonos móviles. Lo sabe quien lea las pancartas que un niño musulmán -no en Iraq, sino en Australia- exhibe con el texto: «Degollad a quien insulte al Profeta». Lo sabe quien vea la pancarta exhibida por un joven estudiante musulmán -no en Damasco, sino en Londres- donde advierte: «Usaremos vuestra democracia para destruir vuestra democracia».

A Occidente, a Europa, le costó siglos de sufrimiento alcanzar la libertad de la que hoy goza. Poder ser adúltera sin que te lapiden, o blasfemar sin que te quemen o que te cuelguen de una grúa. Ponerte falda corta sin que te llamen puta. Gozamos las ventajas de esa lucha, ganada tras muchos combates contra nuestros propios fanatismos, en la que demasiada gente buena perdió la vida: combates que Occidente libró cuando era joven y aún tenía fe. Pero ahora los jóvenes son otros: el niño de la pancarta, el cortador de cabezas, el fanático dispuesto a llevarse por delante a treinta infieles e ir al Paraíso. En términos históricos, ellos son los nuevos bárbaros. Europa, donde nació la libertad, es vieja, demagoga y cobarde; mientras que el Islam radical es joven, valiente, y tiene hambre, desesperación, y los cojones, ellos y ellas, muy puestos en su sitio. Dar mala imagen en Youtube les importa un rábano: al contrario, es otra arma en su guerra. Trabajan con su dios en una mano y el terror en la otra, para su propia clientela. Para un Islam que podría ser pacífico y liberal, que a menudo lo desea, pero que nunca puede lograrlo del todo, atrapado en sus propias contradicciones socioteológicas. Creer que eso se soluciona negociando o mirando a otra parte, es mucho más que una inmensa gilipollez. Es un suicidio. Vean Internet, insisto, y díganme qué diablos vamos a negociar. Y con quién. Es una guerra, y no hay otra que afrontarla. Asumirla sin complejos. Porque el frente de combate no está sólo allí, al otro lado del televisor, sino también aquí. En el corazón mismo de Roma. Porque -creo que lo escribí hace tiempo, aunque igual no fui yo- es contradictorio, peligroso, y hasta imposible, disfrutar de las ventajas de ser romano y al mismo tiempo aplaudir a los bárbaros.

Arturo Pérez Reverte. XLSemanal, 31 de Agosto de 2014