domingo, 12 de octubre de 2014
sábado, 11 de octubre de 2014
viernes, 10 de octubre de 2014
Carta desde Siera Leona (II)
La verdad es no esperaba ni remotamente que la carta que mandé ayer sobre el ébola y las medidas de protección que utilizamos en Sierra leona fuera a tener tanta repercusión, pero en el fondo me alegra la respuesta. Pienso que demuestra el interés por parte de la gente por ver las cosas desde otro punto de vista. He recibido muchos correos y comentarios, muchísimos, en serio, la mayoría de apoyo a la labor que hacemos y agradeciendo que explicara las cosas de otra manera. También hay algunos no tan amistosos acusándome de querer aprovechar la coyuntura para subirme al carro (¿?) y hacer leña del árbol caído. La verdad es que desde siempre respeto a todo el mundo y todas las opiniones. Creo que tengo una mente abierta gracias en parte a los más de 20 años que llevo trabajando en ayuda humanitaria de emergencia en más de 20 países. Conocer tantas culturas y gentes diferentes enriquece y te abre la mente en canal. Mi única intención ayer era explicar lo que aquí, donde está la enfermedad en toda su amplitud, hacemos para luchar y protegernos contra ella.
No entro en política, no juzgo si se debía o no trasladar a los enfermos a España, no sé nada de la historia del perro que ha sido sacrificado, no sé si está bien o mal, no quiero entrar en esas polémicas, lo único que puedo decir es que aquí en Sierra Leona no se sacrifica a los animales de las personas infectadas. Quizás son razones culturales o de economía doméstica. He comentado el tema con compañeros de la OMS (Organización Mundial de la Salud) y me dicen que no hay reglas ni protocolos que obliguen a ello, a no ser que se demuestre que el animal está infectado, pero quizás en España la normativa de Salud Pública obliga a ello.
No pensaba escribir más ni seguir con el tema, pero he leído una carta de mi colega Juan Manuel Parra, el médico que atendió de urgencia a Teresa, y creo que es un valiente de verdad y quiero darle ánimos y mandarle todo mi apoyo.
Cuando he leído tu carta no me podía creer lo que contabas, no daba crédito a tantas "infracciones o descuidos" en las medidas y protocolos estándar de protección y aislamiento. No voy a meterme en el juego de ir uno por uno criticando, intento ser constructivo, aunque algunos piensen que me aprovecho de la situación. Solo te voy a decir lo que hacemos aquí.
No entro en política, no juzgo si se debía o no trasladar a los enfermos a España, no sé nada de la historia del perro que ha sido sacrificado, no sé si está bien o mal, no quiero entrar en esas polémicas, lo único que puedo decir es que aquí en Sierra Leona no se sacrifica a los animales de las personas infectadas. Quizás son razones culturales o de economía doméstica. He comentado el tema con compañeros de la OMS (Organización Mundial de la Salud) y me dicen que no hay reglas ni protocolos que obliguen a ello, a no ser que se demuestre que el animal está infectado, pero quizás en España la normativa de Salud Pública obliga a ello.
No pensaba escribir más ni seguir con el tema, pero he leído una carta de mi colega Juan Manuel Parra, el médico que atendió de urgencia a Teresa, y creo que es un valiente de verdad y quiero darle ánimos y mandarle todo mi apoyo.
Cuando he leído tu carta no me podía creer lo que contabas, no daba crédito a tantas "infracciones o descuidos" en las medidas y protocolos estándar de protección y aislamiento. No voy a meterme en el juego de ir uno por uno criticando, intento ser constructivo, aunque algunos piensen que me aprovecho de la situación. Solo te voy a decir lo que hacemos aquí.
Cualquier unidad sanitaria que esté dedicada a recibir o tratar enfermos de ébola, ya sean sospechosos, probables o confirmados (son las tres categorías que manejamos) dentro o fuera de una estructura sanitaria mayor (por ejemplo, dentro de un hospital), sigue obligatoriamente unas reglas en relación con la infraestructura, el flujo de personas y el personal que trabaja en ella.
Se establecen claramente dos zonas, de bajo y alto riesgo, totalmente aisladas del resto de la estructura sanitaria. En las zonas de alto riesgo, se ingresa a los pacientes en diferentes salas, según son sospechosos, probables o confirmados. Y es donde se realiza la toma de muestras. Las extracciones de sangre para los tests se realizan en la zona de alto riesgo por personal cualificado y debidamente protegido, y son trasladadas al laboratorio bajo estrictas medidas de aislamiento y seguridad, siguiendo protocolos de la OMS y CDC (Centro de Enfermedades Transmisibles de Atlanta).
Todo lo que se utiliza en las zonas de alto riesgo (material médico, trajes de protección, vasijas y recipientes de plástico, etc.) que no pueda ser debidamente lavado y desinfectado (como los pijamas sanitarios que utiliza el personal, las botas de goma, las gafas -googles-, delantales y guantes de caucho, etc.) se destruye en la misma zona de aislamiento: nada, absolutamente nada, sale de la unidad.
No está permitido el acceso, ni siquiera en la zona de bajo riesgo, si no es personal del mismo o debidamente autorizado. Nadie, absolutamente nadie, entra en la zona de alto riesgo sin llevar correctamente colocado (supervisado por un compañero) el traje de protección (nivel 4) y nadie sale de la zona de alto riesgo sin seguir estrictamente el protocolo y las medidas y reglas (por riguroso orden) que hay que seguir y que son supervisadas por dos técnicos, uno que está continuamente desinfectando con espray de agua clorada y otro que está solo para recordar las reglas y el orden, a todo el mundo, incluso a los que entran todos los días 2 o 3 veces.
Creo, Dr. Parra, por lo que relata en su informe, que muchas de estas normas y protocolos que aquí seguimos no se cumplieron en el centro donde usted trató a la paciente. Es usted un valiente por contarlo y por aceptar voluntariamente la posibilidad de estar infectado, y tiene todo mi respeto y admiración. Muchas personas, incluidos colegas, deberían tener su valor y aceptar errores (si los hubo) para empezar a buscar soluciones (si se necesitan).
Quiero aprovechar este medio para hacer un comentario sobre algo que he leído hoy y que todavía no acabo de creerme. He leído que el consejero de Sanidad de la Comunidad de Madrid (no me molesto en poner su nombre) se permite la licencia de hacer un chascarrillo sobre si para colocarse un traje hay que hacer un máster. Discúlpeme usted, caballero, pero ni es gracioso ni oportuno, ni mucho menos ayuda para nada al problema. Es cierto, nosotros, que nos colocamos el traje, no hemos hecho un máster. Porque es verdad, no es necesario. Quizás para ser consejero de Sanidad sí es necesario, pero ya he explicado que no es una cosa sencilla y banal como da a entender, y mucho menos depende de la capacidad de aprendizaje.
Sr. consejero, está usted fuera, muy fuera, a muchos pueblos de distancia de la realidad. Lo menos que puede hacer es pedir perdón, porque ofende a mis colegas (ignoro si usted lo es) y se permite hacer juicios e ironías jocosas cuando la vida de una (o más) personas está en juego. ¿Va usted a dormir más tranquilo pensando que Teresa mintió y que los trajes de protección (PPE) son solo para listos? Como decía mi admirado Jose Mota, "va usted a la....."
Carta desde Sierra Leona (I)
Soy un médico español en Sierra Leona trabajando con una ONG en el tema del ébola que, como ya saben, está azotando a una parte de África desde hace más de 6 meses, y que ahora, desgraciadamente, ha llegado a España. Se trata del primer caso de contagio directo de ébola fuera de un país africano en la historia de la enfermedad.
Estamos poniendo en marcha en Bo, que es la segunda ciudad del país, un centro de aislamiento y tratamiento de pacientes de ébola, casos sospechosos y confirmados, que son acogidos en el centro en cuanto aparecen los primeros síntomas, generalmente fiebre, que es cuando la enfermedad empieza a ser potencialmente contagiosa. A los pacientes se les hace el correspondiente test y los cuidamos hasta que tenemos el resultado del laboratorio. Si es negativo, el paciente se va a casa, pero un equipo sanitario les visita a diario y hace un seguimiento del paciente y sus más allegados durante 3 semanas. En caso de que el resultado del laboratorio sea positivo, se inicia el cuidado intensivo y tratamiento del paciente.
Así funciona esto en un país donde hay, hasta el momento, más de 2.400 casos positivos y casi 700 muertes, según informes del Ministerio de Salud. Aunque probablemente sean más, porque las comunicaciones no funcionan muy bien y es posible que haya muchos casos que se pierden. Ya es sabido, gracias a la gran difusión mediática de este problema, que cada persona infectada puede infectar de 2 a 6 personas.
Señora ministra de Sanidad, con todos mis respetos, algo ha fallado. Y sinceramente, creo que las informaciones que se están dando en los medios de comunicación en España sobre el triste y lamentable caso de la colega infectada, sin dejar de ser ciertas, no son del todo exactas. Aquí, en el terreno, donde se vive el día a día de esta enfermedad, tenemos otra manera de ver las cosas, y seguramente otras respuestas muy diferentes a las que el Gobierno y algunos colegas están dando.
No es mi intención angustiar a nadie ni crear situaciones alarmistas, pero se está maquillando la verdad. O no se están diciendo las cosas claras. No quiero creer que sea a propósito, prefiero pensar que es por desconocimiento del tema, y por no saber muy bien de lo que se habla.
Usted debe tener conocimiento a estas alturas de que los equipos de protección personal, técnicamente llamados PPE (Personal Protection Equipment, aunque los llamaré trajes, para abreviar) que se usaron como protección no eran los adecuados para esta enfermedad. Como ya debe saber, la OMS tiene diferentes grados de protección según la enfermedad a la que se hace frente, y el ébola requiere el nivel más alto de protección por su gravedad, su alto riesgo de contagio y, sobre todo, por el poco conocimiento que los profesionales tenemos de la misma. El traje adecuado aísla completamente del entorno, no hay ni una micra de piel sin protección, sin cubrir, y algunos de los elementos son dobles, como es el caso de los guantes.
Los compañeros que entran regularmente a una zona de riesgo, zona de aislamiento o que puedan estar en algún momento en contacto con pacientes sospechosos o confirmados, además de llevar el traje, reciben un entrenamiento de 2 semanas en un centro adecuado y por profesionales cualificados. En nuestro caso, aquí en Sierra Leona, es Médicos Sin Fronteras quien nos da el entrenamiento, probablemente los profesionales con más y mejor experiencia, los que mejor saben tratar y gestionar el ébola.
Las medidas de protección son muchas más que el traje de protección, y se llevan a efecto constantemente (espray con agua clorada, recipientes para lavado de manos con agua clorada en cada esquina, desinfección con este mismo tipo de agua para suelas de zapatos, etc.). Solo para darle una idea: la colocación correcta del traje (PPE) lleva unos 10 minutos, y la retirada del mismo es un proceso de unos 20 a 25 minutos donde se siguen estrictamente unos pasos ordenados y bajo la supervisión de dos personas: una, continuamente desinfectando con espray; y otra, recordando los pasos que hay que seguir. Incluso los más expertos en el tema, los que entran a diario en las zonas de riesgo varias veces -porque no se puede estar con un traje de este tipo más de una hora por peligro de deshidratación-, incluso los más habituados al largo y tedioso proceso de poner y quitar el equipo de protección personal, se olvidan a veces de algún paso o se equivocan en el orden de los procesos y protocolos, y eso puede llevar al contagio.
Para muestra un dato: más del 90% de los trabajadores de salud infectados (que son muchísimos), se infectaron por no seguir los protocolos adecuados o por no llevar el traje adecuado, todos por fallo humano. El otro 10% se contagiaron fuera del entorno de trabajo, por algún familiar, relaciones sexuales, etc.
En fin, no quiero aburrirles más, pero es todo muy complejo y no es de extrañar que lamentablemente haya habido un contagio. Ojalá que se quede solo en eso y se aprenda de los errores (si los hubo) y, por encima de todo, que todo vaya bien para la colega infectada.
Atentamente
Dr. Jose Maria Echevarría
jueves, 9 de octubre de 2014
Hubo una vez
Hubo una vez
que me amó, en el futuro.
Eternamente
fiel al recuerdo aguardo
que llegue ese momento
Después de todo
morir es un triunfo,
nadie diría
que ha vencido a la vida
sin deshacerse de ella.
Ya ni recuerdo
cómo era, no consigo
hacer volar
de nuevo la abatida
cometa de mi infancia.
Con tu belleza
se irá mi voz ¿ Por qué
pensar que en el
otoño de la vida
no caería esta hoja?
Javier Almuzara
que me amó, en el futuro.Eternamente
fiel al recuerdo aguardo
que llegue ese momento
Después de todo
morir es un triunfo,
nadie diría
que ha vencido a la vida
sin deshacerse de ella.
Ya ni recuerdo
cómo era, no consigo
hacer volar
de nuevo la abatida
cometa de mi infancia.
Con tu belleza
se irá mi voz ¿ Por qué
pensar que en el
otoño de la vida
no caería esta hoja?
Javier Almuzara
miércoles, 8 de octubre de 2014
Aprender a decir no
No todo el mundo es capaz de decir no. Consideramos, quizás equivocadamente, que frustrar las expectativas de los demás crea una imagen egoísta de nosotros. En definitiva, nos cuesta sostener la capacidad de decepcionar. Si no somos capaces de aceptar la decepción, difícilmente lograremos un alto grado de libertad personal.
Nos cuesta decir que no porque tenemos en cuenta a los demás. Si no fuera así, nos importaría bien poco distinguir entre un sí y un no. Pero resulta que los demás nos importan más de lo que decimos que nos importan. Tenemos en cuenta a los demás porque valoramos, y también calculamos, los beneficios y los costes de cualquier relación. Un sí o un no pueden cambiarlo todo. Una actitud muy humana es la de procurar influenciar en la conducta del otro, sobre todo a nuestra favor. Es por eso que medimos los efectos de nuestra conducta tanto verbal, como no verbal. Los problemas, por lo general, suelen venir cuando por exceso de espontaneidad, o por no tener en cuenta el contexto, el alcance y el clima de la relación, se dicen cosas que favorecen el malentendido o las malditas presuposiciones.
Si medimos los efectos de nuestra conducta, no cabe duda que la más inquietante es la negación. Consideramos, quizás equivocadamente, que frustrar las expectativas de los demás es malo, feo, sabe mal, nos hace quedar mal y crea una imagen egoísta de nosotros. No hay nada peor que decir que no cuando lo que se espera es un sí clamoroso. ¿Qué es lo que en realidad nos sabe mal? No poder cumplimentar el deseo que alguien ha puesto en nosotros. Es como si se depositara una confianza que quedará rota por nuestra negativa. Es como si le cortásemos el paso, como si le dejáramos huérfano de sus ilusiones. Parece que causemos un disgusto.
No obstante, también nos resistimos al no porque no sabemos cómo expresarlo, como decirlo sin que parezca una bofetada en toda la cara. Nos cuesta afirmarnos a nosotros mismos. Nos cuesta incluso ser honestos con nosotros mismos y con los demás. Nos cuesta mostrarnos en lo que somos y vivimos. Nos cuesta, digámoslo claro, sostener la capacidad de decepcionar. Si no somos capaces de aceptar la decepción, difícilmente lograremos un alto grado de libertad personal. Porque al decepcionar no hacemos otra cosa que romper con la imagen que se han creado de nosotros. Y, muy a menudo, el no atreverse a decir no es porque evitamos la decepción ajena. Temer por esa decepción es esclavizarse a ser la imagen construida de cómo deberíamos ser. Y hasta ahí podríamos llegar. En su lugar, intentamos hacer piruetas lingüísticas de lo más rebuscadas. En ese sentido, tiene razón el profesor Steven Pinker cuando afirma que “cuando las personas hablamos nos andamos con rodeos, disimulamos mucho, nos andamos por las ramas, titubeamos y adoptamos otras formas de vaguedad y de segundo sentido. Todos lo hacemos y esperamos que los otros lo hagan también, y al mismo tiempo decimos que añoramos hablar sin rodeos, que la gente vaya al asunto y diga lo que quiere decir, así de sencillo. Tal hipocresía es un universal humano. Hasta en las sociedades más francas, las personas no se limitan a soltar lo que quieren decir, sino que ocultan sus intenciones en diversas formas de cortesía, evasión y eufemismo”.
Abordar la dificultad en decir que no entraña un ejercicio de transitar sobre dos raíles fundamentales: uno tiene que ver con nuestros estilos comunicativos, faltados de eso que los ingleses llaman la asertividad. El otro raíl es la dificultad en afirmarse a uno mismo. Y cuando esto sucede significa que los mecanismos de seguridad y confianza personal están bajo mínimos. Cuando uno está dispuesto a respetarse, a actuar honestamente, a no temer decepcionar, a confiar en la capacidad de encontrar el acuerdo con el otro, no teme tanto el afirmar como el negar. Cuando se procede así, se produce el efecto contrario del temido: somos respetados por nuestra decisión. Lo que fastidia es la duda, el rodeo y la mentira. La autenticidad suele caer del lado del aprecio.
Vale la pena tener en cuenta lo siguiente: allá dónde decimos no estamos abriendo nuevas posibilidades, sólo que lo hacemos negando otras. Allá donde decimos que sí, aceptamos el mundo que se abre ante nosotros, aunque dejamos de mirar otras opciones. Se trata de tomar partido, a sabiendas que detrás de la elección se esconden posibilidades y a la vez renuncias. Sólo que tenemos miedo. Nos gustaría no equivocarnos. Y también por eso procuramos evitar posteriores sentimientos de culpa. Así, ensartados entre el miedo y la culpa, cuesta afirmarse a uno mismo. Ante el problema de decir que no, tenga presente los siete principios de la asertividad:
1. Puede hacerse respetar por los demás.
2. Reclame aquello que considere sus derechos.
3. Es imposible que todo el mundo le quiera.
4. Piense en usted positivamente.
5. No se deprima, actúe.
6. No se esconda de los demás.
7. Qué importancia tiene que salga mal, mientras se haya afirmado.
No hay que temer la decepción si uno actúa con dignidad. Es mejor tener pocas expectativas sobre uno mismo y los demás. Esos son los atributos que anteceden a la persona sabia.
Sin sentimiento de culpa. Raquel Molero Martínez. Psicóloga
Me lo prestas?”, “una amistad lo vale todo”, “si me quisieras lo harías”, “¡me dijiste que sí!”, “hazlo por mí”, “no seas egoísta”… ¿Cuántas veces estas afirmaciones han hecho que digamos que sí cuando en realidad no queríamos? Esto sucede en muchas ocasiones motivado por el miedo a defraudar a los demás, a que cambien lo que piensan de nosotros o a perderles.
Vivimos en un mundo centrado en la imagen que proyectamos, tratando de que el otro vea exactamente aquello de nosotros que hemos tardado tanto tiempo en construir, la parte que podemos mostrar sin sentirnos inadecuados, rechazados o infravalorados. Así, cualquier cosa que haga tambalear esta imagen proyectada hace que tengamos miedo. Miedo a ser nosotros, a mostrar lo que de verdad queremos o sentimos, miedo a perder el estatus o la aprobación. Y ese miedo hace que vayamos cediendo, aceptando, dejando que los demás ganen espacio y perdiendo el nuestro. Como resultado, cada vez nos sentimos más inseguros, más frágiles y más lejos de nuestra felicidad; lo que dificulta nuestra evolución personal.
Comunicarnos de forma eficiente se vuelve a veces un proceso complejo. Mantener relaciones satisfactorias con otras personas facilita la autoestima; no obstante es necesario que aprendamos a poner nuestros propios límites a los demás; eso evitará que en muchas ocasiones nos sintamos frustrados o incluso manipulados.
¿Cómo puedo conseguir decir que no de una forma efectiva?
Priorízate. Aprende a decir primero que sí. Di sí a tus valores, sí a tus espacios, sí a tus derechos y creencias. Hay que partir de la autoaceptación para conseguir el cambio. Aceptarnos y saber dónde estamos y lo que queremos es el primer paso.
Cambia la perspectiva. Evitar hacer determinados juicios sobre ti mismo puede resultarte de ayuda. Conecta con tus necesidades y atiende a lo que quieres y lo que necesitas. Hemos de buscar un equilibrio que nos permita ser tolerantes y comprensivos con los demás y a la vez con nosotros. Prepárate para rectificar. De inicio muchas veces el otro está preparado para tu negativa y va a intentar convencerte. Es probable que acabes diciendo que sí, así que tendrás que preparar tu discurso para un no posterior.
Di no sin justificaciones, sin poner excusas o pedir que te comprendan; con voz firme y manteniendo la mirada. No dejes que el sentimiento de culpa gane la partida y cree en ti y en tus valores.
martes, 7 de octubre de 2014
lunes, 6 de octubre de 2014
Sesión fotográfica en los Alpes
Las paredes de roca escarpada o nevada, las fuertes corrientes de la cumbre de una montaña helada son lugares difíciles para crear obras de arte fotográficas a gran escala, pero eso es exactamente a lo que se dedica el fotógrafo suizo Robert Bösch. Sus fotos pueden incluir a cientos de alpinistas desafiando las difíciles condiciones para obtener la toma perfecta.
Para celebrar el 150 aniversario de la primera ascensión de la cresta del Matterhorn en los Alpes por Edward Whymper y su equipo, Mammut, una compañía de material de montaña de Suiza, pidió a Bösch tomar una foto especial para conmemorar la ocasión en el año 2015, para la campaña publicitaria de la marca. Un equipo de alpinistas ascendió la cresta Hörnli del Matterhorn y encendió luces de color rojo brillante que, al amanecer, iluminaban la vía que abrió Whymper con su equipo para hacer la primera ascensión con éxito.
domingo, 5 de octubre de 2014
sábado, 4 de octubre de 2014
viernes, 3 de octubre de 2014
jueves, 2 de octubre de 2014
Paisajes de otoño en España
miércoles, 1 de octubre de 2014
martes, 30 de septiembre de 2014
lunes, 29 de septiembre de 2014
Si yo fuera catalán. Javier Marías.
Poco después de la Diada, se me preguntó en una entrevista por Cataluña, y contesté que hasta ahora no le había dedicado aquí una columna entera principalmente por dos razones: una, para no bailar al son de Mas, Junqueras y Forcadell, como lleva haciendo todo el mundo desde 2012; dos, porque me cuesta sentir el menor interés por esa cuestión. Si a mí me daría lo mismo que dejara de existir una nación llamada España en pro de un conjunto más amplio, Europa, no me pidan que comprenda el empecinamiento de una porción de catalanes en tener pasaporte propio, embajadas, selecciones deportivas y un ridículo ejército, como ha previsto la susodicha Carme Forcadell, esa especie de monja a la vez mandona y presumida, elevada a la categoría de “madre de la patria” pese a su inmensa capacidad para soltar sandeces como la siguiente, el 11 de septiembre: “Hoy, 300 años después de la derrota, hemos recuperado Barcelona”. Supongo que quería decir que la Cataluña más cerril se la había arrebatado a los barceloneses peligrosamente cosmopolitas, porque ya me explicarán a quién, si no.
Es cierto que Cataluña posee unas características muy marcadas, una lengua y una tradición cultural muy fuertes, y que su status no debería ser el mismo que el del resto de comunidades. Es respetable que muchos de sus habitantes deseen ser independientes, sin más razón que su voluntad o antojo. Pero uno se pregunta qué ha pasado, de 2012 a hoy, para que todo eso se haya exacerbado. Tras siglos de convivencia –casi nunca forzada–, ¿ha ocurrido algo muy grave? ¿Ha habido, por ejemplo, un amotinamiento de la población brutalmente reprimido por la Guardia Civil? ¿Se ha suspendido el Estatuto de Autonomía? ¿Se ha destituido o encarcelado al Presidente de la Generalitat? ¿Ha sucedido algo tan imperdonable como para prender la mecha, para que se tome una determinación tan tajante como escindirse de España? Uno no lo ve, aunque se esfuerce. Pequeñas afrentas, sí: una no pequeña la inició la tontuna de Zapatero, la prosiguió el PP al impugnar el nuevo Estatut aprobado en referéndum y la remató el Tribunal Constitucional al darle la razón a ese partido incompetente. Gran tacto el de todos ellos. Pero ¿en verdad es eso tan insoportable e irreversible como para crear la contagiosa fiebre, para romper todo vínculo? No olvidemos que ese nuevo Estatut se molestó en votarlo un número más bien exiguo de catalanes. El día de la consulta no pareció importarle tanto al conjunto. Y menosprecio catalán a los demás lo hay a diario.
Huele a artificial esa fiebre. Se propaga cuando en España hay un Gobierno del PP del que uno entiende que cualquiera quiera separarse. Cuando hay una aguda crisis económica. Cuando la Generalitat se anticipa a Rajoy en sus recortes, de modo que los catalanes los padecen por partida doble. Todo esto pasa inadvertido porque desde hace dos años no hay más urgencia ni asunto que la independencia. Es como si a los catalanes se los hubiera narcotizado o hipnotizado con eso, y hubieran dejado de existir los demás problemas y abusos, que sufren tanto como el resto. Una gigantesca cortina de humo para tapar que CiU y ERC llevan a cabo políticas tan feroces y derechistas como la del PP. Apenas se diferencian.
Personalmente, me traería sin cuidado que Cataluña se independizara, y me consta que lo mismo les ocurre a no pocos madrileños, que piensan: “Pues bueno, y allá se las compongan”. Ahora bien, si yo fuera catalán estaría aterrado ante la posibilidad. Intento imaginarme un Madrid independiente (ya sé que no es comparable, pero al fin y al cabo somos sólo un millón menos que en Cataluña). Un Madrid aislado, al que no salvarían de vez en cuando Andalucía, Asturias, Aragón o la propia Cataluña. Al que tampoco salvaría nunca la Unión Europea, de la que estaríamos excluidos. Un Madrid que quedaría a merced del PP durante décadas, si no para siempre. En el que el partido gobernante haría lo que le diera la gana sin cortapisas y sin rendir cuentas a nadie. Lo decisivo de una independencia no es el hecho en sí, sino en manos de quién queda uno, sin que nadie pueda venir en nuestra ayuda. El panorama catalán no es mucho mejor, en ese aspecto: una casi segura alternancia de CiU y ERC. El primero con todas las trazas de ser tan corrupto como el que más en España, tan dedicado a los negocios (y no al bienestar de los ciudadanos) como el PP. El segundo, además de calamitoso, frívolo y aventado, parece tener una dificultad congénita para entender la pluralidad y la democracia, así como nula idea de cómo gobernar, y quizá por eso se resiste a entrar en la Generalitat. La única vez que lo hizo, en tiempos recientes, fue en el llamado “tripartito”, con las responsabilidades difuminadas, y aun así su relativo mando resultó desastroso.
Esa es la cuestión. La independencia, muy bien. El aislamiento, lo sobrellevaremos y nos bastamos. Pero ¿en qué manos quedamos? ¿Quién podrá venir en nuestro auxilio si las cosas salen mal o nos arrepentimos? Yo doy gracias a que España no esté sola y dependa no sólo de Europa, sino del conjunto de sus comunidades, lo cual impide dictaduras o que ningún Gobierno se eternice. Eso no sucedería en un Madrid independiente, me temo, ni en una Cataluña independiente, estoy casi seguro. Así que lo dicho: con las perspectivas actuales, si yo fuera catalán tendría pánico.
El País Semanal, 28 de septiembre de 2014
domingo, 28 de septiembre de 2014
La arena como lienzo: Andrés Amador.
Andrés Amador, originario de San Francisco, utiliza para desarrollar su talento y su arte un lienzo gigante: las playas más bellas de Estados Unidos. Durante la marea baja emplea su rastrillo como si fuera un pincel para diseñar geometrías y dibujos florales de extraordinaria belleza que las olas del mar hacen desaparecer a las pocas horas.
sábado, 27 de septiembre de 2014
viernes, 26 de septiembre de 2014
jueves, 25 de septiembre de 2014
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