lunes, 4 de marzo de 2019
miércoles, 20 de febrero de 2019
jueves, 17 de enero de 2019
lunes, 31 de diciembre de 2018
domingo, 30 de diciembre de 2018
sábado, 29 de diciembre de 2018
Carta a Pedro Sánchez. José María Múgica Heras
Distinguido presidente:
Hace 40 años, recién alcanzada la mayoría de edad, voté nuestra Constitución. Voté sí por un montón de buenas razones. Porque esa ley me convertía en ciudadano; porque significaba la segunda y definitiva muerte -tras la física- del dictador y su obra política. Porque los que entonces nos asesinaban en el País Vasco traían la papeleta del no. Voté también a la memoria de mi abuelo republicano, muerto en la guerra, que no pudo conocer una España reconciliada y en paz. Voté porque aquella Constitución me parecía nuestra mejor ley de memoria histórica. Y voté también porque en aquella papeleta se encontraba el mandato que pronunció Manuel Azaña un 18 de julio de 1938 en Barcelona: «Cuando la antorcha pase a otras manos, a otras generaciones (...) que piensen en el mensaje de la patria eterna que dice a todos sus hijos: paz, piedad y perdón».
Sí, la antorcha pasó a otras generaciones, con la ambición de la mejor España. La Constitución que derrumbó las trincheras, nos reconcilió y nos condujo a la concordia y a la libertad. Se puede ser socialista o conservador, de izquierda o derecha; todo eso es legítimo en democracia, pero al mismo tiempo resulta secundario. Porque lo decisivo reside en respetar la ley de los ciudadanos, sean como sean, piensen como piensen.
Hoy, ninguno de los problemas que tiene la España actual trae causa de la Constitución. Al contrario, los mayores problemas de este día dimanan del empeño de algunos en debilitar esa Constitución.
Hoy existe en España un Gobierno socialista. Lo peor es que son sus aliados parlamentarios quienes combaten esa Constitución desde posiciones reaccionarias y demagogia impostora.
Cuando Podemos invoca el derecho a decidir, viola el principio irrenunciable de la izquierda que manda que la soberanía reside en la nación. Para la izquierda, la nación no puede ser un concepto discutido ni discutible. Al revés, se trata de un concepto decisivo: ciudadanos libres e iguales amparados por la Constitución que les protege del despotismo. Si esa soberanía ciudadana se trocea, si se escabulle al conjunto de las personas, si los territorios están por encima de la ley, rompemos la soberanía ciudadana y, con ello, la nación misma.
Cuando Podemos habla de república, ¿de qué está hablando? ¿Tal vez se trata de una república parlamentaria al estilo italiano, con sus embrollos institucionales que la paralizan? ¿Tal vez de una república presidencial al estilo norteamericano que dirige Trump? ¿Tal vez, en su regresión reaccionaria, se refieran a la Segunda República española?; y en tal caso, ¿a cuál de sus periodos: al bienio azañista, al bienio negro, al frente popular o a la Guerra Civil? Jamás Podemos dice de qué habla. Aunque tal vez la respuesta sea más sencilla, y se encuentre en el modelo de tiranía de la república venezolana. Será necesario decir a esta gente que nuestra monarquía parlamentaria, al igual que las que rigen en el norte de Europa, será siempre el modelo mejor.
Cuando triunfa la censura de lo políticamente correcto, se divide al país porque se crean carnés de buenos o malos ciudadanos, los fachas. Resulta tan insoportable como ocurrió durante décadas en el País Vasco, donde los terroristas otorgaban también el carné de mal vasco al que luego asesinaban. Tan insoportable como la dictadura y su nacionalcatolicismo, que dividía a los buenos y a los malos españoles, los rojos.
Todas esas vergüenzas reaccionarias e impostoras son creación de Podemos.Como también lo son de los nacionalistas catalanes, presididos por el señor Torra, cuyos escritos de corte racista dieron pie a que fuera definido con certeza como el Le Pen catalán. O también, como ERC, golpista ya por partida doble; en 1934 contra la República, en 2017 contra la Constitución. Asaltar en Cataluña la ley de los ciudadanos es rebelión contra los ciudadanos. Lo dijo el presidente Kennedy: "Los ciudadanos son libres de estar en desacuerdo con la ley, pero no de desobedecerla. Si este país llegara al punto en que cualquier hombre o grupo de hombres, por la fuerza o la amenaza de la fuerza, pudiera desafiar el mandato de los tribunales y de la Constitución, ninguna ley estaría fuera de duda, ningún juez estaría seguro de su mandato, ningún ciudadano estaría a salvo de sus vecinos".
Con profundo respeto a todos los electores, tengo la esperanza de que la derecha democrática no se deslice tras alcanzar acuerdos con Vox. De que el socialismo democrático no persista en la búsqueda de alianzas imposibles con Podemos o nacionalistas catalanes; porque esas alianzas acabarían infectando el alma misma del PSOE. La búsqueda del Gobierno a cualquier precio se paga muy caro, al coste del desgobierno y la desintegración cívica. Y al cabo, es mejor perder las elecciones que perder el alma.
Creo que el balance de los Gobiernos no se sustenta tan sólo sobre criterios de progreso material en los países. Que más importante resulta evaluar si esa acción de Gobierno convoca mejor a la ciudadanía o la divide. Y temo que el balance de esos cinco meses sea desfavorable.
Por eso, ejerzo mi derecho de petición. Convocar elecciones ya, que hablen los españoles y acabar así con este estado de cosas. Y, al día siguiente, gane quien gane, poner el mandato constitucional de convivencia cívica por encima de cualquier otra razón. Si se busca una mínima grandeza, ése habrá de ser el camino. Cada vez importa menos la etiqueta de quién gobernó, y más importa cómo se gobierna. No se trata de rehacer el mundo. Hay una tarea mejor, evitar que nuestro mundo democrático se deshaga.
José María Múgica Heras ha ejercido distintos cargos orgánicos en el PSOE y es hijo de Fernando Múgica, socialista asesinado por ETA.
viernes, 28 de diciembre de 2018
jueves, 27 de diciembre de 2018
jueves, 6 de diciembre de 2018
viernes, 16 de noviembre de 2018
martes, 24 de julio de 2018
lunes, 16 de julio de 2018
lunes, 2 de julio de 2018
Lejos del corazón. Lorenzo Silva
pero había optado tiempo atrás por cegar ese pasadizo, en la convicción de que hay cosas que dejan de ser porque simplemente no debían seguir siendo y de que respecto de ellas tan inoportuno es el rencor como cualquier forma de añoranza. el transcurso de los años me había persuadido de cargar con una mochila ligera y de llevar en ella sólo lo que me gratificaba, sin guardar de los descalabros más que las lecciones provechosas que me habían deparado.
lunes, 11 de junio de 2018
sábado, 9 de junio de 2018
jueves, 7 de junio de 2018
martes, 5 de junio de 2018
domingo, 3 de junio de 2018
Nos habituamos a lo bueno y dejamos de agradecerlo. Rebeca Shakland
Rébecca Shankland
Profesora de la Universidad de Grenoble Alpes, responsable del título Psicología Positiva en la Universidad de Grenoble
Qué le llevó a investigar sobre la gratitud?
Ejerciendo de psicóloga observé que uno de los grandes dolores era la ingratitud.
Qué interesante.
En el año 2003 Emmons y McCullough hicieron una investigación en la que le pidieron a un grupo de estudiantes con alto nivel de estrés que escribieran un diario, unos debían escribir cada noche los eventos negativos del día, otros su diario sin pautas y el tercer grupo lo que les había despertado un sentimiento de gratitud .
¿Y?
Resultó que la ansiedad, el estrés y los síntomas depresivos se habían reducido en los que siguieron el diario de gratitud. A partir de ahí puse en marcha mis propias investigaciones.
¿Qué hizo?
Los maestros suelen lamentarse de que lo dan todo y nadie los valora. Propuse en varias escuelas que los estudiantes de preescolar hicieran el diario de gratitud y resultó que más de la mitad de los niños agradecían cosas a sus maestros en las que estos no habían ni pensado.
¡Qué cambio para esos profesores!
Algunos hasta lloraron. Su motivación se renovó. Y entre los niños el “estoy agradecido de que Alan me haya prestado sus lápices” tenía efecto multiplicador. El que los había prestado se sentía de maravilla y estaba dispuesto a repetir la acción, y el que lo había agradecido se sorprendía del valor de su gesto de gratitud. El ambiente cambió, se respiraba seguridad y bienestar y se reflejó en las notas.
¿Por qué somos tan ingratos?
A causa del fenómeno de habituación ya no percibimos las intenciones benévolas que hay detrás de los actos, pasamos por alto el sentimiento de gratitud y generamos una sensación de falta de reconocimiento en el otro. Esta sensación puede generar frustración y, con el tiempo, sufrimiento.
Hace falta humildad.
...Es la cuna de la gratitud. Ser capaz de percibir y agradecer los pequeños gestos, salir del autocentramiento, genera bienestar. André Comte-Sponville decía que la gratitud es un segundo placer que prolonga el primero; como un eco alegre de la alegría experimentada, como una felicidad más para más felicidad.
Solemos ser poco agradecidos con los que tenemos más próximos.
Nos habituamos a lo bueno asumiéndolo como normal, y tendemos a ver lo que no funciona, lo que el otro hace mal en lugar de lo que hace bien, por eso es tan útil el diario de gratitud.
Otorga otro punto de vista.
Lo que escribimos por la noche nos ayuda a que cuando despertamos miremos de forma diferente. En su diario un señor escribió: “Agradezco el beso que desde hace diez años me da mi mujer cada mañana”, y después de haberlo escrito lo recibió con mucho más placer.
¿Por qué es tan difícil ser agradecido?
El cerebro percibe en primer lugar las amenazas, al final del día recordamos lo que ha salido mal, las críticas, los que han sido desagradables, y eso genera insatisfacción ante la vida y las relaciones. Y cada vez que tenemos emociones negativas aumenta el sesgo negativo.
¿Y se contrarresta siendo agradecido?
Sí, porque la gratitud es una emoción muy intensa que nos permite recordar lo positivo. Semanas después de realizar el diario de gratitud, cuando le pedimos a las personas que escriban diez recuerdos, escriben más recuerdos positivos que los que no hicieron el diario. El diario de gratitud hace que los buenos recuerdos estén más accesibles y nos da una sensación de satisfacción con la vida.
¿Forma parte de ese sesgo negativo nuestra tendencia a criticar?
Criticar es una estrategia de adaptación y defensa para no ser engañado, pero es tan poco útil como la autocrítica que no nos ayuda a mejorar aunque creamos lo contrario.
¿Qué dicen las investigaciones?
Pensar que no somos capaces o que somos malos disminuye la confianza en uno mismo y nos paraliza. Sin embargo la autocompasión, ser tú mejor amigo, nos da energía, esperanza y optimismo y nos empuja a resolver los problemas.
El pensamiento positivo, ¿no es algo naif?
Yo no lo utilizo. Alguien que tiene baja autoestima y se repite ante el espejo “soy bueno, soy guapo, soy inteligente….” , cuando llega al trabajo y nadie le saluda se hunde. Hay una diferencia demasiado grande entre lo que quiere creer y la realidad de su experiencia.
Eso me parecía.
No se trata de autoconvencerse de que todo irá bien para que todo vaya bien, sino de poner los medios necesarios, de conectar con tus recursos y con acontecimientos que te generaron resultados positivos.
Hay que ser modesto.
Hay que evitar creer que la felicidad aparece cuando todo va bien desde todos los puntos de vista, lo cual raramente ocurre en la realidad.
¿Cómo mejorar las relaciones familiares?
Estamos demasiado atentos a lo que no funciona, a lo que no hacen bien nuestros hijos o nuestra pareja. Hay que abrir espacios para reconocer y agradecer, porque el hecho de mostrar lo que funciona bien genera más comportamientos de ese tipo.
Pero a menudo la gratitud es sólo cortesía.
Dar mucho las gracias sin estar conectado a la emoción es contraproducente porque los otros perciben que no eres sincero y desconfían.
Ante todo, gracias
Por lo general se tiende a creer (estudios de Teresa Amabile, profesora de la Harvard Bussines School) que las personas que escriben reseñas críticas sobre una obra son más expertas e inteligentes que las que la alaban. Pero sabemos que esa tendencia a valorar las opiniones negativas es mayor en los individuos que se sienten intelectualmente menos seguros de sí mismos. ¡Un ejército! Lo mismo ocurre con la gratitud, hay que ser humilde e inteligente para asumir que la vida no nos debe nada, y así el mínimo gesto de bondad ajena se convierte en un regalo. Agradecer nos refuerza y refuerza al otro. Para Shankland la gratitud puede cambiar la sociedad.
sábado, 2 de junio de 2018
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