martes, 12 de julio de 2016
lunes, 11 de julio de 2016
Faros
domingo, 10 de julio de 2016
sábado, 9 de julio de 2016
Pájaros en los tendidos eléctricos.
La primera vez que el fotógrafo Yoshinori Mizutani alzó la mirada para ver los cientos de periquitos que llenan el cielo en su ciudad natal de Tokio se quedó asombrado y fue ese choque inicial lo que trató de captar en su serie de 2013 Loros de Tokio: la anomalía de los pájaros tropicales en la ciudad. En este caso, Mizutani ha cambiado a un tipo diferente de pájaro llamado Kauai, que es el término japonés para el cormorán (Phalacrocorax carbo).
Formando la segunda parte de su trilogía de aves, Kawau es una serie en blanco y negro, lo que complementa la audaz forma negra del Kauai.
Fotografiados en los cables eléctricos a lo largo de río Tama de Tokio, los pájaros aparecen como notas en un pentagrama
viernes, 8 de julio de 2016
jueves, 7 de julio de 2016
Lucas Levitan
Lucas Levitan es un ilustrador brasileño que tiene una habilidad especial para transformar fotografías con sus ingeniosas ilustraciones, dándole un significado completamente diferente a las fotos.
miércoles, 6 de julio de 2016
Tatuajes minimalistas, Mo Gangi
martes, 5 de julio de 2016
Pedro Páramo. Juan Rulfo.
¿Qué es lo que pasa, doña Eduviges?Ella sacudió la cabeza como si despertara de un sueño.
-Es el caballo de Miguel Páramo, que galopa por el camino de la Media Luna.
-¿Entonces vive alguien en la Media Luna?
-No, allí no vive nadie.
-¿Entonces?
-Solamente es el caballo que va y viene. Ellos eran inseparables. Corre por todas partes buscándolo y siempre regresa a estas horas. Quizá el pobre no puede con su remordimiento. Cómo hasta los animales se dan cuenta de cuando cometen un crimen, ¿no?
-No entiendo. Ni he oído ningún ruido de ningún caballo.
-¿No?
-No
-Entonces es cosa de mi sexto sentido. Un don que Dios me dio; o tal vez sea una maldición. Sólo yo sé lo que he sufrido a causa de esto.
Guardó silencio un rato y luego añadió:
-Todo comenzó con Miguel Páramo. Sólo yo supe lo que le había pasado la noche que murió . Estaba yo acostada cuando oí regresar a su caballo rumbo a la Media Luna. Me extrañó porque nunca volvía a esas horas. Siempre lo hacía entrada la madrugada. Iba a platicar con su novia a un pueblo llamado Contla, algo lejos de aquí. Salía temprano y tardaba en volver. Pero esa noche no regresó... ¿Lo oyes ahora? Está claro que se oye. Viene de regreso.
-No oigo nada
-Entonces es cosa mía. Bueno, como te estaba diciendo, eso de que no regresó es un puro decir. No había acabado de pasar su caballo cuando sentí que me tocaban por la ventana. Ve tú a saber si fue ilusión mía. Lo cierto es que algo me obligó a ir a ver quién era. Y era él, Miguel Páramo. No me extrañó verlo, pues hubo un tiempo que se pasaba las noches en mi casa durmiendo conmigo, hasta que encontró esa muchacha que le sorbió los sesos.
"-¿Que pasó? -le dije a Miguel Páramo-. ¿Te dieron calabazas?
"-No. Ella me sigue queriendo -me dijo-. Lo que sucede es que yo no pude dar con ella. Se me perdió el pueblo. Había mucha neblina o humo o no sé qué; pero sí sé que Contla no existe. Fui más allá según mis cálculos, y no encontré nada. Vengo a contártelo a ti, porque tú me comprendes. Si se lo dijera a los demás de Comala dirían que estoy loco, como siempre han dicho que lo estoy.
"-No. Loco no, Miguel. Debes estar muerto. Acuérdate que te dijeron que ese caballo te iba a matar algún día. Acuérdate, Miguel Páramo. Tal vez te pusiste a hacer locuras y eso ya es otra cosa.
"-Sólo brinqué el lienzo de piedra que últimamente mandó poner mi padre. Hice que el Colorado lo brincara para no ir a dar ese rodeo tan largo que hay que hacer ahora para encontrar el camino. Sé que lo brinqué y después seguí corriendo; pero, como te digo, no había más que humo y humo y humo.
"-Sólo brinqué el lienzo de piedra que últimamente mandó poner mi padre. Hice que el Colorado lo brincara para no ir a dar ese rodeo tan largo que hay que hacer ahora para encontrar el camino. Sé que lo brinqué y después seguí corriendo; pero, como te digo, no había más que humo y humo y humo.
"-Mañana tu padre se torcerá de dolor -le dije-. Lo siento por él. Ahora vete y descansa en paz, Miguel. Te agradezco que hayas venido a despedirte de mí.
"Y. cerré la ventana. Antes de que amaneciera un mozo de la Media Luna vino a decir:
"-El patrón don Pedro le suplica. El niño Miguel ha muerto. Le suplica su compañía.
"-Ya lo sé -le dije-. ¿Te pidieron que lloraras?
"-Si, don Fulgor me dijo que se lo dijera llorando.
"-Está bien. Dile a don Pedro que allá iré. ¿Hace mucho que lo trajeron?
"-No hace ni media hora. De ser antes, tal vez se hubiera salvado. Aunque, según el doctor que lo palpó, ya estaba frío desde tiempo atrás. Lo supimos porque el Colorado volvió solo y se puso tan inquieto que no dejó dormir a nadie. Usted sabe cómo se querían él y el caballo, y hasta estoy por creer que el animal sufre más que don Pedro. No ha comido ni dormido y nomás se vuelve un puro corretear. Como que sabe, ¿sabe usted? Como que se siente despedazado y carcomido por dentro.
"- No se te olvide cerrar la puerta cuando te vayas.
"Y el mozo de la Media Luna se fue."
-¿Has oído alguna vez el quejido de un muerto? - me preguntó a mí.
-No, doña Eduviges.
-Más te vale.
"Y. cerré la ventana. Antes de que amaneciera un mozo de la Media Luna vino a decir:
"-El patrón don Pedro le suplica. El niño Miguel ha muerto. Le suplica su compañía.
"-Ya lo sé -le dije-. ¿Te pidieron que lloraras?
"-Si, don Fulgor me dijo que se lo dijera llorando.
"-Está bien. Dile a don Pedro que allá iré. ¿Hace mucho que lo trajeron?
"-No hace ni media hora. De ser antes, tal vez se hubiera salvado. Aunque, según el doctor que lo palpó, ya estaba frío desde tiempo atrás. Lo supimos porque el Colorado volvió solo y se puso tan inquieto que no dejó dormir a nadie. Usted sabe cómo se querían él y el caballo, y hasta estoy por creer que el animal sufre más que don Pedro. No ha comido ni dormido y nomás se vuelve un puro corretear. Como que sabe, ¿sabe usted? Como que se siente despedazado y carcomido por dentro.
"- No se te olvide cerrar la puerta cuando te vayas.
"Y el mozo de la Media Luna se fue."
-¿Has oído alguna vez el quejido de un muerto? - me preguntó a mí.
-No, doña Eduviges.
-Más te vale.
Juan Rulfo - Pedro Páramo
lunes, 4 de julio de 2016
domingo, 3 de julio de 2016
Casas para los que viven en la calle
Gregory Kloehn transforma la basura en originales hogares móviles para los sin techo
Se trata de una iniciativa impulsada por la comunidad en la que Kloehn ha visualizado una solución de bajo costo, práctica e imaginativa para la construcción de refugios habitables para quienes viven en las calles. Consiguiendo un hermoso y original resultado.
Con este proyecto mata dos pájaros de un tiro, recicla todo tipo de basura amontonada de manera ilegal en las calles, cualquier cosa que la ciudad ha descartado para su uso, techos, puertas, ventanas, ruedas y cerraduras.
Son de dimensiones reducidas, únicamente hacen de cobijo para las noches frías y días intempestuosos, pero se construyen con una atención especial, una vibrante paleta de color muy animada y llena de energía y un sinfín de detalles que aportan al diseño un aire muy fresco.
Nos encontramos una puerta de lavadora que hace de ventana, espejos, puertas y ventanas que dejan pasar la luz del día con cerraduras para dar seguridad y privacidad a los residentes. Las estructuras generalmente son de madera, y los techos de plástico provenientes de claraboyas.
Las ruedas reafirman el modo de vida nómada al cual está habituada la persona que vive en la calle, para de esta manera no sentirse atado a nada,
sábado, 2 de julio de 2016
viernes, 1 de julio de 2016
Carta a Magdalena. Subcomandante Marcos
La carta que el Sup escribió para que Elías Contreras le entregara,
como si propia fuera, a Magdalena.
Magdalena:
Te vi de madrugada. Escondida o encerrada estabas en una torre de calendarios y geografías absurdas que me decían que no era bienvenido. Pero, apenas un momento, y te asomaste entera, hermosa y desnuda de prejuicios, luchando a favor de este nadie que soy y rescatándome de una noche ajena. Yo me quedé temblando, aún lo estoy. Deslumbrado todavía, en los pasos que siguieron y dimos juntos, lo que antes entró por la mirada, suavemente se llegó a mi pecho por camino desconocido.
Te vi, y yo pensé que eso me bastaría, que tu imagen sería suficiente para tomar fuerza y alejarme para que, cuando el tiempo pidiera cuentas, el saldo fuera apenas un recuerdo de la tormenta que por cabellos llevas, el collar de besos que imaginé para tu cuello. Pero no, no fue suficiente. Necesito colgarte cien suspiros al oído y recorrer tu geografía con mis labios. Y necesito que mis manos se dibujen en tu cintura y tus caderas, que mi sed encuentre alivio entre tus piernas, que renazcan mis dedos sobre tus senos, que tu boca me diga lo que no me dirán tus palabras, que mi piel más sombra sea en la luz de la tuya.
Ya nada basta. No basta con que sueñe que te tomo por la cintura, que te acerco a mí y que a tu cuello llega mi aliento, que dudan mis manos entre uno y otro pecho, que me restriego a tus caderas y que tu humedad me guía. No basta con pensar que tu tormenta me estalla en la cara, ni que me piense y te piense conmigo dentro, con el deseo montado en piernas y caderas, corriendo a ninguna parte, atento al gesto que en gemidos dibujas. No basta imaginar que me tienes, que me enseñas a encontrarte, que me haces hacerte, que te dibujas entre mis brazos, que tiemblas y me tiemblas. No basta que reconstruya en la mente lo que tal vez no pasará nunca: el quitarte la ropa y los miedos, el desnudarte las ganas, el abrirte por el vértice sombreado, todo deseo, todo misterio, el entrarte hasta el sitio que anule por fin toda razón y que sólo la carne mande. No basta que trate de distraerme detrás de las palabras que arrojas, fallidas puertas de salida, ventanas que no invitan a asomarse siquiera, paredes cerradas.
He tratado de tomar distancia, de hacer complicadas cuentas de días, kilómetros, horas, calles frías, laberintos, olvidos. Consulté mapas que confirman que el tuyo es otro mundo. Ha sido inútil. Esta mañana, por ejemplo, me he hecho el firme propósito de tomar distancia, anteponer un montón de razones para irme ya alejando y decir adiós sin palabras, que siempre es el adiós más difícil, el más artero. Pero apenas te he visto y he olvidado hasta la hora. Bastó que desde lo lejos intuyera una tormenta, para que botara propósitos y razones, para que el corazón y las ganas se desbocaran, y para que un cuello suspirado me robara todo el aliento.
Magdalena, yo sólo quería decirte que me gustas y que quería acercarme a ti. Pero acercarme como un hombre se acerca a una mujer que le gusta. Algo así como tomarte de la cintura y acercar tus pechos al mío, acercarme a tu cuello, decirte algo tierno y dulce al oído, mordisquear las manzanas de tus mejillas y llegar a tus labios con un beso, imaginarte un jadeo si mis manos te rehicieran los senos, intuirte un sueño si mi abrazo te tomara prisionera la cintura, soñarte soñando conmigo dentro y dentro mío. ¿Hago mal en desearte, en que mi piel quiera tocarse en la tuya, en buscarte para encontrarte como se encuentran un hombre y una mujer que se gustan, es decir, desnudos y sedientos? ¿Hago mal en decirlo o en hablarlo con silencios?
Yo lo que quiero es encontrarte para invitarte a perderte conmigo, Magdalena, que la piel le hable a la piel el deseo que callan las palabras y que el silencio habla… Espero entonces, tu silencio y tu palabra.
Vale. Salud y que en la tormenta de la noche los cuerpos sean la barca.
Elías Contreras.
Fin de la carta para Magdalena que Elías, afortunadamente, nunca entregó.
Subcomandante Marcos
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
















































